“Ella va a cubrir mi cuerpo de jazmines”

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“Pongo un bebé a la teta y bajo”. La espero en la confitería del Sanatorio Güemes. Siempre me intrigó que habiendo sido parte de la tribu artístico-performática más vanguardista, la del Buenos Aires de los años 80, trabajando en la cocina de “El Dorado” con menos de 25 años, toda la noche en pie,  miembro de esa fauna anticonvencional y sorprendente, cómo ella, justamente, habia devenido puericultora, dedicada a la temprana vinculación mamá – bebé….

La veo llegar a Lucrecia Rojas, con su guardapolvo blanco, nos conocemos bastante como para sentirnos cómodas. Me da gusto verla y siempre me sorprende su belleza salvaje claramente desprendida del condicionamiento  de la mirada masculina que domestica y tornea. Nos saludamos, conversamos y esta vez si, le pregunto:

-Lucre,  ¿cómo fue que te hiciste puericultora con la historia que viviste?
-Siempre cuidé porque “soy cuidadora”, contesta y agrega: La cuidé a Maresca. “Qué buen timming tenés -me decía ella-  nadie me da de comer como vos”.

Tauro-tauro una combinación tenaz. Un encuentro sensible y sensorial. Dos bellas, una en la plenitud y la otra 17 años menor, avasallante. “Ella adoraba mi juventud que a la vez detestaba, y yo su sabiduría, que me la daba o no me la daba…” me dice.

Maresca vivía en su casa de la calle Estados Unidos, alquilaba a quienes ella quería los cuartos que le sobraban. “Vivía” de esa renta. Entre otras personas, le alquilaba a Daniela, una chica q daba clases de teatro. Lucre iba a la casa para colaborar con esas clases y conocía a Liliana de vista, quien por esos tiempos estaba desarrollando dos de sus obras,  “Kermesse” y “Recolecta”.

Con el tiempo Lucrecia viviría en esa casa.

Comenzaron a tratarse en Brasil, en casa de Paula, donde Lucre se alojaba mientras trabajaba en un bar de temporada. Ahí llegó Liliana con su hijita Almendra, de 10 años, se pegotearon y mucho Lucrecia, Liliana y Almendra. Una noche la nena le dice a su mamá:

“-Ma, me parece que estoy enamorada de Lucrecia”

-“Y yo también”,  responde Liliana

Vivieron platónicamente 15 días en el deslumbre del encuentro.

Sabrás con mano segura cortar la dulce atracción,
Va en eso la vida entera
La calma del corazón

Estos versos se le revelan a Lucrecia accidentalmente, en un libro del bar “Bolivia”, y la dejan pensando, acababa de volver de Brasil.

Maresca, extrema y equilibrada, zarpada y controladora. Podía soltar y dejar fluir,  pero era la de la casa impecable, la que no se olvidaba de cobrar el alquiler y si bien esparcía objetos de sus construcciones por todos lados, las flores no faltaban.

Espontánea, intuitiva, iba al mercado, conversaba y elegía los alimentos para comprar. Se armaban unas comidas muy divertidas, la casa era un lugar lindo, con comida rica.

“Otro verano, llegando  a Cabo Polonio me puse a ubicar la casa donde ella se estaba alojando entre las que le habían gustado para alquilar. Caminando descubrí una  ventana con un florerito lleno de flores silvestres, me acerqué y vi un plato con frutas y un copón de metal para el agua, esa era la casa, esa era Maresca. Voluntariosa y organizada,  sabía juntar gente para su proyecto. Vivíamos y compartíamos esa forma de vida como en una burbuja.”

“Cuando fue lo de los cajones de muertos, la obra Wotan-Vulcano, en el ´91, justo antes de una inauguración a la que asistiría Carlos Grosso, por entonces Intendente de Buenos Aires, la llaman por teléfono del Recoleta para avisarle que tiene que retirar los cajones porque el olor a muerto invadía el Centro. En el apuro hubo que sacarlos por las ventanas.A pesar de la emergencia ella se “mataba” de risa de solo pensar en Grosso comiendo el canapé entre el olor a muerto, cosa que sucedió. Para Maresca, esa era la obra.”

Maresca se murió sin pensar que era una gran artista, ella se divertía y era lo que le gustaba hacer, se hacía una reunión en el Rojas para hablar de arte y ella armaba un barullo con estruendo en medio de la reunión. Vital y para nada solemne, frente a un texto sobre su obra, podía decir  “¿ah eso pensé yo?”

Bella en muchos sentidos, también se la ve así en las fotos de Marcos López, sin embargo no se puede negar, es la mirada de un varón.

“Ella era más trash, un trash esencial no por bardera, que lo era y mucho, sino por el pelo cortito, los pantalones rotos, la remera rayada, los ojos sólo pintados con violeta… ella era más chongo yo era mas minita”.

Era muy bonita, como se la ve en Frenesí, con una remerita, muy sencilla, muy directa y como lo cuenta María Gainza[1]

Acerca de la obra Recolecta: la de los carritos cartoneros, Lucre la recuerda conversando con León Ferrari:  -“salí a la calle y vi que había un cartonero, dos,  más, yo pensé, este es el símbolo nacional… ¡del menemismo!” … “me fui a Warnes y hablé con un cartonero”.
– Ah ¿te metiste a hablar con un cartonero? le dice León. -¡Claro!, le responde. Y ahí nomás,  le alquiló uno montado y otro lo compró y lo laqueó. No había tanto carrito de cartonero, pero ella tuvo una visión, la de todos los que iban a haber y del tren blanco” cuenta Lucrecia”.

