Mark Twain, el Dickens norteamericano

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Mark Twain (Samuel Langhorne Clemens, 1835-1910) fue un escritor norteamericano. A los doce años quedó huérfano de padre, abandonó los estudios y entró como aprendiz de tipógrafo en una editorial, mientras también escribía sus primeros artículos periodísticos en redacciones de Filadelfia y Saint Louis.

Durante su vida realizó diferentes trabajos y recorrió distintos lugares: fue tipógrafo, aprendiz de piloto de un vapor fluvial, minero y periodista. Su primer éxito literario le llegó en 1865 con el cuento corto “La famosa rana saltarina de Calaveras”, que apareció en un diario y ya estaba firmado con el seudónimo de Mark Twain, nombre técnico de los pilotos que significa “marca dos sondas”.

Como periodista viajó no solo por Estados Unidos, sino también por Polinesia y Europa. Sus experiencias aparecen en el libro de viajes Los inocentes en el extranjero (1869), al que siguió A la brega (1872), en el que recrea sus aventuras por el Oeste.

En 1876 publicó la primera novela que le daría fama, Las aventuras de Tom Sawyer, basada en su infancia a orillas del Mississippi. Sin embargo, su talento literario se desarrolla en Las aventuras de Huckleberry Finn (1882), obra ambientada también a orillas del Mississippi, aunque no tan autobiográfica como Tom Sawyer. Es esta, sin dudas, una obra maestra, e incluso una de las más destacadas de la literatura estadounidense, por la que ha sido considerado el Dickens norteamericano.

Con un estilo popular y lleno de humor, Mark Twain contrapone en estas obras el mundo idealizado de la infancia, inocente y a la vez pícaro, con una concepción desencantada del hombre adulto. En sus obras posteriores, sin embargo, el sentido del humor da paso a un pesimismo y a una amargura expresados con ironía y sarcasmo.

En El diario de Adán y Eva (1904), el autor realiza una recreación de la vida de la primera pareja de seres humanos a través de sus monólogos y confesiones.

El diario de Adán y Eva (fragmentos)

Diario de Adan (fragmento)

LUNES

Esta nueva criatura de pelo largo anda siempre en mi camino. Siempre está rondándome y siguiéndome por todas partes. Eso no me gusta; no estoy acostumbrado a la compañía. Ojalá se quedara con los otros animales… Hoy está nublado, viento del Este; creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos? ¿De dónde saqué esta palabra? Ahora recuerdo –la nueva criatura la usa–.

MARTES

Estuve examinando la gran catarata. Es lo más admirable del lugar, creo yo. La nueva criatura la llama Cataratas del Niágara, por qué, por cierto no lo sé. Dice que parece las Cataratas del Niágara. Esa no es una razón; es mera terquedad y estupidez. No tengo posibilidad de ponerle nombre a nada. La nueva criatura nombra todo lo que aparece, antes de que yo pueda emitir queja alguna. Y siempre con el mismo pretexto: se parece a. Está el dodo, por ejemplo. Dice que apenas uno lo mira se ve inmediatamente que “parece un dodo”. Va a tener que conservar el nombre sin duda. Me fastidia tener que enojarme por eso, aunque, de todos modos no sirve para nada. ¡Dodo! No se parece a un dodo más que yo.

MIÉRCOLES

Me construí un refugio para la lluvia, pero no pude disfrutarlo en paz. La nueva criatura lo invadió. Cuando traté de sacarla empezó a derramar agua por los agujeros por los que mira y a secarla con el revés de sus patas, emitiendo un sonido como el de los otros animales cuando están angustiados. Ojalá no hablara; está siempre hablando. Eso suena como una afrenta hacia la pobre criatura, como un desprecio. En realidad no quise decir eso. Nunca antes escuché la voz humana y cualquier sonido nuevo y extraño que invada el solemne silencio de estas soledades de ensueño ofende mi oído como una nota desafinada. Y este sonido es tan cercano a mí; justo sobre mi hombro, justo en mi oído, primero de un lado y después del otro, y yo estoy acostumbrado solamente a los sonidos distantes.

