Eduardo Molinari y Sandra de la Loza en Talking to Action, Los Angeles

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Mucho está sucediendo ahora en Los Angeles, un sinnúmero de acciones que toman distintos espacios de la ciudad para pensar el gran tema de las prácticas en nuestra América. Término complejo e interpelante si los hay. Quienes trabajamos en programas universitarios de los EEUU, sabemos que desde el esquema curricular de ese país los continentes son 7 porque América son tres distintos: América, América Central y América del Sur.

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Entonces, una movida como la que buscaremos contar en las líneas que siguen tiene una fuerte carga disruptiva y crítica, que celebramos porque es imprescindible. Se llama Talking to Action (Del Hablar al Hacer), Arte, pedagogía y activismo en las Américas, que tiene lugar del 16 de septiembre al 10 de diciembre de 2017, curada por un educador, investigador y curador muy potente, que trabaja en el cruce de arte y pedagogías, Bill Kelley Jr. La iniciativa es desarrollada a partir del programa de la más que fascinante Maestría de Práctica Pública en las Artes del Otis College of Art and Design, en Los Angeles.

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La única que hasta ahora estaría siendo difundida aquí en Buenos Aires, es la atractiva (y esperada, especialmente por quienes estamos en el tema desde hace una larga década), Mujeres radicales: arte latinoamericano, 1960-1985 en Los Angeles.

Hay argentinxs presentes en esta propuesta, por eso charlamos con Eduardo Molinari y su siempre estimulante mirada, quien sostiene una práctica que ronda en torno a su particular Archivo Caminante, desde el cual provoca líneas de fuga para pensar cuestiones centrales en el capitalismo actual: el modelo extractivista, el concepto de monocultivo como contrapartida de las monoculturas que anulan las diversidades naturales y las disidencias culturales. Frente a ello, repensarse en la recuperación o la invención de saberes, formas, prácticas, gestos que apelan a una imaginería política de la que nuestra comunidad micro y macro parece adolecer. En esta vacancia están todos los relatos políticos tradicionales, las derechas, las izquierdas, nuestros populismos progresistas, nuestras luchas por una soberanía alimentaria, corporal, poética.

En cuanto al curador, Bill Kelley, Eduardo lo encuadra dentro de la interseccionalidad de miradas antiracistas, de pedagogías disidentes, de espacios críticos feministas. Nos dice además que: “La experiencia ocurre dentro de lo que es el megaevento conocido como Pacific Standard Time, que la ciudad de Los Angeles hace cada tanto, una especie de Bienal que no es una bienal, que cuenta con fondos de la Getty Foundation e incluye unas treinta exposiciones a lo largo de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Dentro de ese marco hay algunas dedicadas a Argentina, donde hay argentinxs: una muestra de fotografía argentina, una muestra individual de León Ferrari donde hicieron por primera vez la performance de Palabras Ajenas en un teatro. Sumamente emocionante, aquí nunca se hizo. En ese momento lo que hizo León fue una locura, hablaba todo el tiempo de los nazis, de Vietnam, de la dictadura, de la Iglesia, del periodismo. Todas las voces eran eso. Claro, eso nunca lo podría haber expuesto acá, jamás. Y ahora, suena igual de violento, es de una actualidad increible en la realidad de nuestro país. Si alguien quisiera hablar con un lenguaje igual de explícito sobre la violencia hoy no resiste ni un minuto. Además, está la muestra de Mujeres Radicales”.

Dentro de ese marco de presencia argentina, Eduardo Molinari, está trabajando en colaboración con Sandra de La Loza, a quien le dedica generosamente palabras que la explican y nos ayudan a conocerla.

Al cruzarse con ella su trabajo se suelta, se irracionaliza en el mejor sentido del término. Porque es una artista nacida en Los Angeles de familia mexicana, de la época en la que California no había sido ganada a fuego a México por los Estados Unidos.

