Del bosque Yatana a la Biblioteca Sarmiento

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Durante la mañana del segundo día, el bosque Yatana fue el espacio donde se trasladó el Encuentro Nacional de Poetas en el Fin del Mundo. Creado con el objeto de recuperar y proteger el único bosque nativo de lengas ubicado en el casco céntrico de la ciudad, el bosque fue el escenario ideal para poesía bajo los árboles, danzaterapia y canciones al lado de un fogón.

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Por la tarde, las actividades se reanudaron en la Biblioteca Sarmiento donde, además de las lecturas, hubo varias presentaciones de libros: La otra soledad, de Eduardo Manso; La jerarquía del punto, de Darío Lobato; Perdidos en febrero, de Julio Coronel; En los gestos de la noche, de Anamaría Mayol, e Impoético, de Álvaro Olmedo –Primer Premio San Juan Escribe 2016 en la categoría Lírica–. También se presentó la revista Libidulia –una nueva publicación dedicada a la poesía, detrás de la cual están las poetas Gabriela Rivero y Lily Majic–.

Esta jornada se caracterizó por una poesía con una fuerte impronta social y metafísica, una poesía que cuestiona, invita a reflexionar y muestra aquello que no siempre es tan visible. En este sentido el poeta es aquel que ve más allá de las cosas, un “clarividente”, en palabras de Juan Ramón Jiménez, alguien que “ve lo poético aun en las cosas más cotidianas”, para Olga Orozco. Y esta visión poética se trasladó a la música que acompañó el encuentro con Cristián Mirán e Ignacio Boreal.

En este viernes muy emotivo, no faltó la pregunta que sigue sin respuesta: ¿Dónde está Santiago Maldonado?, la que se repitió en un poema recitado por Anamaría Mayol y uno de los temas interpretados por Igancio Boreal.