“La actividad del actor es colectiva”, entrevista a Fernando González Oubiña

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Fernando González Oubiña es actor, autor y docente, egresado de la Escuela Nacional de Arte Dramático y de la Escuela Municipal de Bellas Artes. Actuó en cine, en teatro y en televisión, y ahora va a dictar un Seminario de Artes Escénicas, dirigido a todo aquel que se interese en la actuación.

En una charla con Leedor, Fernando nos habla de la labor del actor y de su trabajo como docente.

¿Cómo definirías a un buen actor?

Un buen actor es uno que está disponible, que no aborda nada desde el prejuicio ni desde el preconcepto. En escena, todo debe acontecer desde el cuerpo, la mente y comprometer el espacio. Es una realidad paralela que hay que convocar, y si no estás completamente disponible, no se logra. Un buen actor hace de la entrega a lo requerido por el personaje su religión. Un buen actor no plantea problemas o antepone divismos, está comprometido a solucionar a “descomplicar”; para eso necesita elementos, los que adquiere preparándose académicamente para esa tarea que demandará toda su sangre. A un buen actor no le queda nada guardado o en reserva después de la función, se va a su casa agotado como cualquier laburante.

La proliferación de escuelas de teatro, ¿habla de una necesidad de aprender a actuar o de una moda?

Las escuelas de teatro de la enseñanza oficial, digamos para nominarlas de alguna manera, son escuelas de una completa formación. Hay zonas de conocimiento teórico que raramente se hallan en cursos de teatro, incluso los de los grandes maestros, que nuestro país los tiene y son brillantes, pero a veces uno percibe que necesita reforzar ciertas cosas, que te tocó un profesor en alguna materia que no te convence, o no llegas a sintonizar con él o ella, y eso lesiona el proceso de aprendizaje; es entonces cuando buscás un apoyo externo. Durante mis años de cursar la carrera con regularidad en la ENAD, hoy UNA, hice esto de salir del conservatorio a reforzar ciertas zonas. Cursé con varios excelentes profesionales que me aportaron invaluables elementos, y me alegro de haber seguido mis instintos, ya que salí siempre enriquecido. En este seminario de artes escénicas me propongo aportarle soluciones al alumno-actor. Estos “refuerzos” son individuales para cada sujeto; no hay dos procesos de aprendizaje iguales, y es imposible estandarizar los contenidos. Mi tarea es encontrar el modo que me permita, por distintos caminos, que cada uno llegue a buen puerto, a ser el más sensible y disponible artista dentro de las posibilidades individuales de cada potencial expresivo. Creo que la cantidad a la que hacés referencia en la pregunta responde a una necesidad. Somos junto con New York y Londres la capital de un país donde se hace mucho teatro; no sé si no estaremos en un primer lugar ya. El off es fascinante, en Buenos Aires la oferta teatral se diversifica constantemente con tendencias como teatro aéreo o performances callejeras; he visto teatro hasta en el subte, sin acústica alguna y peleando por comunicar. Habiendo semejante oferta hay un entusiasmo en el hacer, y eso es maravilloso y saludable.

¿Qué cualidades tiene que tener alguien que enseñe a actuar, más allá de los conocimientos relacionados con el teatro, el cine o la televisión?

El que enseña a actuar comunica una pasión. Tiene algo para dar y no puede eso quedarse adentro, hay que ponerlo a rodar, la cadena tiene que sumar eslabones. En mi caso surge de la necesidad personal, de preguntar ciertas cosas y no tener respuestas, y en comenzar mi proceso de ser el artista que imaginé. No me gustó nunca el maestro en la torre de cristal, el que pontifica, y aún menos aquel maestro que saca actores fotocopia, donde todos son marcados con su sello: eso es pura soberbia. Lo mejor, lo más deseable, es que sea un actor personalísimo, no un actor “del método”; es el método el que debe servir al artista y no al revés. Me peleo mucho con el concepto de ser como otros grandes y seguir mansamente su tendencia estética. Si eso sucediera estaríamos cometiendo el peor de los pecados, incluso peor que el pecado borgeano, estaríamos negando nuestra individualidad de cada ser que palpita y suda en escena o frente a una lente. Mi desafío es formar artistas que comuniquen un mensaje y desempeñen su función social. El resto son estrellas, pero no necesariamente las estrellas son artistas. Por otra parte, me importa mucho proveer soluciones, detectar problemas en el proceso de comunicar y ajustar esas cosas puntualmente. Es un seminario grupal, pero es como si diera diez o veinte lecciones individuales.

