“Para mí es importante no exponer al actor”, entrevista a Silvia Connor

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Juego de tres es una comedia hot, dirigida por Silvia Connor. Escrita por Martín Alvarado Reyes, está inspirada en una remake de la película Kiki, el amor se hace,  del guionista y director Paco De León.

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Silvina trata con humor y sensualidad ciertos temas que no siempre abordamos y que tienen que ver, en el fondo, con la falta de comunicación.

¿Qué tuviste en cuenta a la hora de adaptar la obra?

Antes que nada el país donde vivimos, ya que creo que en la Argentina, en algunos temas como el sexo, aún somos bastante pacatos. En base a eso, decidí darle una pincelada muy grande de comedia, metiéndole situaciones muy divertidas con la idea de que nadie se sintiera incómodo en la butaca a la hora de ver la obra. Después intenté que cada escena se acercara lo más posible a la realidad, intenté retratar una pareja con la que nos cruzamos todos los días y con los problemas que podemos llegar a tener todos a los largo de la vida. Para mí lograr ser verosímiles es lo que más me importa a la hora de hacer una puesta, que el que esté viendo la obra se pueda identificar con lo que ocurre en el escenario.

¿Cómo fue el trabajo colaborativo con los actores?

El trabajo con los actores fue de absoluta colaboración, armonía, buena onda, donde cada uno aportaba cosas constantemente. De hecho hay textos en la obra que salieron de los ensayos, y como fueron muy ricos, decidimos dejarlos. El actor es un creador a la par del director, desde mi humilde punto de vista, y si uno labura mano a mano, logra mejores resultados, entendiendo que, como director, hay que dale tiempo al actor a que se meta en la piel del personaje para que lo que logre sea verdadero y orgánico.

Para mí fue un proceso de mucho aprendizaje, un gran desafío poder darles forma a estos tres maravillosos personajes de la mano de Fernando Miró, Claudia Pellegrino y Luciana Sevilla que se entregaron por completo a mis locuras, a mi forma particular y peculiar de abordar las escenas.

¿Qué desafíos en particular implica dirigir teatro erótico?

Que nadie se incomodara, reflejar una realidad que pasa en muchas parejas, pero que poca gente se atreve a hablarla y enfrentarla. Siempre mi foco estuvo puesto en lograr una comedia hot, donde la gente se sintiera identificada y pudiera reflexionar en el camino. Quise cuidar mucho las escenas donde se tocan, donde se sube el contacto corporal entre los actores. De hecho, ahí decidí bajar las luces para que fuera muy íntimo el momento. Siempre pensé en la película Cuando Harry conoció a Sally donde hay una escena maravillosa de un orgasmo que Meg Ryan finje de manera increíble; ahí no hay incomodidad, y el espectador disfruta de algo que quizás es medio tabú, pero que al estar tan bien logrado, lo disfruta. Humildemente, eso fue lo que me propuse a la hora de montar la obra, lograr el placer, el disfrute y el goce sin que nadie desee levantarse de la butaca en el medio de la obra.

¿Cuáles son las características que definen un teatro erótico de calidad?

Como primera medida, las actuaciones deben ser logradas con mucha organicidad, ser verosímiles y reales, y permitir al espectador sentir que puede ser a él al que le está pasando eso. En segundo término, un buen texto que acompañe estas situaciones cotidianas; en tercer lugar, la música y la puesta de luces, que son como la frutilla en la torta, hacen que se logre en la sala un clima de intimidad, de sensualidad y de mucha entrega por parte de los actores.

¿Desde tu experiencia, notás algún prejuicio con respecto de este tipo de teatro?

Todo el prejuicio, por eso es que decidí hacer una comedia y hacer hincapié ahí, más allá de que es un género que amo y me parece un desafío enorme dirigirlo y lograr que la gente se ría en este tipo de situaciones tan tensas. Creo que aún estamos muy cerrados con ciertos temas, y este es uno que no escapa a la poca apertura que tenemos los argentinos a hablar de nuestra vida sexual en profundidad y poder conectarnos con lo que nos pasa realmente.

Seguramente, viste otras obras eróticas en Buenos Aires, ¿qué relaciones podés establecer con todas o alguna de ellas?

Creo que no en todas se cuida a los actores y al espectador; a veces con el afán de lograr algo muy erótico se pierde lo importante que es contar una historia, saber qué le pasa de verdad a estos personajes, por qué actúan así. Igual, me parece que hay de todo como en todos los rubros, cosas que nos gustan más que otras. Para mí, es fundamental no exponer al actor, pero eso es algo muy personal, y cada director decide cómo desea encarar la puesta.

El común denominador creo que es la sensualidad, subir el termómetro en la sala, lograr que la gente pueda meterse en estas historias, que intenten perder un poco el prejuicio. Hablar de sexo es algo sano y normal, forma parte de nuestras vidas, y nos puede traer muchas alegrías y satisfacciones, no solo en la cama sino en nuestra propia cotidianeidad. Una vida sexual plena es beneficiosa para todos, y el poder mostrarlo, poder subirlo al escenario, reflejarlo, hace que perdamos un poco la timidez.