Inoculación Ai Wei Wei en PROA

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“Todo es arte, todo es política”
Ai Wei Wei

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La palabra “inocular” es el nombre que Marcello Dantas, curador, le propuso a Ai Weiwei para nombrar esta, su primera exhibición en Argentina y Ameríca Latina.

La palabra inocular que viene del latín significa “en tus ojos”. Weiwei, audaz y pragmático señaló que si bien la poesía es metáfora, lo que cuenta es llamar a las cosas por su nombre, sin metáforas… de modo que ”en tus ojos” debería entonces ser el nombre de la muestra.

Sin embargo, no podemos dejar de apreciar el punto de vista del curador, brasileño -con quien compartimos problemáticas económicas y sociales de la misma región- quien elige este nombre aludiendo a la inoculación del arte como un concepto potente y directo que re-presenta la intención deliberada del artista por revalorar la autoestima en la sociedad mediante el mensaje político y activo del arte.

Weiwei trabaja inoculando una idea obsesiva a gran escala que puede cambiar a una comunidad o la percepción que esta tiene de sí misma. Tal es el caso de Semillas de girasol obra esencial en esta exposición. Para esta pieza dió trabajo a 1.600 mujeres de la ciudad china de Jingdezhen quienes con su labor manual y artesanal crearon 100 millones de semillas de girasol, todas réplicas en cerámica pintadas a mano. La realización de esta obra no sólo representa a la mujer china, trabajando en silencio para reproducir algo, un objeto que de por sí es falso. La producción artificial de algo tan natural como una semilla de girasol, rescata al objeto al que alude. Lo trae a nuestra atención y estima. Tanto las trabajadoras como la comunidad reciben ingresos y son revaloradas por su trabajo, se empoderan. Así es Ai Weiwei, un activista social en la producción de arte. La pregunta es si puede la práctica del arte ofrecer un cambio.

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Fotografía © Ai Weiwei Studio

Ai Weiwei es el artista del cambio. Hay hitos en su vida (nació en 1957) que constituyen la materia prima de su obra, alternativas vividas en forma personal que lo llevaron a sobreponerse a dificultades políticas, tanto a nivel personal como colectivo.

Hijo de un disidente y poeta nació y vivió los primeros años de su vida en forma paupérrima en los campos de trabajo forzado a los que había sido enviado su padre junto con su madre, quien eligió acompañarlo.

Ai Qing, así se llamaba el padre, ha sido una influencia decisiva en la vida de Ai Weiwei, que si bien es rica en alternativas, tiene un momento fundacional que el curador destaca. Fue cuando el padre decide realizar el acto de la quema de sus libros de arte y poesía occidental, por temor a que la policía de la Revolución Cultural llegara a descubrirlos. Realiza este acto junto a su hijo, desprendiendo hoja por hoja de cada libro y mirándola detenidamente para despedirse del texto y tirarla a la fogata ardiente. Un acto performático, violento y fundacional para el niño quien sería artista y poeta de la política, un acto que habla de censura, propio de una percepción occidental sobre el concepto de expresión y libertad.

Ai Weiwei proviene de una familia intelectual, su padre había vivido en Francia en los años 30. En 1951 visitó a Pablo Neruda en Chile junto a otros poetas y trabó amistad con él. Su interés por las artes visuales data de su entrada a la Academia de Cine en Beijin en 1978. Fue parte de los 23 artistas que participaron del primer evento significativo de arte contemporáneo en China, en 1979 en el cual los estudiantes colgaron las obras en las rejas del entonces Museo Nacional de Arte de China. Duró apenas dos días.