¿Por qué considerás que la actuación en cine o en teatro tiene un mayor prestigio que en la televisión?

Los prestigios son relativos como tales, y tramposamente están determinados por el mercado, ese organismo sin alma que emite los contenidos que sean redituables económicamente; se retroalimenta en ese mirar el propio ombligo justificando con supuestos requerimientos del grueso de un público, como cosa abstracta, que termina siendo nadie, que es un concepto mentiroso y que sólo es funcional a objetivos de difusión que benefician a grandes grupos económicos. Ninguna actividad escapa de esa lógica alejada de todo ideal, ausente hasta de moral. La TV como medio de trabajo para el actor ha prácticamente desaparecido y de manera desesperada la actividad actoral ha migrado hacia otros soportes y lugares. Hoy en día es mayor la audiencia que pueda tener un canal de YouTube que un canal de aire o de cable, que otrora fueran emisores privilegiados para las masas. Al democratizarse el vehículo del proceso de comunicación, existe una necesidad de formarse en métodos nuevos para ser capaces de abordar eso, y se hace desde una educación artística clásica, académica como la que yo recibí. Ser capaz de abordar otros canales expresivos no es poca cosa. No es lo mismo una toma, con el aparato de un móvil de exteriores, sus prestadores externos a la estructura de producción, asistentes, productores, maquilladores y un ejército de técnicos, que el youtuber que sale con un par de amigos y un par de celulares a registrar una realidad cambiante, pretendiendo modificar su entorno, queriendo comunicar su idea y descubriendo dinámicamente si esto es factible o no. También hay quienes hacen esos registros para denunciar realidades sociales, todos escenarios válidos para la interacción con el entorno y las propias aspiraciones. El cine atraviesa un gran momento a pesar de ciertas variables económicas muy desfavorables; el cine tiene una proyección internacional difícil de lograr por el teatro. Pero el que “castinea” para cine tiene que ser, no hay tiempo de prueba y error; la intensidad, la mirada, la impronta de un actor en cine es decisiva. Por otra parte, todo se amplifica, tu cara va a medir tres metros en un close up en pantalla, el director te guía, y en esa relación está el éxito del producto, pero el actor debe conocer el código previamente. Teatro es el origen de todo, es por donde se empieza, es el génesis del arte de actuar, heredero de los rituales paganos y de las evoluciones de los coreutas en el teatro griego. El teatro es un espacio sagrado y reverencial, hay que enseñar minuciosamente a respetarlo.

¿Cómo surge esta propuesta del seminario?

Surge de Galería Arenales, un espacio privilegiado para todo ejercicio artístico, un petit hotel de estilo clasicismo francés que alberga exposiciones y cursos en Arenales casi Riobamba, y surge también de la insistencia de mis amigos en que dicte en Buenos Aires los contenidos del curso que dicté en el Osceola Center for the Arts, en Kissimmiee, FL., USA y en el Central Florida Theatre Alliance en Orlando, FL., USA. Intermedió un amigo productor de contenidos que será alumno del curso, quien conocía a Alejandro el dueño del espacio y de otro amigo director que insistió mucho.

¿Por qué un seminario y no otro formato como un curso o un taller?

