Experimento Camille Claudel. Un grito desde el barro, Rubén Pires

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“La belleza radica en la sensibilidad de quienes puedan entender que las piedras también lloramos”, afirma el personaje de la escultora Camille Claudel, quien fue amante del escultor Auguste Rodin. De esta manera podemos entender que ella se fusiona con sus obras de arte, pasa a ser una obra en sí misma, una pieza de mármol y piel. Una artista que dio todo por su arte hasta perder la cordura. “Para entender la lluvia primero hay que calarse los huesos”, nos dice. Y es ese acto de entrega, esa voluntad incansable de indagar con profundidad las formas, de explorar el universo tanto externo como interno, la que la convirtió en una verdadera artista. 

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Hay una visión de la belleza en esta pieza que pasa por su conexión con la verdad, ya que el arte comienza con la verdad interior, se postula. Se desprecia al artista que reproduce detalles servilmente. Lo puramente mimético no trasciende; el arte que traduce sentimientos sí logra trascender. Podemos pensar en pinturas emblemáticas para la humanidad como Los girasoles de Van Gogh, El grito de Edvard Munch o el Guernica de Picasso.

Ser artista mujer en el siglo diecinueve era una tarea complicada. La escultora se vio opacada por el escultor que, según investigaciones, robó mucho de su trabajo, poniéndolo a su nombre. Camille Claudel, un grito desde el barro es un intento por reivindicar la figura de esta artista injustamente relegada.  Tanto Isabelle Adjani como Juliette Binoche han encarnado su figura en cine, lo cual nos habla del interés que su vida y sus trabajos vienen suscitando en las artes. Hace poco en Francia se abrió un museo homenajeándola; el presente texto de Pires es otro homenaje que con una dramaturgia fuertemente poética aunque no deja de mostrar un costado atroz, revela a una mujer al desnudo, esa mujer que prefiere calarse los huesos para sentir la intensidad del mundo antes que quedar en un lugar pasivo.

Es brutal la descripción de este viaje hacia la locura que emprende Camille, un viaje propiciado por el desamor y maltrato de Rodin. Esta escultora tan audaz para su tiempo terminó encerrada en un hospicio donde un doctor le diagnostica un delirio sistemático de persecución basado en fabulaciones e ideas de grandeza. El material producido por Pires tiene como fuente cartas, escritos y documentos de Camille, Paul Claudel y Rodin, los tres personajes de esta historia. La figura del poeta hermano de la escultora también sirve para acercarnos al lenguaje poético. Él interpreta con gran sensibilidad el espíritu creativo de su hermana: “Tus esculturas son una muestra de fe en el hombre y en la esencia de la existencia. Es tan inmensa tu alma que necesita de otras formas para poder respirar”.

Todo el aspecto estético está brillantemente trabajado por Darío Restuccio (director) y Raúl  Delgado (a cargo del diseño de proyección) quienes lograron amalgamar cada escena con imágenes de las esculturas de Claudel. Las proyecciones en una gran pantalla de fondo ayudan a generar dramatismo y a ilustrar partes de la trama. Estas imágenes son un fuerte sostén para el relato y lo complementan muy bien.  La escena donde están envueltos en sábanas logra grandes momentos. Se nota que cada elemento visual ha sido cuidadosamente elegido.

La actuación de Carla Pollacchi es de una fuerza insondable y nos deja ante un abismo donde no podremos más que conmovernos por la tragedia que atraviesa su personaje. La actriz se luce en este rol y nos ofrece un trabajo con énfasis en lo corporal, en el cual podemos apreciar toda la complejidad de su ser que mezcla esa fragilidad psicológica con esa potencia de su talento.

Raúl Delgado muestra la ductilidad necesaria para encarnar tanto a Paul Claudel y al doctor, como a Rodin. En él podemos apreciar una figura masculina dura, que no se deja conmover fácilmente. La atracción física entre los dos parece pesar más que un sentimiento profundo, porque quien de verdad ama no maltrata al ser amado. La pieza explora la sensualidad de los cuerpos reales, acompañada por la sensualidad de los cuerpos esculpidos, los de ficción. También resulta interesante el compilado de esculturas de los grandes maestros que se visualizan cuando Rodin da consejos a los jóvenes.

Se dice que desde que fue recluida Camille no esculpió más, como una forma de protesta ante esa comunidad que la excluía y la señalaba como insana. Esta pieza fue el proyecto de graduación de Restuccio para la licenciatura en dirección escénica del departamento de artes dramáticas de UNA. Sin dudas, un gran trabajo que no solo toma documentos de época para lograr verosimilitud sino que también aporta un importante componente de creatividad en la resolución de las escenas.

“Soy caos, no le sirvo a tu Dios”, declara Camille.  El arte aparece como una forma de religión, el trabajo con la arcilla  adquiere una dimensión divina que le permite a la artista fundir el alma con el cuerpo. Este experimento con el acertado título “un grito desde el barro” nos habla de la desesperación del alma humana cuando es incomprendida. Resulta una obra voluptuosa en todo sentido, donde el desborde de Camille nos lleva a transitar un universo único en su talento pero también en su incapacidad de adaptarse a un entorno hostil.

“Toda obra de arte es esencialmente metafórica pues –figurativa o abstracta– nos da imágenes del mundo en que surge”, define  la crítica de arte Elena Oliveras. En este caso, podemos pensar esta representación como metáfora de un mundo que no daba cabida a la creatividad y libertad femenina, un mundo donde la locura y el amor comparten ese lugar común que pone siempre al ser humano ante situaciones límite. Al salir de la sala, el espectador quedará con varios interrogantes y la sensación de haber transitado un relato jugado, apasionante y de una meticulosidad sorprendente.

Sábado 30/09 21 h: última función de este ciclo en el Teatro Municipal de Morón. La obra estuvo en cartel en La Revuelta Teatro de Boedo.

Ficha técnica

Actriz: Carla Pollacchi

Actor: Raúl Delgado

Texto: Rubén Pires

Dirección: Darío Restuccio

Asistente y traducciones: Manon Demy

Fotos: Monserrat De Las Casas/ Laura Fernández

Diseño de proyección: Raúl Delgado

Escenografía y vestuario: Los Trashumantes

Diseño de imagen y difusión: GBP Proyectos Creativos