Descorporización de cuerpos en Bombón de frutilla, de Julio Hilger.

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En una primera mirada puede parecer un bosque o una reunión de espantapájaros. Pero un atractivo de la obra de Julio Hilger es que requiere varias miradas a través de las cuales se encuentran detalles que, en un comienzo, pasan inadvertidos. La sorpresa, la sorpresa lúdica, aparece como distintiva de este  artista, siempre presente en sus diferentes muestras. Y éstas son diferentes, aún manteniendo su estilo, porque parte de la sorpresa reside en su capacidad de cambiar y desplegar enorme creatividad con  muy diversos materiales: cera, arcilla, diversos objetos, escombros, en esta oportunidad estructuras de cartón y papel higiénico. Mario Scorzelli presenta la obra con una lectura escatológica, interesante. Otra lectura, cercana pero diferente, me lleva a pensar en una obra visceral, en el sentido de trabajada desde las profundidades del propio cuerpo, cargada de emociones, sostenida por el humor que aparece en las pequenísimas patitas de un ave extraña, en los dientes destrozados de una boca abierta al mundo, en la carita perdida encima de una forma deforme, en un hongo enorme, en el mismo título de la muestra.

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Todo lo que rompa la estética tradicional, cuepos vegetalizados, mineralizados, cuerpos cuyas excreciones forman parte de ellos, cuerpos en imposibles equilibrios, cabezas en sitios impensados, todo esto hace a la estética, o contraestética, de Julio Hilger.

En galería Miranda Bosch – ART.

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