Como él explica: “Sandra pertenece a un historial de potencialidades chicanas, de fronteras, relacionadas con sostenerse frente a la marginalidad de las exclusiones, los desalojos, las represiones policiales, desde la interseccionalidad de clase, raza y género del cual saben ancestralmente muchas mujeres. Con ella y con otra gente, de colectivos chilenos, brasileños y mexicanos se fue produciendo y expandiendo un diálogo, que dentro de Argentina parece imposible. Así, empezamos a hablar de nuestos problemas, de nuestros conflictos, pero no desde un lugar victimizante, hay algo muy interesante de energía, de delirio político, de usar otras lateralidades. Los artistas chilenos del Kolectivo de Restauración Territorial (KRT) por ejemplo, para reivindicar el tema de la territorialidad mapuche recurrieron a una especie de ritual que es dejarse guiar por un caballo; se vendaban los ojos, se agarraban a las riendas del animal que tenía pintados los símbolos mapuches a los costados, y hacían una caminata que al principio parecía una locura, y a los cinco minutos era fascinante, estabas muy pendiente de lo que iba a pasar. Otro artista, mexicano, Alfadir Luna, trabajó con las imágenes mitológicas de El Hombre de Maíz, pero totalmente invertido, no una santificación ni una mirada de lo sagrado, sino que hizo un análisis de mercado con el Hombre de Maíz, las huertas comunitarias y las economías populares. Hizo una peregrinación con eso, pero todos los saberes que se ponían en movimiento con la peregrinación eran económicos, no eran místicos ni de ninguna santificación originaria.

Con Sandra le unen intereses comunes: la figura del caminante y el andar, y el archivismo. “Nuestro objetivo era poner en diálogo una dimensión de Los Angeles más Buenos Aires, y después fue Buenos Aires más Rosario, tratando de generar interlocutores con los que tuvimos experiencias en torno a la idea de decolonizar el paisaje, de decolonizar el territorio. Entonces elegimos dos bibliotecas, una allá, la Southern California Library, y una en Rosario, la Biblioteca Vigil, y dos experiencias donde aparecen los saberes indígenas. Ella me llevó a conocer un vivero de planta nativas, Hahamongna Nursery, y yo la llevé a conocer el Movimiento en Defensa de la Pacha – Punta Querandí. Con eso hicimos fotografías, visitamos las bibliotecas, y apareció algo muy interesante para mí, una expansión, que fue que cuando charlamos ella me dijo que lo que hacía era “brujería archivística”, lo definió así. Porque ella dice que hace una manipulación, mutaciones, transformaciones del material documental, porque lo raspa, lo quema, lo corta, lo desarma y lo vuelve armar, los libros, los diarios… desmonta la narrativa y arma otra. Y cuando yo le conté lo que hacía, surgió un nuevo concepto que es el de un para archivismo, una especie de archivismo paranormal, que intenta detectar los fantasmas y las energías latentes en la documentación. A partir de aquí aparece la idea de la hidromancia archivística, porque Los Angeles, Buenos Aires y Rosario están atravesadas por ríos y puertos. Usamos la metáfora de una conversación con el agua. El trabajo finalmente fue una instalación, una especie de altar, una estructura de madera negra, como una doble mesa, una escalera, sobre el cual pusimos objetos, ofrendas, agradecimientos, y en una pared detrás, material gráfico y fotográfico. Y además hicimos unos estadartes, dentro de la idea de la alquimia. Lo que me pasó es que pude de alguna manera habitar una parte del archivo distinta, que estaba presente pero la pude hablar, compartir con otros. Más sensorial, más irracional, algo que pude desplegar. Los estandartes son las figuras de las cuatro imágenes femeninas de los elementos de la naturaleza utilizadas por los alquimistas. Con eso hicimos una suerte de híbridos, que tienen por ejemplo la cabeza de la Tupac Amaru con un cuerpo de campesino tomado de un libro de La Vigil, o una cabeza de búho con el cuerpo vestido al uso de las mujeres en el siglo 19 en los Angeles para realizar caminatas al aire libre, y los símbolos eran por ejemplo la hormiga de Claudio Pocho Lepratti, el hongo nuclear, el pañuelo de Las Madres, todo eso pintado sobre una tela negra con la colaboración de Ernesto de la Loza, hermano de Sandra y muralista de reconocida trayectoria”.

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Más que interesante la propuesta de Molinari/La Loza, en otras notas iremos contando más de esta movida en LA. Sabemos que la muestra principal de Mujeres Radicales llegará a la Pinacoteca de São Paulo, São Paulo en agosto–noviembre de 2018. Cruzamos los dedos y prendemos velas para que también venga a Buenos Aires, junto con toda la propuesta de Talking to Action, esta última para promover otros diálogos que nos resultan indispensables a quienes navegamos en los cruces y andamos en la búsqueda de otros paradigmas, en el terreno arte, educación y política.