Planes de fuga todavía peores, entrevista a Macarena Trigo

0
0

El 2 de septiembre, se estrenó Planes de fuga todavía peores, escrita y dirigida por Macarena Trigo, una obra que habla sobre hacer teatro y sobre qué les pasa a los actores cuando lo hacen.

- Publicidad -

Macarena nos cuenta sobre el origen de este proyecto que, además, trabaja la intertextualidad con la narrativa y la poesía.

Contanos un poco acerca de novela Talita Cumi, del español Ignacio Abad, que da origen a tu obra.

Conocí a Ignacio Abad cuando éramos jóvenes estudiantes de la vida y el arte. Él ya sabía que era escritor y no tardó en publicar sus primeros poemas. Perdimos contacto y nos recuperamos varias veces a lo largo de los años. Siempre la literatura funcionó como punto de encuentro. Talita Cumi está editada por una pequeña editorial española (Ediciones Leteo, León, 2012), y recién en mi último viaje a España las navidades pasadas, Nacho me la regaló. Quedé embelesada por la voz de un narrador plural, colectivo. Un narrador poeta que juega a ser uno y cientos y que relata sus desventuras en un viaje tan imposible como necesario buscando inspiración temática y formal. Es un libro lleno de humor que no deja títere con cabeza. Su ritmo te arrastra desde las primeras páginas. Su lectura me dejó esa voz plural dando vuelta en la cabeza durante días.

En la novela se leen bellezas de este calibre: “Y entonces decidimos escribir la poesía de todo lo que aún no habíamos vivido, lo que anhelábamos, lo que se configuraba como sueños, como deseos (…) Trabajamos sin pausa durante meses. Nos llenamos de palabras, de signos de metáforas. Y finalmente nos sentamos a descansar en el porche de nuestra casa. Un viento amarillo limón nos bañaba la cara, nos arrancaba las lágrimas más sinceras de nuestra vida. Nos balanceaba en las mecedoras de mimbre. Ya sólo teníamos que esperar, con los sentidos abiertos como brazos abiertos, a que llegara el futuro con toda la belleza de la poesía. Y esperamos, esperamos. Esperamos”.

Su lectura funcionó como un resorte, fue el disparador directo de Planes de fuga todavía peores. Lo que hice fue capitalizar el eco de esa voz polifónica que desgranaba la salvaje existencia de una troupe de poetas y fantasear sobre cómo sería esa banda de rebeldes sin causa, si fueran actores. Cuáles serían sus excusas, sus razones, sus recuerdos sobre la profesión. No se trata en absoluto de una adaptación de la novela, pero me gusta pensar que libro y obra son primos. Algo así.

¿Por qué elegiste un poema de Florencia Sanguinetti para el título de tu obra?

Es la segunda vez que una poeta viene a rescatarme de la ardua tarea de titular una obra. El año pasado, en el libro Desde las bisagras, de Luciana Ravazzani, encontré el título para “Esas cosas que se dicen y son tan extrañas”, obra donde actuaban Jimena López y Fernando del Gener. Fui lectora privilegiada de varios trabajos inéditos de Florencia Sanguinetti y, ese verso, “planes de fuga todavía peores” quedó iluminado y colgado en mi memoria porque empatiza con mi humor y mi universo de contradicciones. Resume muchas de las paradojas del quehacer teatral de las que la obra habla. Siempre me cuesta horrores poner título a las obras y bautizar a los personajes. Casi nunca tienen nombre en las primeras versiones.

¿Cuáles fueron los cambios que realizaste para esta puesta comparándola con la primera versión que escribiste en Barcelona?

La primera versión del texto era un ensayo informal sobre los motivos para hacer o no hacer teatro. De a poco fueron apareciendo escenas breves que analizaban cada argumento expuesto: hacíamos teatro para enamorarnos, para morir un poco cada día, porque no sabíamos hacer otra cosa etc. No había personajes. El texto era una voz colectiva. En los ensayos los actores comenzaron leyendo sin turno, leían las frases cómo querían, cortaban dónde les apetecía… Necesitaba escuchar el texto en boca de todos para decidir quién diría qué finalmente. No me preocupaba la distancia entre el actor y el personaje. Después fuimos descubriendo cómo eran, y empezamos a diferenciarlos y a distinguir tres puntos de vista sobre la vida y el arte.

El texto cambió poco pero durante los seis meses de ensayo se contextualizó, abandonó el plano de la teoría para poder ser abordado como una enumeración infinita de razones personales y únicas para dedicarse a esto que nos gusta considerar como una vocación: el teatro.

Funciones: sábados a las 22.30, en Espacio 33. Treinta y tres orientales 1119. 

Foto de la portada: Sol Soto