Teatro pocket de invierno

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Ficha técnica:
Teatro La Lunares, Humahuaca 4027. Viernes 1, 8, 15, 22 y 29 de Septiembre de 2017. 20 hs.
“CORAZON SOLITARIO”
Dramaturgia y Dirección: Gustavo Lista
Actúa: Diego Blanco
“ESA MIRADA”
Dramaturgia y Dirección: Gonzalo Cabalcabué
Actúan: Lis Iun / Elián Boren
Diseño de maquillaje: Lis Iun
“INOCENCIA”
Adaptación libre de Cuadernos de Infancia de Norah Lange
Adaptación y Dirección: Miriam Castañeda
Actúa: Andrea Martínez
Música original y fotografía: Leandro Valiente
Producción: Circuito Liquen
“LAS SUTHERLAND”
Dramaturgia y Dirección: Analía Mayta
Actúan: Leticia Tómaz / Ruth Palleja

La idea de un teatro breve, sostienen algunos, tiene que ver con el efecto de la crisis económica, que hace muy difícil sostener, por una sola compañía, una temporada completa. La verdad que no sé si es así, aunque suena muy razonable, tomando en cuenta la situación actual, pero lo cierto es que la idea de un teatro breve o, mejor dicho, muchos teatros breves, suena artísticamente muy interesante. Por lo pronto tiene dos ventajas, una que, si la obra es buena, parece dos veces buena y la otra es que, si la obra es mala, al ser breve, no llega a ser tan mala. Pero, además, estimo, al ser exigua, les permite a actores y directores corregir y modificar, buscar errores y eliminar redundancias no deseadas o excesos inútiles, que es en definitiva la tarea del artista.

En este caso se trata del ciclo Teatro pocket de invierno, en el teatro La Lunares. Son cuatro miniobras, como consta en la ficha técnica, muy diferentes entre sí, con la única condición en común que es la de durar 15 minutos. Claro que el tiempo, como ya nos lo señalaba Kant en el siglo XVIII, es una de las principales categorías para los seres humanos y por lo tanto, indefectiblemente debe afectar y condicionar la puesta en escena. No es sólo el texto el que debe acortarse o escribirse según esa restricción, sino que todo tiene que estar pensado en función de la brevedad. La clave es que no haya un gran intervalo entre obra y obra y para ello hay que acomodar las luces y planificar, cuidadosamente la escenografía, apelando a cierto minimalismo. Y esto es todo un desafío.

La primera de las obras es un unipersonal. Una estrella del mundo de la música romántica, un Sandro neoclásico más que posmoderno. Un Nietzsche de la canción melódica que reflexiona para la prensa alemana, sobre el ascenso y la caída, sobre el puro cuento que se esconde en la Fama. El ritmo se incrementa de a poco, ya es tiempo de salir a escena.

La segunda nos lleva a un ámbito muy diferente. Una pareja, un encuentro que por cotidiano no deja de tener algo único y tal vez definitorio. Una encrucijada y una apuesta que genera dudas, incertidumbre, ¿rechazo? y hasta temor. Un amor que, detrás del cariño manifiesto, esconde algunas preguntas sin respuestas.

La tercera de las puestas es un viaje a la niñez desde la mirada de una actriz que no deja nunca de jugar. Una experiencia estética y nostálgica, matizada con el humor absurdo de los juegos infantiles. Un veloz paseo por las intimidades tanto familiares como individuales. Un vistazo a aquellos inconfesables pensamientos, que apenas son contenidos por un cierto pudor social.

Con la última obra nos vamos de paseo al circo. Pero a la trastienda, o mejor dicho a la trasaltura; no al backstage sino al highstage. Allí, al borde del precipicio, nos entregamos al vértigo del trapecio y de las relaciones fraternales. Confesiones terribles en el medio de la adrenalina previa a la función. Confesiones terribles que, paradójicamente, generan risas en el espectador.

La experiencia del teatro pocket es interesante, al menos desde el punto de vista del espectador. Nos da la posibilidad de ver un variopinto collage teatral, una diversidad de temas, estilos y sensaciones. Una experiencia que, como dicen sus organizadores, nos podemos llevar en el bolsillo.