Las aristas del silencio: Elba Bairon en el Mamba

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Estamos en el segundo subsuelo. La artista, la directora y la curadora del museo abren el evento. Elba Bairon, delgada y minimalista en su presencia, es de pocas palabras, al igual que su obra que no lleva título ni explicación, no lo necesitan. Ella hace posible el arte de la coherencia.

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Hay expectativa en el público, se percibe la vibración en la artista. ¿será que la presentación de una nueva obra es siempre un desafío en la artista consagrada? Definitivamente sí.

Tras las enormes puertas vaivén que se abren para dar lugar al evento de la muestra, avanzan Elba Bairon, Victoria Noorthoorn -la directora del museo- y Sofía Dourron curadora del mismo para presentar la sorprendente y  monumental obra, una enorme mole en varios volúmenes, de construcción  claramente minimalista: blancos y pulidos cubos, afiladas  aristas, cuerpos plenos por un lado, vacíos por otro,  los que serían sólo eso, volúmenes y planos, …si no fuera por la escala a nivel humano y la escalera cuyos improbables escalones irregulares -que trepan a una posible o imposible terraza,  hacen de la obra algo así como un habitat, misterioso, inaccesible, finalmente inhabitable, sin puertas ni ventanas.

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Tal construcción se vuelve aún más contundente en su rectitud porque a cierta distancia y formando un conjunto que dialoga y nos interpela, dos esculturas de menores dimensiones en las reconocemos a Elba,  con superficies romas y pulidas al extremo de la suavidad y de la blancura, acompañan a cierta distancia, a los costados, resaltando las rectas de la construcción central junto con la cual toman la luz y la reflejan suavizando la mirada que recorre el conjunto de las tres esculturas.

El tono dramático de las tres piezas se acentúa con la iluminación. El trabajo artístico de la misma a cargo de Leandra Rodríguez ha sido definitorio en el realce y visualización de la obra creando un espectro de infinitas posibilidades y contrastes.

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En conversación con la curadora, nos enteramos que el museo  convocó a Bairon en el marco de artistas claves de los años ochenta y noventa (Liliana Maresca, su amiga, Sergio Avello, entre otros) para invitarla a una retrospectiva, “nada de eso” parece que dijo ella.  Algo diferente ya tenía en mente. Boris Groys[1] se refiere a la importancia del proyecto que gestiona la obra, como obra en sí misma, que se desarrolla y crece -o no, en el tiempo.  Pueden pasar años hasta que se concreta si esto llega a suceder, porque el proyecto es en si obra. Tal  parece ser el caso porque esta obra  (cuya maqueta ya fue  exhibida en el Malba entre octubre de 2013 y marzo de 2014) esperaba su oportunidad de realizarse en obra. “La” obra en cuestión. Y la oportunidad llegó con el Mamba dispuesto a producirla. Elba, su equipo y el museo comenzaron a preparase para esta realización. Su construcción a perfecta escala fue todo un desafío en esta sala de importantes dimensiones. Bairon y equipo trabajaron desde la  colocación de las cintas engomadas en el piso para visualizar los espacios y las dimensiones hasta la realización de una impresionante construcción en yeso (con esqueleto de madera) de pulidísimas superficies y cerrados bloques.

Elba Bairon nacida en 1947 estrena década con un desafío talentoso y renovador. Parece más un punto de partida que uno de llegada. Pero como toda artista de trayectoria, las huellas están presentes. Las de su trabajo como escenógrafa junto al dramaturgo Emeterio Cerro así como las de sus dibujos en papel que luego se redondearon en pequeñas y suaves esculturas de formas geométricas. Su propuesta moderna y contemporánea a la vez, encierra formas clásicas e inconfundibles. De la escenografía a la monumentalidad de esta obra se nos representa un escenario… ¿tal vez operístico? Tengo la oportunidad de preguntarle a E.B. y ella me comenta que ha pensado en combinar esta obra con algún tipo de desplazamiento estético y/o situación musical, pero que es muy pronto para eso, hay tiempo para que surja lo tiene que surgir. La obra se sigue desplegando en su etapa de exhibición.

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La subyugante mole de yeso pertenece a lo que Bairon denomina “una geometría afectiva” que desafía nuestra percepción del espacio y la arquitectura, nos transporta a mundos míticos, futuristas, pre-colombinos…no sabemos qué cosa es. A la manera de Bairon, quien observa, decide. El título queda a disposición del público, no de la artista. Le agradecemos a Elba por esto y admiramos su obra.

Elba Bairon, Sin Título. Avda San Juan 350, San Telmo CABA. Hasta febrero de 2018.

[1] Boris Groys “Volverse Público” Caja Negra Editora 2014  “La soledad del proyecto” pag. 77.

Las fotos que ilustran la nota pertenecen a la autora de la misma. Pueden ser replicadas, como el contenido de la nota, citando la fuente.

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