El formato seminario es otro de los requerimientos de Galería Arenales, ya que la mayoría de la oferta académica allí tiene una duración de tres meses, todo un desafió para mí que he dado siempre cursos anuales o semestrales con clases de cuatro horas de duración. Parece que en la actualidad eso es una demasía, así que adapté los contenidos a tres módulos: el primero que inicia el 19 de setiembre y finaliza el 15 de diciembre, introductorio a la noción de actuación multiplataforma; el segundo orientado al quehacer teatral y el último hacia fines de 2018 acerca de la actuación en los diversos soportes audiovisuales. Creo que es más dinámico el tránsito para el que no tiene experiencia y será puntual para el que es profesional, porque como te dije antes: hay diez alumnos y son diez clases distintas las que me toca dar. “Cada ser humano es un abismo y da vértigo asomarse a él”: me encantaría ser autor de estas geniales palabras, pero son de Georg Büchner.

¿Cuál es el eje alrededor del cual se organiza el seminario?

El eje, el norte absoluto de toda esta cuestión se reduce a una sola palabra: eficiencia. Lo requerido es eso, por ahí empezamos. ¿Y cómo logra un actor novel esto? Se educa artísticamente, a veces, desde un hedonismo raro, donde se parte del supuesto falso que el artista va a tener su espacio, va a poder relajarse y vocalizar, incluso un lugar físico para guardar su ropa y demás pertenencias. Muy pocas veces sucede eso: uno debe robarse, casi rapiñarse esos espacios para disponer el cuerpo y calentar la voz, pero ese espacio no está contemplado en una grilla de grabación, te lo puedo asegurar. Así el alumno recién egresado se choca de narices contra un medio que le puede parecer hostil, que lo desmoraliza y desmotiva. Ahí está el eje de mi trabajo como docente, en hacer caer las vendas de los ojos y hablarles de mi experiencia en teatro, TV, cine y radio en Argentina, USA, Brasil, España e Italia. Transmitirles no solo mis conocimientos y trucos, sino la capacidad de desarrollar los propios como estrategia indispensable para ser exitoso; y el éxito no es sostener escandaletes que te suman horas en pantalla, el éxito es hacer lo que es tu pasión, que te reconozcan por eso, y vivir de ello. Al menos tener todos los elementos para intentarlo intensamente, ardorosamente. El reconocimiento llegará y está cifrado en la constancia, también en el talento. En mi caso son cuatro premios internacionales como actor, autor director y docente, que me dieron fuerza para remontar toda dificultad, hasta la hostilidad de los diversos soportes que he transitado en una tarea en la que he estado ocupado los últimos treinta y seis años, comunicando lo que amo hacer.

¿A quiénes está dirigido?

El seminario está dirigido a todos. Ahora vos y los que leen pensarán que es inaceptable mezclar a gente que nunca transitó la actuación con otros que sí, hasta con un profesional que quiere entrenar. Yo pensaba lo mismo. Y la experiencia de más de veinte años de dar clases de actuación me ha demostrado lo equivocado que estaba. Se produce un fenómeno interesantísimo de retroalimentación. El que sabe desarrolla una escena y genera impacto. De pronto el principiante quiere estar a esa altura, se esfuerza, utiliza tanto la astucia como la inteligencia y en esa batalla se supera inmensamente, se enriquece, encuentra claves. El que ya tiene alguna experiencia se nutre de una espontaneidad sorprendente, muchas veces un desparpajo que da por tierra con preconcepciones, con formas establecidas. Él puede modificar o sorprender a su compañero de escena y potenciarlo, darle claves expresivas en su frescura.

El profesional observa este laboratorio humano y puede llegar a ser el más beneficiado en un corto plazo, porque es un decodificador de sistemas expresivos avezado; es el que puede aplicar lo cosechado más rápidamente por su inserción laboral. Entonces a mí me toca siempre ver un fenómeno social más que una clase de actuación. La mezcla es muy enriquecedora. Mis alumnos me han dado claves de muchas cosas, sin proponérselo, y llega el momento que nos cruzamos en un set, en un escenario y es un momento mágico, ejemplificador de lo que es la vida misma, que nos iguala, como debe ser: la actividad del actor es colectiva. Todos nos necesitamos. Todos somos esenciales.