En 1981 viaja a los EE.UU. y vive 10 años en Nueva York. Se incribió en la Parsons School of Art pero no estuvo alli mucho tiempo. Al abandonar los estudios, quedó como residente ilegal la mayor parte de su estadía. Se relacionó con la obra de Jasper Jones y Marcel Duchamp. Nunca intentó convertirse en ciudadano norteamericano, no sentía urgencia por hacer nada en especial. En verdad fueron años en los que deambuló, como él mismo lo dice, hasta que volvió a China en 1993 para ver a su padre. Fue amigo de Allen Ginsberg, y de otros intelectuales tanto chinos como locales, pero fue su admiración por Duchamp la que lo llevó a trabajar en los ready made desde la creencia de que cualquier cosa existente podía ser material para su arte, y dice: “… después de Duchamp ser un artista tiene más que ver con un estilo de vida y actitud que con producir algún producto”

También es testigo de las protestas por la identidad sexual en los 80 y vive la democracia en acción. Según Dantas, Ai Wei Wei logra en este período comprender la forma de percibir de Occidente. Este aspecto lo hace único porque de hecho no hay ningún artista occidental que tenga hoy la percepción de China como Weiwei la tiene de occidente.

De vuelta en China recorre mercados de antigüedades y se interioriza de la historia que la revolución no le había permitido conocer. Conoció el bronce, la seda y el jade, descubrió el pasado convirtiéndose en experto. Como el arte contemporáneo era considerado conspirativo, hizo libros para hacerlo circular entre los artistas jóvenes. Abrió su primer galería y fue un lugar emblemático. Ya en el año 2000, realizó la obra Fuck off,  fotografías de las principales ciudades del mundo en las que muestra su dedo mayor haciendo el conocido gesto de desprecio, puro desafío.

La muestra en Proa no nos deja afuera del cuestionamiento abarcativo y general, nos compromete desde lo subjetivo y lo personal. Al comienzo del recorrido, tres vitrinas nos preparan para lo que sigue.

• Piezas en Jade, que son objetos de uso sexual. Su realización es la apropiación del signo. Objetos que nos dicen mucho sobre sexo, excepto, que el sexo es todo sobre el poder.

Sex Toy
Sex Toy, foto de la autora de la nota. • Huesos artificiales. Muestran la construcción de evidencias históricas que no existen. Es la concreción de hallazgos históricos construidos.

• Huesos artificiales. Muestran la construcción de evidencias históricas que no existen. Es la concreción de hallazgos históricos construidos.

• “Esposas” en madera y jade, reproducen el objeto en tanto relación de poder, no olvidemos que el mismo ha estado en prisión por sus ideas.

Los empapelados en las salas, con diseños de gran belleza y sobriedad, también refieren a las relaciones de poder, Dedo en las dos primeras salas, IOU (yo te debo) en la librería y otros tan atractivos como Odisea o Con flores.

28 Jarrones apilados. Porcelana. (Foto de la autora)
28 Jarrones apilados. Porcelana. (Foto de la autora). Fotografía © Ai Weiwei Studio, Berlín, 2017

En todas sus obras percibimos “su” libertad de expresión, pero como él mismo nos dice debemos aprender a usarla. Por eso necesitamos del arte, que es único, que existe antes de la obra, pero es la obra que crea la libertad de expresarnos.

WEIWEI-ISMS (weiwei-ismos)

El arte siempre gana.
Puede pasarme cualquier cosa, pero el arte prevalecerá.

Creo que mi postura y mi forma de vida
Es mi arte más importante

Si no hay libertad de expresión, entonces la belleza de la vida está perdida.
Participar en una sociedad no es una elección artística,
Es una necesidad humana.

Acumulación, monumentalidad, poesía, denuncia, testimonio, forma, concepto y también belleza.

Ai Weiwei hizo su primera muestra individual para la Bienal de Venecia de 1999. El curador entonces, Harald Szeeman, vió su obra en aquel momento y le dijo You are in (estás adentro), no lo quiso dejar pasar. Ai Weiwei tenía 42 años. Pasaron menos de 20 años, desde entonces no solo no se detiene, es paradigmático.

Sin dudas, en Proa comprobamos que Ai Wei Wei inocula su virus creativo en nuestro territorio, personal y colectivo. Imperdible, hasta el 2 de abril de 2018.

Ilustra la nota: Esposas. 2011. Jade. 28 x 8 x 2 cm. Fotografía © Ai Weiwei Studio, Berlín, 2017.

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La ley del viaje. Fotos de la autora.
La ley del viaje. Fotos de la autora.