Una fuga de agua, entrevista a Gonzalo de Otaola

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Una Fuga de Agua, de Gonzalo de Otaola, es una comedia dramática que aborda los vínculos entre cuatro hermanos que se reencuentran después de varios años. Lo importante es cómo esta relación familiar va generando diferentes sentidos en el espectador a través de una obra muy simbólica.

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En el 2016, Gonzalo comienza el Taller de Dramaturgia con Javier Daulte y allí escribe esta, su opera prima. Una vez terminado el primer borrador, comenzaron los ensayos y allí se fue perfilando el producto final. De este proceso, nos habla el autor en esta entrevista.

Contanos un poco la génesis de esta primera obra tuya y cuánto cambió desde ese primer borrador en el taller de Javier Daulte.

Una fuga de agua surge a partir de un cuento. Había mucha lluvia, un charco, y una madre que desaparecía dentro del charco. Había unos hijos que eran testigos de este hecho. Había también un padre. En definitiva, una familia. Al arrancar dramaturgia con Javier Daulte, empecé a desarrollar este mundo. Escribí cinco actos, y mientras escribía el sexto, tanto Javier, como mis compañeros, consiguieron que me diera cuenta de que la obra era este último acto. Todo lo anterior estaba contenido en él, sobraba, y además, al desechar lo previo, me quitaba muchos problemas en cuanto a la espacialidad y me libraba de dos personajes muy secundarios que sin duda iban a ser un problema a la hora de dirigirla. Arranqué de nuevo la escritura, y pasados varios meses, terminé mi primer borrador. Era defectuoso y no tenía final, pero me permitió convocar a Silvina Katz, Carolina Pfaffenbauer, Mara Guerra, Luli Torn, y Jorge Gentile. Arrancamos a ensayar, y a medida que la obra iba tomando forma, me resultaba más necesario reescribir ciertas partes, pero sobre todo, llegar a un final que cerrase todo lo que se iba gestando. Pese a tener una gran claridad en cuanto a los problemas del borrador, no daba con la forma de solucionarlos. Entonces Javier nos sugirió invitar a gente a nuestros ensayos. Esto nos permitió tener otra conciencia de lo que estábamos haciendo, y finalmente, cuando la paciencia empezaba a flaquear, se nos reveló la solución. No fue algo inmediato. Pero ocurrió. Después, el final vino solo. Siempre había estado ahí. Simplemente, no habíamos sido capaces de asimilarlo.

¿Cuánto de tu carrera en Dirección y Realización Cinematográfica influye en tu dramaturgia o en tu trabajo como director?

Calculo que mucho, puesto que ha habido bastante gente que me ha señalado que la obra tiene un aire muy cinematográfico. Yo no soy muy consciente de ello, pero es lógico que así sea. Siempre fui un apasionado del cine. He visto miles de películas, he pasado miles de horas en cines, filmotecas e incluso videoclubs. Tampoco me parecen mundos tan distanciados. Tanto el cine como el teatro son formas de expresión audiovisuales. Antes los directores de cine se formaban en teatro, como es el caso de John Cassavetes, uno de mis directores favoritos. Yo hice el camino inverso. Es algo de esta época. Me refiero a que hoy en día no es tan raro hacer este camino. En España, después de la crisis del 2008, muchos directores de cine incursionaron en el teatro. Acá está como referente Mariano Pensotti, a quien admiro mucho. Si bien en el cine y en el teatro son muy distintos los modos de producción, los procesos, los tiempos, en definitiva no son más que formas para un mismo fin: contar una historia.

¿Por qué elegiste Buenos Aires y sus actividades teatrales?

Porque tiene una escena incomparable. No conozco otra escena tan rica a nivel teatral como la de esta ciudad. Y eso se debe a que hay un montón de gente que la enriquece diariamente, gente que actúa, escribe, dirige, y que lo hace apasionadamente. Pero es que además cuenta con un público ávido que completa el círculo y sin el que sería totalmente infructuoso dedicarnos a lo que nos dedicamos.

El título de tu obra es muy simbólico, ¿qué lugar ocupan los símbolos en el resto de la obra?

Lo ocupan todo. Una de las cosas que más me preocupaban cuando me decidí a dirigir Una fuga de agua fue que la obra no tiene un conflicto principal. Son cuatro hermanos que se reúnen porque uno de ellos quiere comprar la casa familiar. El problema es que ya desde el principio todos los personajes están de acuerdo, por lo tanto no hay conflicto. Tampoco cuenta con una trama atrapante en el sentido de que no ocurre nada del orden de lo extraordinario. La obra se sostiene gracias a la carga simbólica que incluye a los personajes, los vínculos, los recuerdos, las rencillas, los rencores, las diferencias, y todos esos pequeños misterios del pasado que contiene este particular universo familiar. Y por encima de todo ello, está esa sensación opresiva que hizo que todos ellos se sintieran expulsados de esa casa, de esos padres, y de esa familia,  y que es a lo que hace referencia el título.

Una fuga de agua aborda varios temas, ¿cuál de ellos es el que vos quisiste destacar?

Del mismo modo que no tiene conflicto, la realidad es que tampoco resuelve nada. Evidentemente, los personajes no son los mismos una vez que termina la obra. Lo que acontece en esta noche les cambia, pero no necesariamente les une para siempre. No les hermana. No se solucionan las cosas entre ellos, pero algo se destapa. Así que trata de la aceptación. Creo que lo mejor que uno puede hacer con el pasado es aceptarlo y seguir para delante.

Funciones: viernes a las 20; Reservas: Alternativa Teatral; Espacio Callejón Humahuaca 3759 – CABA

Facebook: https://www.facebook.com/fugadeagua/

fotogota3Gonzalo de Otaola (GOTA). Es autor y director. Nació en Madrid, en 1977. Es Licenciado en Periodismo, y Diplomado en Dirección y Realización Cinematográfica en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos (TAI) de Madrid. Llegó a la Argentina en enero del 2006, fecha desde la que ha realizado un progresivo abandono del mundo audiovisual para dedicarse íntegramente al mundo teatral.