Primeros días de un Festival que va tomando temperatura #MDQFest

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La tarde de sol en la Rambla, es bien recibida por los miles de turistas, que llegaron a la Feliz con frío y lluvia en el fin de semana largo. La mayoría no tiene nada que ver ni conoce lo que es el Festival de Cine. Se sacan fotos frente a uno de los lobos marinos de piedra, intervenido por Marcos López, con unas olitas, unos laureles y un falso pato de goma que lo ensarta. El sol y las nubes más la gente le dan a esa imagen un marco de homenaje a la obra de López, que poco y nada tiene que ver con el cine salvo la leyenda 32 Festival de Mar del Plata.

La noche de la inauguración llovió e hizo frío. Algo en sincro con las quejas de varios periodistas ante los tratos recibidos o no recibidos en cuanto a alojamientos o traslados. En la noche, anterior, ha brillado nuevamente José Martínez Suárez, presidente glorioso del Clase A. Nos dijeron que ha improvisado una rutina de chistes que hicieron reir a todos. No es verdad: José suele no improvisar. Y entonces,  nos acreditamos junto a unos 100 estudiantes de la FADU, de Diseño de Imagen y Sonido, con lo que comprobamos que Programa País sigue.

Algo nos llama la atención al acercarnos al Premier, donde la chilena Cabros de Mierda, ya se está proyectando con presencia del director Gonzalo Justiniano: ya hay entradas agotadas para ese día sábado y para el domingo. La cola es larga. Buen indicio ante cierto escepticismo previo por la programación. Pero esta parece que es buena y acertada.

Los cortos de María Louise Alemann, proyectados en super 8, entusiasman a realizadores como Reina Escofet, emocionada porque se verá una retrospectiva de su trabajo o Paulo Pécora, que nos cuenta de su entrevista con Claude Lelouch, la figura de estos primeros días.  Elegimos ver Tres avisos por un crimen, de Martin Mc Donagh. Lleno total. Impacto total, en un manejo de la negritud como pocas veces se ha visto en una película norteamericana. Viene ganando premios y ya parece que se estrenará comercialmente.  Bien programada.

Es un sábado de colas y gente en el cine, en un festival con discreta presencia en la vía pública de la ciudad, con salas como el MAR, a la que nos acercamos el domingo por la mañana. El Museo está vacío, salvo la tienda y el café y el  lobo de envoltorios de Marta Minujín es la única atracción actual en esta mole alejada del centro. Pero no es verdad: la cola de gente esperando para ver Cocote, nos cuenta de la incondicionalidad del público con el festival. A la tarde, y es un día de mucho sol, hasta que llueve produciendo gran desbande, es el turno de la mesa que integramos para presentar el  libro Homenajes II y la concreción digital de Cinegrafías, los proyectos ganadores del premio Di Núbila.

Martínez Suárez, guiado por una muy eficaz y gentil ángel de la guarda, conduce, crea empatía y deja hablar a los disertantes. Hay una buena respuesta de interesados, en la Recova, pese a que el programa decía que el acto era a unas cuantas cuadras, lo que produjo algún desencuentro. Terminada la presentación, nos vamos al Aldrey, que en domingo de fin de semana largo es  otro mar, de gente. En los cines hay varias colas, y vemos Proyecto 55 a sala casi llena.  Críticos, programadores, productores, directores  por los pasillos.  Mucha gente joven.

Un rato más tarde, es el turno de Los guantes mágicos, restaurada por el Museo del Cine y Cinecolor, junto con la Cinain. Al proyectarse, el DCP emociona en el cuidado con el que se ha reconstruido un clásico que muchos ven por primera vez en pantalla grande y con efectividad reidera instantánea de los presentes (lleno).  Después vendrá la cena con un conocido programador, en una parrilla de vieja estirpe y pinta de club de barrio. El tema será la actualidad del cine nacional, un clásico, mechado con comentarios de otro clásico finalizado hace un rato con el triunfo del Racing Club. En el hotel, será el momento de ver qué ver al día siguiente.