Piel de cordero. Estoy acá. En la piel del patriarcado.

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“Me di cuenta de que son lobos con piel de cordero”.
( Madre de Melina Romero).

Tardé mucho tiempo en sentarme a escribir. Tenía la necesidad, pero también la certeza de quien debe hablar de lo inenarrable.

Parece mentira que esté intentando escribir sobre una pieza teatral y que me cueste tanto. La obra instala algo tan fuerte, tan potente y palmario que no permite pensar en otra cosa que no sea la misma problemática.

Piel de Cordero. Estoy acá es una obra paradigmática ya que es una suerte de manifiesto, un documento de denuncia, un grito y al mismo tiempo un discurso poético.
Zuleika Esnal (guionista y actriz) escribe y enlaza una serie de testimonios “insoportablemente” necesarios. Ella los pone ahí todos juntos y al mismo tiempo. Los entrecruza como en una licuadora y después te los sirve.

“Me violaron todos, me violaron todos, me violaron todos” gritó Magalí apenas despertó del coma. Trece años tiene. O tenía. La madre no sabe bien porque parece una nena de seis años. Dice que no habla”.

En Piel de Cordero se reconstruye todo un sistema. Un sistema del terror y de violencia. Violencia que todavía hoy discutimos, que conceptualizamos y le ponemos nombres de víctimas y victimarios. No obstante, y a pesar de poner el acento en las víctimas, sigue siendo un sistema lo que aparece, lo que domina el silencio y la tensión en la sala, lo que se expone. Éste, para mí, es el gran hallazgo de la obra.

¿Cómo separarnos del texto, de la obra, de la representación, si estamos todas ahí? Si las veo y los veo llorando con desgarro, con impotencia y desconsuelo desde que empieza hasta que termina la función.

¿Cómo soporto lo que veo sabiendo que es tan auténtico, verosímil, verdadero?
Piel de Cordero ofrece de principio a fin un tiempo de tensión, condensa eso que se percibe en el cuerpo y que se convierte en miedo. Capta ese momento en el que actúan los depredadores contra las víctimas con aquello que Rita Segato llama relaciones de género que son violentogénicas y potencialmente genocida.

¿Cómo huir de la manada si habita nuestros mismos espacios y cambia constantemente de piel?

La obra es una pieza clave del teatro. En todo mi recorrido nunca vi interpelar de esta forma a la violencia en la que cada historia, cada testimonio, cada contextualización se inscribe y golpea como un látigo.

“No es catarsis”, me dijo Zuleika y tenía razón. Es desahogo, visibilización y denuncia. Un auténtico manifiesto contra todo un Sistema/Piel de Cordero.
¿Tomar conciencia a través del teatro?
Así lo expresa Patricia Tiscornia (directora): “llevar estos relatos a escena, que es nuestro lugar de resistencia y comunicación”. “Todo en escena está en función de los relatos, de la palabra. Lo que más importa es contar estas historias de forma pura y honesta. Por lo tanto ninguna artificialidad entra en juego ni compite con los relatos. Todo es de gran transparencia y de gran claridad”.

El relato, los relatos convertidos en testimonios, reinscriptos desde la subjetividad de los cuerpos, de los movimientos, de los gestos, de las voces, están puestos en escenas y despojados de todo artilugio.

Piel de Cordero te permite respirar y bajar la guardia sólo cuando las tres actrices (Cecilia Cósero, Antonia De Michelis, Zuleika Esnal) cantan y se acompañan del cajón peruano. Los cajones aparecen como único recurso fuera de los textos. Pero no acompañan la obra sino que rompen un clima insostenible y agobiante. Son los cajones que traen consigo los sonidos de la libertad e instalan un espacio y un instante, por momentos, en la autonomía. Es la música de las esclavas y los esclavos que se liberan y celebran esa liberación.

Dice Zuleika: “Yo creo que un mundo menos brutal y más humano no es algo grande y lejano. Es todos los días, desde lo que sos con lo que tenés a mano. Nosotras somos esto. Si fuera veterinaria, calculo que les estaría curando el perro. Pero soy actriz y escribo”.

Yo, en cambio, intento escribir, cantar/gritar, actuar, intento ser espectadora y critica fiel, pero nada me sale de manera tan potente, tan precisa y machacante como a ellas. Solamente, gracias por este gran trabajo.

Piel de Cordero. Estoy acá. Lunes 20.30 horas en el Patio de actores. Lerma 568, CABA.
Martes 21 de noviembre a las 19 horas, en el Salón Auditorio Nicolás Casullo. Universidad Nacional de Quilmes.