#MDQFest: La telenovela errante

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Profundamente crítica y esencialmente paródica, La telenovela errante es la curiosidad de este Festival: un film sin terminar de Raul Ruiz, el más grande los realizadores chilenos fallecido en 2011, film que 27 años ve la luz en primer lugar en el Festival de Locarno, luego aquí en la competencia latinoamericana de Mar del Plata.

Lo sabemos: en orden de aparición el melodrama latinoamericano es primero literario, luego cinematográfico y finalmente cinematográfico. Aunque hoy se encuentra en declive en algunos países, la telenovela es una carta de presentación de las costumbres, las ideas, los modos de ser de nuestras sociedades. Allí se despliegan algunas de estas cosas de modo manifiesto como los deseos ocultos o los amores imposibles, algunas otras se encuentran más en el fondo de estos relatos tan identitarios y tan formadores de público a lo largo de décadas.

El film es una rara avis: con el hallazgo de más de tres horas de película en la Universidad de Duke en EEUU, mayormente negativos en 16 mm y algunos otros materiales, la directora Valeria Sarmiento hace primero un trabajo de arqueología y luego uno de posible reconstrucción: con imágenes del backstage en blanco y negro que sirven de apertura y cierre. Ahí vemos al gran Raúl en su momento de apogeo. En el medio una serie de capítulos errantes, con un orden arbitrarios sin un hilo argumentativo, pero con actores que se repiten (en su momento actores muy famosos de telenovelas chilenas) y que van protagonizando distintas situaciones basadas en diálogos que no responden precisamente al tradicional guión de telenovela. Allí aparecen mencionadas en medio de fárragos de palabras que parecen sin sentido todo un universo político, cultural y social: la inversión financiera, el exilio y el regreso de los chilenos en democracia, la ley de divorcio, los asesinatos a cambio de proclamaciones, el matrimonio como deber y como prisión, y antes que nada los modos en que la televisión meditiza las subjetividades de la sociedad. Por eso aparecen esos aparatos de tv exponiendo partes de la película dentro de la película, partes que fueron incluidas por Sarmiento para encontrarle una suerte de unión a tanto fragmento.

Casi tres décadas después y a través del inteligente armado de Valeria Sarmiento y la producción de Chamila Rodríguez, Raul Ruiz vuelve a hablar. Y lo hace desde un surrealismo tardío que recuerda al Buñuel más acérrimo: alli las palabras adquieren significado por su sonido, o por la repetición constante, o por malentendidos semánticos, como el juego con la carne, la mesa o el nombre Concepción. Una imagen puede representar algo distinto a la palabra que la designa. Si en Magritte una pipa no es un pipa, en Ruiz, una mesa no es una mesa.

Una de las reflexiones finales sobre este film hallado, necesariamente está relacionada con la importancia de los archivos. Al hallazgo en la Universidad de Duke, se suma el de 300 fotografías del rodaje, el guión y notas escritas a máquina por Ruiz, de quien en estos días sale publicado su diario personal de 1200 paginas.

Sin archivos La Telenovela errante no existiría y se anuncia otro film inédito en camino.