Zama

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“Salí de la ciudad, ribera abajo, al encuentro solitario del barco que aguardaba, sin saber cuándo vendría.” (Zama, Antonio Di Benedetto)

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Así brilla el comienzo de Zama, la novela de Di Benedetto que, tal como pronuncia Saer en el prólogo de alguna edición representa “oblicuamente, la condición profunda de América, que titila, frágil, en cada uno de nosotros”.

La esperadísima cuarta película de Lucrecia Martel, tal vez la representante más digna y más inteligente del cine argentino de los últimos 20 años, adapta la difícil literatura de Di Benedetto con otro brillo, diferente, otro, pero que también resulta apabullante. Elige sus caminos. Avanza, retrocede. Crece como si fuera una fuerza orgánica que se suma a todos los organismos vivos que atraviesan el relato. Y lo hace fascinante. Y también expone, una condición profunda de América, una América en estado virginal: una llama, alter ego irracional, aparece adentro de la oficina de un Gobernador mientras Zama desesperado pide la salida de ese lugar alucinado.

UNA PELÍCULA DE 1790 LLAMADA ZAMA. UN DIÁLOGO CON LUCRECIA MARTEL

Se estrena en Argentina el próximo 28 de setiembre y ya se vive como un momento importante para el cine argentino.

Volver a la lectura de la Zama de Di Benedetto se hace un deber placentero: las palabras del autor mendocino: “… embozado por la vegetación, vi un instante de frente, desnudos cuerpos, morenos y dorado-oscuros, y de costado, ocultas las facciones, pues sólo distinguía una nuca y pelo recogido arriba, otro que no supe si era blanco o mulato. No quise seguir mirando, porque me arrebataba y podía ser mulata y yo ni verlas debía, para no soñar con ellas, y predisponerme y venir en derrota.”

Las mujeres gritan “mirón” al hombre que las espía desde los pastizales y efectivamente, como en el texto, sale corriendo para después retroceder y ejercer lo que en definitiva hacían los hombres con las mujeres, el poder y la autoridad de la bofetada.

Así Diego de Zama arbitra su respeto, cosa que no lo exceptúa de ser un hombre dubitatito atrapado en un ser cuya vida no tiene sentido si no es fuera de ese lugar, y del que paradojicamente tiene que salir. Las voces de los otros que se intercalan a modo de voces subjetivas sugieren otros espacios, otras dimensiones. Un recurso que gracias al trabajo de Guido Berenblum (toda la película tiene un diseño sonoro fascinante) Martel utiliza suficientemente: el niño, el mudo, otro niño. El primer niño lo define: “Diego de Zama el enérgico, el ejecutivo, el pacificador de indios, el que hizo justicia sin emplear la espada” El último niño le susurra una pregunta: si quiere vivir.

Zama es una película perfecta.

Dividida en tres grandes partes, cada una está marcada por los personajes que acompañan a Zama: en la primera, la más “urbana”, en la que Ventura Prieto (Juan Minujin) y Doña Luciana Piñares de Luenga (la almodovariana Lola Dueñas) la deseada mujer, noble y blanca; en la segunda, el “destierro” a los poblados de indios con un nuevo Gobernador (Daniel Veronese) que no hace otra cosa que aletargar su pedido de traslado; y la tercera y última parte, tal vez la más delirante y febril, la de la misión a la caza del bandido rebelde Vicuña Porto, junto con un capitanejo Hipólito Parrilla (Rafael Spregelburd, el segundo director de teatro) y unos portugueses alienados. Atención con la ambigüedad, cuasi diabólica, del actor brasileño Matheus Nachtergaele que se nombra a sí mismo como el mismo Vicuña Porto.

La primera persona del libro marca la enunciación que elige Martel: el actor mexicano Daniel Giménez Cacho (Blancanieves, La cordillera) es el Zama ideal, este hombre, un notario, representante de la corona española en tierras adentradas en la América profunda en medio de un paisaje donde hay un río, una población con la casa del gobernador, algunas casas de blancos y un prostíbulo. La referencia a tierras lejanas es una Buenos Aires ausente y una Europa de donde vienen las copas de cristal envueltas en noticias más frescas de las que suelen circular.