Todavía faltaba mucho para atravesar ciertos prejuicios. El mundo de las lesbianas siempre estuvo invisibilizado, en el Rojas solo veíamos a Urdapilleta, Barea, etc, todos varones. Este fenómeno lo explica una amiga antropóloga de Lucrecia :“se trata de un tema jerárquico, una cosa es un varón quien habiendo nacido en “lo más alto” se quiera bajar al lugar de la mujer y otra cosa es una mujer – en todas las culturas pasa, quiera igualarse con el varón”. Muy “careta” la sociedad en aquella época. Las lesbianas de ese momento eran las más jóvenes y no lo “disimulaban”, las más grandes, si.

La relación con Maresca fue de muchas idas y venidas, igualmente siempre se siguieron viendo hasta la muerte de Liliana.  Fue una relación muy fuerte. Lucre vivió con ella un tiempo, después se compró una casa y se fue, pero a partir del VIH, cada vez que Liliana se enfermaba Lucrecia  se mudaba a la casa de Maresca y se quedaba allí para cuidarla. Habían tenido una relación muy abierta,  pero ya no. Estaban, al decir de Lucrecia, “re pegoteadas” por esos tiempos.

Fue un enganche muy fuerte, se separaban y se seguían viendo igual. Mas adelante, en la época de la enfermedad, la podían pasar muy bien, se reían mucho, dormían la siesta, Lucre la cuidaba, le cocinaba. LM decía “quiero ver el mar”, y Lucre llamaba a un amigo con auto, la cargaba y se iban a la playa, la bajaba a caballito porque ella no podía caminar, le tapaba un ojo porque veía mal, era toda para ella y en ese darse, Lucre cuenta que  el último tiempo en la vida de Maresca, fue hermoso.

-“Qué bueno que no me achiqué, que no me asusté frente a lo que le pasaba a Maresca, yo tenía 26 años…”

“Maresca se la bancaba de aquí a la china, por ahí nos ibamos a dormir la siesta y me decía: -te va a gustar el cementerio alemán. Yo me voy a morir en verano y vos ¡te vas a poner una minifalda y escote…!” Reían juntas. Allí estaban su mamá y su abuela y ella quería que la pusieran con su mamá, en la tierra, años después sus cenizas se esparcieron en el mar, en Necochea.

“El ultimo tiempo fue lindo yo era re feliz, la guerra de “quién quiere más a la otra” era del pasado, eso había terminado. Yo era bravísima, salía con chicos y chicas y ella no era… extremadamente suelta, era zarpada  para hablar, sobretodo. Y tenía una voluntad y determinación infinitas… Hace 6 años que dejé de hablarle cuando manejo”

“En los últimos tiempos, yo sabía que se iba a morir y quería disfrutarla mientras ella estaba. Comprar el helado que le gustaba, mirar la tele y comer en la cama… todas esas cosas las disfrutábamos en extremo, hablar hasta cualquier hora, leer libros entre las dos. Cuidándola yo fui feliz, re feliz.

Ella primero tuvo una enfermedad que casi se muere, se recuperó y vivió dos años más

Espacio disponible fue la obra después de su primera enfermedad, la gente llamaba por teléfono,  ella conversaba con la gente… El colmo fue Maresca se entrega e  Imagen pública con las tapas de Página12. “¡Me sacaban esas obras después de haber estado tan mal de salud!”

Finalmente se enfermó a fin de febrero para ya no recuperarse. Lucre se la llevó a la casa donde la vería el médico que la trataba.

-“Vos sos gallina vas a tener mil  hijos, casate con el Dr. Losso”, me dijo un día. Y como yo soy muy obediente, le hice caso. Fue mi marido. Y tuvimos tres hijos.”

“Los últimos 10 días, estuvo medio perdida, fue Marcia (Schvartz) a verla y Liliana le dijo (refiriéndose a Lucrecia), “ella va a cubrir mi cuerpo de jazmines” .Se murió un 13 de noviembre.

Fue así que cuando Lucre avisó de la muerte de Liliana, pidió a todos que vinieran con jazmines y cubrieron la cama con ellos. A las 6 de la tarde se murió y se cortó la luz, estaba lleno de amigos, era una fiesta,  trajeron velas hasta las 12 de la noche cuando Lucre junto con Almendra pidió a todos que se fueran, necesitaban descansar.

Juntas habían llevado dos cuadernos araña uno rojo y otro verde donde escribían en paralelo “los últimos meses de ella y los míos con ella”, dice Lucrecia y agrega “en uno de esos cuadernos me escribió, “Gracias nena”.

[1] El texto de María Gainza que es parte del libro LILIANA MARESCA editado por el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, da cuenta de la “verdadera” L.M. en la opinión de Lucrecia Rojas.

Leé sobre la muestra de Maresca que está teniendo lugar en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires: Liliana Maresca: El ojo avizor. Obras 1982 – 1994