Reportaje a Eduardo Stupía a propósito de A 4 manos    

0
0

El documental A 4 manos que se proyecta en la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes tiene como uno de sus protagonistas al artista argentino Eduardo Stupía. Tuvimos una charla con él y esto nos contó.

- Publicidad -

Blanca María Monzón: ¿Cómo surge la idea de realizar este documental y cuales son sus antecedentes?

Eduardo Stupía: Cuando ya habíamos arrancado con Yuyo Noé en la elaboración conjunta de los trabajos a cuatro manos que iban a integrar la muestra ME ARRUINASTE EL DIBUJO, nos abordó Osvaldo Tcherkaski para proponernos registrar el proceso en un documental que diera cuenta de esa experiencia específica, y que además se extendiera un poco a nuestra relación como artistas, y a las vinculaciones y resonancias de ida y vuelta de esa relación en el campo de trabajo de cada uno.

BMM: La incorporación de Guillermo Roux y Carlos Alonso fue una idea del guion inicial o fue pensada a posteriori?

E.S:  Fue una ocurrencia posterior de Tcherkaski. Un poco porque la propuesta de trabajo conjunto de Roux y Alonso fue posterior a la nuestra ( lo digo no para adjudicarnos ninguna originalidad sino para aclarar la cronología de los acontecimientos) y otro poco porque, una vez concluido el rodaje de toda nuestra experiencia, y de haber terminado prácticamente el corte final del primer formato de la película, Tcherkaski sentía – y nosotros de algún modo también – que faltaba algo, y que no era cuestión de rellenar el material con agregados forzados de nuestras respectivas vidas o carreras o cosas por el estilo, por más pertinentes que parecieran. Entonces sobrevino una pausa, un paréntesis en el que conversamos más de una vez acerca de cómo ampliar o enriquecer ese primer diseño, hasta que aparecieron Roux y Alonso trabajando también a cuatro manos. Entonces fue no sólo evidente sino muy conveniente que la película debía incluir esa experiencia análoga como manera de completar conceptualmente el territorio que se había abierto con la primera. Y así fue.

Mirá también el comentario de la pelicula A 4 manos.

BMM: ¿Cuánto tiempo llevó el rodaje, ya que hay imágenes, que están hablando de varios años atrás?

E.S:  El rodaje llevó todo el 2011, desde los meses que insumió nuestro trabajo de elaboración de las piezas para la muestra, hasta el registro de la inauguración de la muestra y algunas pequeñas cosas más. Y después hay que agregar reportajes filmados posteriormente, donde nos referimos, tanto Yuyo como yo, a Roux y a Alonso no sólo como co-partícipes de un formato de trabajo, sino en cuanto a su trascendencia como artistas.

BMM: Entiendo que este trabajo ha sido para todos una experiencia enriquecedora. En el ámbito de lo personal ¿qué me podrías decir al respecto?

E.S: El hecho simple de tomar un café con Luis Felipe Noé te puede cambiar la vida, así que imagínense lo que significa compartir con él un trabajo a cuatro manos. Mi experiencia fue completamente trascendente no sólo en el plano artístico sino en el personal y emocional, por la amalgama de fenómenos tangibles e intangibles que iban surgiendo en el territorio común. Entre los tangibles, la cuestión de la presencia del peculiar lenguaje de cada uno, su extensión, intensidad y presencia en el plano común de desarrollo de cada trabajo, y cómo había que estar muy consciente de cuanto avanzaba el otro, cuanta superficie parcial iba ocupando, para actuar en consecuencia, ni demasiado sometido a ese avance, ni tampoco demasiado indiferente al mismo. Es decir, una ponderación constante de dimensiones y límites. Todo esto que describo, palpable en el plano físico, tiene su analogía en los niveles intangibles, y ahí es donde el contrapunto de caracteres, signos, silencios y registros gráficos, conciliación y oposición, coincidencia y contrapunto, se convierten en un entrenamiento de conducta y convivencia.

BMM: ¿A qué espectador pensás que esta dirigido este documental? Ya que tanto su estreno, con sus tres fechas de octubre son en el Auditorio de amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.

E.S: Por un lado, se presume que el Auditorio del Museo cobija, por la influencia contextual de la institución, un público familiarizado con el arte en general y sus lenguajes, aunque más aún quizás con aquellos cercanos más a las prácticas tradicionales que a la radicalidad contemporánea. Por otro, hoy por hoy todos los públicos son un poco mixtos, y es probable que la película sea vista por un componente de audiencia más heterogéneo del que presume el contexto de un museo. Y a la vez, una de las virtudes de la película es que, me parece, construye su público, en el sentido de que enriquece lo que el espectador afín al documental de arte suele encontrar en los ejemplos más al alcance provistos mayormente por el cable, dado que pone el foco en una situación que se practica poco y se registra menos en el documental de arte que se produce en la Argentina, que es la de dos artistas y otros dos artistas trabajando juntos de a pares.