Tanto el diseño del color como los sonidos describen,siempre desde la rareza, un territorio marcado por la sensualidad en la primera parte, por la fiebre de la decepción en la segunda, por la desesperación en la tercera. Todos estos estados son palpables desde la imagen, produciendo una sensorialidad única. Sentidos que se marcan como en todo el cine de Martel a través de los cuerpos. Dos momentos para eso: el modo en que se mueven dentro del cuarto las hermanas protegidas por Zama, y la procesión de cuerpos en la secuencia del encuentro entre Zama y Luciana de Luenga. Hay una danza de los cuerpos que la película no escatima, y que llega a su punto culminante en la escena de la fiesta mbayá y los prisioneros cerca del final.

Para volver a Di Benedetto ya con otros ojos. Por todo estoy y más, desde el 28 de setiembre próximo, Zama enaltecerá al cine argentino, y bien falta le hace.

El libro “El mono en el remolino, notas del rodaje de Zama, de Selva Almada se va a editar en conjunto con el estreno.

También la película tiene un documental de rodaje filmado por Manuel Abramovich llamado Años luz.

FICHA TÉCNICA
Compañía Productora: Rei Cine, Bananeira Filmes
Companías Co-productoras: El Deseo, Patagonik, MPM Film, Canana, Lemming Film, KNM, O Som e a Fúria, Louverture Films, Schortcut Films, Telecine, Bertha Foundation, Perdomo Pictures, Picnic Producciones.
Países de coproducción: Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, México, Portugal.
Guión & Dirección: Lucrecia Martel
Productores: Benjamín Domenech, Santiago Gallelli, Matías Roveda, Vania Catani.
Coproductores:  Esther García, Agustín Almodovar, Pedro Almodovar, Juan Pablo Galli, Juan Vera, Alejandro Cacetta, Marie Pierre Macia, Claire Gádea, Pablo Cruz, Eva Eisenloeffel, Leontine Petit, Joost De Vries,  Michel Merkt, Luís Urbano, Joslyn Barnes, Danny Glover, Susan Rockefeller, Georges Schoucair, Juan Perdomo, Natalia Meta.
Productores Ejecutivos: Angelisa Stein, Gael García Bernal, Diego Luna.
Productores Asociados: Juan Manuel Collado, Guillermo Kuitca, Fabiana Tiscornia, Julia Solomonoff, Gonzalo Rodríguez Bubis.
Ventas Internacionales: The Match Factory
Distribuidora en Argentina y Latinoamérica: Buena Vista International
Con el apoyo de: INCAA, ANCINE, FSA – Fundo Setorial Do Audiovisual, BRDE,   Mecenazgo Cultural – Buenos Aires Ciudad, Fundación Ernesto Sábato, ICAA, Programa Ibermedia, CNC – Aide Aux Cinémas Du Monde, Ministére Des Affaires Étrangérs et Du Développement International – Institut Français, EFICINE 189, Netherlands Film Fund, Netherlands Film Production Incentive, Protect What Is Precious, CBA Worldview, Alta Definición Argentina.
Y el apoyo especial de UNCUYO Universidad Nacional de Cuyo, Ministerio de Cultura y Turismo de la Provincia de Salta, Instituto de Cultura de Corrientes, Ministerio de Turismo de Corrientes.
Director de Producción: Javier Leoz
Asistente de Dirección: Fabiana Tiscornia
Director de Fotografía: Rui Poças
Directora de Arte: Renata Pinheiro
Vestuario: Julio Suárez
Maquillaje: Marisa Amenta
Peinado: Alberto Moccia
Montaje: Miguel Schverdfinger, Karen Harley
Diseño de Sonido: Guido Berenblum
Mezcla: Emmanuel Croset
Casting: Verónica Souto, Natalia Smirnoff
ELENCO
Daniel Giménez Cacho, Lola Dueñas, Matheus Nacthergaele, Juan Minujín, Nahuel Cano, Mariana Nunes, Rafael Spregelburd, Carlos Defeo, Willy Lemos, Ivan Moschner, Daniel Veronese, Vando Villamil, Paula Grinzspan.
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