VIERNES

El proceso de denominación continúa audazmente, sin que yo pueda hacer nada. Yo tenía un muy buen nombre para el Estado, y era bonito y musical: JARDÍN DEL EDÉN. En privado, lo sigo llamando así, pero en público ya no. La nueva criatura dice que es todo bosques y rocas y escenografía, y que por lo tanto no se parece a un jardín. Dice que parece un parque. En consecuencia, sin consultarme, lo renombró: PARQUE DE LAS CATARATAS DEL NIÁGARA. Esto es demasiado arbitrario, me parece a mí. Y ya hay un cartel:

NO PISE EL CÉSPED

Mi vida no es tan feliz como antes

SÁBADO

La nueva criatura come demasiada fruta. Probablemente se nos va a acabar. “Nos” otra vez –esa es su palabra; mía también ahora, de tanto escucharla–. Mucha niebla esta mañana. Yo no salgo cuando hay niebla. La nueva criatura, sí. Sale con cualquier clima y después entra pisoteando con sus pies embarrados. Y habla. Solía ser tan tranquilo y placentero este lugar.

DOMINGO

Tregua. Este día se está poniendo cada vez más exasperante. El pasado noviembre fue seleccionado y puesto aparte como día de descanso. Antes, yo ya tenía seis de ellos a la semana. Esta mañana encontré a la nueva criatura tratando de arrancar manzanas de aquel árbol prohibido.

Diario de Eva (fragmento)

MIÉRCOLES

Ahora nos estamos llevando muy bien, en verdad, y nos hacemos más y más amigos. Ya no trata de evitarme, lo cual es buen signo, y demuestra que le gusta tenerme con él. Eso me complace, y yo trato de serle útil en todo lo que puedo, para aumentar su consideración. Durante los últimos dos días, le saqué de las manos todo el trabajo de nombrar las cosas, lo cual fue un gran alivio para él, ya que no tiene ningún don en ese sentido, y evidentemente, está muy agradecido. No puede pensar un solo nombre lógico que pueda conservarse, pero yo no le dejo ver que soy consciente de su defecto. Cuando una nueva criatura se acerca, yo le pongo nombre antes de que él tenga tiempo de verse expuesto a un silencio incómodo. De este modo, lo salvé de muchas situaciones embarazosas. Yo no tengo un defecto así. En el momento en que pongo los ojos sobre un animal, ya sé lo que es. No tengo que reflexionar un minuto; el nombre adecuado aparece instantáneamente como si fuera una inspiración, como sin duda lo es, porque estoy segura de que no estaba en mí medio minuto antes. Parece que solo por la forma de la criatura y por el modo conque actúa pudiera saber de qué animal se trata.

Cuando apareció el dodo, él pensó que era un gato salvaje, lo vi en sus ojos. Pero yo lo salvé. Y tuve el cuidado de hacerlo de modo que no pudiera herir su orgullo. Simplemente hablé en forma bastante natural, de agradable sorpresa, como si ni siquiera soñara en transmitir información, y dije: “Bueno, ¡declaro solemnemente que aquí tenemos un dodo!”. Le expliqué, sin que pareciera que estaba explicando, cómo me di cuenta de que era un dodo, y aun cuando vi que estaba un poquito fastidiado porque yo reconocí a la criatura y él no, fue bastante evidente que le provoqué admiración. Fue muy agradable y pensé en eso más de una vez antes de dormir. ¡Qué cosas tan pequeñas pueden hacernos felices cuando sentimos que nos las hemos ganado!

JUEVES

Mi primera tristeza. Ayer me evitó y parecía desear que no le hablara. No pude creerlo, pensé que había un error, porque a mí me gustaba estar con él y me encantaba oírlo hablar, y entonces, ¿cómo podía ser que él fuera tan poco amable conmigo cuando yo no había hecho nada? Aunque finalmente pareció ser así; entonces me alejé y me senté sola en el lugar en que lo vi por primera vez la mañana en que fuimos hechos y yo no sabía qué era y me era indiferente; pero ahora era un lugar de luto, y cada pequeña cosa me hablaba de él y mi corazón estaba muy herido. No sabía muy claramente por qué, ya que era un sentimiento nuevo; no lo había experimentado antes, era todo un misterio y no pude descifrarlo.

Pero cuando cayó la noche, no pude soportar la soledad; entonces fui al nuevo refugio que él había construido para preguntarle qué había hecho mal y cómo podía remediarlo y recuperar su amistad; pero él me dejó afuera en la lluvia. Ese fue mi primer dolor.