Liliana Ancalao, mujeres a la intemperie: voces del ensayo y la poesía mapuche

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Durante estos días, las comunidades mapuches parecen haber aparecido, finalmente, ante los ojos del país. Mientras nos dura la tristeza por la desaparición y asesinato de Santiago Maldonado, recibimos en Buenos Aires material de la poeta Liliana Ancalao, a través de la instalación de Vanina Bradach que está exhibiéndose dentro de la muestra colectiva Matria Malón de Octubre, en el edificio Cuatro Columnas de la Ex-Esma.

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Allí, Bradach expone en formato collage un flujo imagen palabra reamando cartografías del sur argentino alteradas, dadas vueltas, idas, aisladas, confusas, atravesadas por las palabras de Liliana Ancalao (Comodoro Rivadavia, Chubut, 1961), escritora mapuche.

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Además, la propia Bradach, que es neuquina, hace circular la obra de Ancalao en Buenos Aires. Así ha llegado a mis manos estos decires tan especiales, esto es, un libro de Ancalao: Küme Miawmi (Andás bien), con seis ensayos, y un poemario titulado Pu zomo wekuntu new (Mujeres a la intemperie).

las mujeres y el viento

él siempre va a volver
me previno la griega
traduciendo la borra del café
y me hablaba de un hombre
yo pensaba en el viento

el viento siempre vuelve
pero esta ciudad no se acostumbra
anda
cada vez
desaforado por las calles
a brochazos de tierra
borrándonos los pasos

se nos vuelan los pájaros
los olores
la ropa
se desafina la casa
la memoria se astilla
y hay que poner la pava
preparar unos mates
y esperar
a que se vaya
en unos días
unas semanas
vaya a saber
con el cambio de luna

como un tremendo viento
dicen que fue el malón
un torbellino en contra de los días
y eso que los antiguos eran duros
como rocas
firmes
ahí quedó su sangre
desparramada
de decías abuela
y tu recuerdo es el lago
al que me asomo
para sorber un trago

y aquí hasta la noche se ha opacado
el viento ruge
arrancando hasta las ganas de quedarse
seguro que las lomas quedaron peladitas
por ahí andará el ruego de ignacia quintulaf
porque su hijo no volvía
el humo de la yerba y el azúcar quemadas
subiendo apenas
un poco más que el taill
y es una pausa su voz

el viento siempre vuelve
quiere rendirnos a nosotras
probarnos las raíces
llevarse algunas
arrastradas
o girando
yo prefiero esas matas livianas
a estos huesos espesos
que reventarán contra el cemento

él siempre va a volver
pero no tenga miedo
agregaba la griega
porque también se irá

el viento amaina
y el planeta se pone transparente

Todos sus textos despliegan una rara mezcla de sencillez y densidad, como una voz silenciosa, que sabe que una forma que tiene de ser voz, en esos parajes donde el viento se lo lleva todo, es soliviando, soplando desde abajo, levantando (a)penas y remolineando, para quedar arriba unos instantes, contando la gran historia, la historia de las noches y los días, como el grito de la intimidad al amanecer.

Reivindicación de la “oralitura”, ese giro donde memoria y conocimiento son sinónimos, como una fuerza ancestral, previa, atávica, y sobre todo, solidaria de nuestra soledad, de nuestros márgenes, de nuestros vencidos; todxs sabemos que donde más duelen los recuerdos no vividos, es donde sin embargo, son más nuestros. Sus bisabuelos y abuelos, pobladores originarios que cruzaban la cordillera como un puente y no como un muro, que no sabían de fronteras, que fueron acorralados y tomados como animales en diáspora permanente, esclavizados, aculturizados en sus creencias y en sus lenguas. Para quienes el dominador no vino del Norte, y el mapa es horizontal, y el eje es Oeste/Este, toda una otra cosmovisión para repensar desde saberes situados y múltiples.

Allí se sitúa la memoria de Ancalao que decide regresar y encontrarse, reaprender la lengua materna, recuperar su enunciación propia y colectiva a la vez, su historia, su presente. Y nos lo deja a nosotrxs, y Bradach lo trae a un espacio emblemático como el edificio 4 Columnas, en ese otro malón que grita por la matria y trata de escucharse desde la práctica artística y comunitaria.

La misma Vanina Bradach distribuye los textos de la poeta mapuche, y para conseguirlos, sugerimos darse una vuelta la noche de los museos, por la muestra, el 4 de noviembre, Av del Libertador 8151, CABA, o escribir a la página de facebook del Malón, comentando que hay ganas de leer más.