Flores blancas en el mar, Gabriela Romero

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“Hace unos años escribí una obra muy corta (tres mil caracteres) para un ciclo de Teatro breve, organizado por uno de mis maestros, Ariel Barchilón. Alguien una vez  me dijo: Es muy potente. Tenés que escribir una obra larga con estas dos hermanas”: así cuenta Gabriela Romero la génesis de Flores blancas en el mar, una comedia dramática que trabaja muy bien la combinación entre humor, ironía y dramatismo.

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Lila y Violeta son las dos hermanas que luchan para sobrevivir y para no perder su casa. Por esto, aceptan la propuesta de cuidar al tío Tito por una suma que les permitirá solucionar sus problemas económicos. Sin embargo, todo se transforma en una pesadilla que se va haciendo cada vez más densa.

Como en toda familia, también aquí hay secretos que pesan y que determinan el futuro de las protagonistas. En este sentido, está muy bien lograda una atmósfera siniestra que se sustenta en lo que no se sabe, pero también en la figura del tío, una amenaza omnipresente en la que se traduce el machismo, la violencia, el sometimiento y la vergüenza.

Hablábamos de pasajes humorísticos, y estos se relacionan con otra línea argumental que se enlaza con la anterior: hace siete años que Lila espera a Mario, un novio marinero que se embarcó con la promesa de volver. Para conseguir que su regreso se haga efectivo, está dispuesta a viajar a Brasil el 2 de febrero y pedirle a la Reina del Mar su deseo más apremiante. La inocencia de Lila, su propia interpretación del culto a la Reina, sus argumentos infantiles a la hora de defender a Mario muestran los momentos distendidos de la obra que permiten que las dos mujeres, pero también el espectador, se relaje un poco dentro de la tensión en la que ellas viven.

La obra se completa con otros dos personajes, la tía –un ser enigmático– y Travolta –un pretendiente de Lila que no se resigna al desamor–. Nora Kaleka, Cecilia García Moreno, Carolina Mugetti, Max Acuña son los encargados de ponerle el cuerpo a los protagonistas y de “permitir que el actor dé lugar al personaje, y ese personaje luego desaparezca para que surja el Ser”, como también explica Gabriela Romero.

Asimismo, colaboran para la creación del clima la escenografía, los objetos en escena, la música y la voz del tío, un sonido potente, gutural, que recuerda ciertos pasajes del teatro del absurdo.

Por último, Flores blancas en el mar entretiene, conmueve, nos hace reflexionar, porque nos enfrenta a seres contradictorios, por momentos queribles y por otros no tanto, que nos recuerdan que en todos nosotros existen sentimientos nobles pero también pasiones que no siempre nos llevan a zonas felices.

Ficha artístico técnica

Actúan: Nora Kaleka, Cecilia García Moreno, Carolina Mugetti, Max Acuña; Asistente de dirección: Pedro José Sánchez / Diseño de luces: Leandro A. Pérez ; Diseño gráfico: Mariana Rovito; Diseño de sonido: Pedro José Sánchez; Arte: Paula Amante; Escenografía: Carla Iglesias; Realización de vestuario: María Rodríguez; Fotografía: Carola Etche; Producción Ejecutiva: Cristina Sisca; Dramaturgia y Dirección: Gabriela Romeo; Prensa: Simkin & Franco.

Funciones: domingos 17,30; Teatro: La Ranchería; Dirección: México 1152; Entrada general: $200. Estudiantes y jubilados $150; Reservas: por Alternativa Teatral o al 4382-5862