Música de la Tierra, entrevista a Carlos Villalba

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Carlos Villalba es productor y programador artístico del encuentro Música de la Tierra, en Buenos Aires, segunda edición. Brasil, Uruguay y Argentina se cruzarán en los conciertos que tendrán lugar del 1 al 6 de diciembre en una búsqueda de repertorios, arreglos, versiones y lenguajes compartidos. Además, algunos de los intérpretes ofrecerán charlas sobre su especialidad.

En Leedor charlamos con Carlos acerca del festival y la gente que participa.

¿Cómo nace Música de la Tierra?

Música de la Tierra es un proyecto creado por Moriana Peyrou y Diego Bernabe en Montevideo en 2011 con una profunda vocación regional, que busca poner en valor el campo, sus paisajes y sonidos, pero también el patrimonio musical compartido entre Uruguay, Brasil y Argentina, bajo el enunciado “la música nos une”. A través de conciertos y festivales, Música de la Tierra busca reunir a artistas de calidad y profunda vocación integradora, cuyas creaciones tienden puentes entre los países en un marco de diversidad cultural. También apuesta a formar nuevos públicos, en particular entre los jóvenes.
Se trata de revalorizar en las nuevas generaciones, músicas que forman parte del patrimonio cultural, incentivando la apropiación de expresiones culturales enraizadas en la identidad de estos países, y propiciando nuevas lecturas que aseguren su continuidad en el tiempo.

En 2015 se realiza la primera edición en Buenos Aires y en 2018 se proyecta una edición en Porto Alegre, Brasil. Todas las actividades del Festival son con entrada gratuita.

¿Concretamente cuál fue tu función en la preparación del festival?

Soy representante del Festival en Buenos Aires. Coordino y asesoro a las distintas áreas del encuentro y la relación con las instituciones que colaboran para la realización de esta segunda edición: Complejo Teatral de Buenos Aires, Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, La Minga Cultural y el colectivo de artistas Elefante en la habitación.

¿Qué diferencias presenta esta edición con respecto de la anterior?

Los programas artísticos profundizan los cruces entre los músicos que conforman la programación estableciendo un diálogo excepcional y singular: Gabo Ferro y Vitor Ramil, Toninho Ferragutti, Fernando Cabrera, Liliana Herrero y Pedro Rossi, Guitarrreros con Renato Borghetti, Alegre Correa, Micaela Vita, Nadia Larcher, Luiz Carlos Borges, Rudi Flores con Juan Quintero y Edgardo Cardozo. Son conciertos únicos.

¿Cómo eligen a los artistas?

Es un trabajo en equipo. Se proponen distintos artistas de la región y las distintas posibilidades de diálogos que se podrían desarrollar. Conversamos con los músicos sobre los deseos de reunirse para elaborar un cruce. Los tiempos que cuentan para elaborarlos, el deseo. Por ejemplo, Liliana Herrero es una artista paradigmática en este sentido. Desde hace años que viene generando puentes que atraviesan las fronteras de géneros, estilos y nacionalidades. Ha establecido una colaboración fecunda con el uruguayo Fernando Cabrera. Y sabíamos del deseo de Liliana Herrero por establecer un diálogo musical con el gran acordeonista brasileño Toninho Ferragutti, y junto con el guitarrista Pedro Rossi, terminan conformando un cuarteto excepcional. Eso pretende Música de la tierra.

Gabo Ferro es un artista “con identidades múltiples”, como lo es también Vitor Ramil. Eso supone un desafío, un riesgo y un juego creativo que deberán resolver en un cruce de canciones como “una centella que brota del choque entre dos espadas”. Eso también es Música de la tierra. El acordeonista gaúcho Luiz Carlos Borges y el guitarrista correntino Rudi Flores celebrarán con la música del litoral la ausencia gigante del otro hermano, Nini Flores. Música de la tierra, como memoria, como identidad, como territorio.

La confluencia del chamamé con la milonga, en un programa que reúne a Renato Borghetti y Alegre Correa, con los Guitarreros uruguayos dirigidos por Julio Cobelli y las voces de Micaela Vita, Nadia Larcher y Liliana Herrero, es Música de la Tierra.

El encuentro de Juan Quintero con Edgardo Cardozo, es el alma de este Festival.

Con relación a la charla Música, memoria e identidad, ¿cómo se insertan estos temas dentro de las propuestas del festival?

El festival tiene una vocación por el diálogo, no solo en un aspecto musical, sino también con otras organizaciones artísticas y culturales con las cuales compartimos una mirada. Así es que junto con La Minga Cultural y el colectivo de artistas Elefante en la habitación hemos abierto una serie de actividades especiales, entre ellos el taller de Liliana Herrero y Pedro Rossi que, por su temática, por su desarrollo y por sus expositores son cabales expositores de la línea discursiva de Música de la tierra: “La música también se refugia en una geografía, en un territorio que es voluntario y también una elección y se cobija en una memoria dolorosa que no sabemos si la música está preparada para recuperar. ¡Son tan infinitos y complejos los planos de la memoria! ¿Qué memoria es la que sostiene una obra musical? Todo eso junto, amontonado, repentino, simultáneo, recordable y olvidable. No es fácil representar un país o un terruño, los infinitos caminos de los legados”.