Caravana, de Juan Onofri Barbato y Amparo González Sola, en Buenos Aires

0
0

…Todo el tiempo teníamos la sensación de que la obra era una excursión, un viaje. La palabra caravana nos llevaba a eso, una caravana de imágenes, futuras, primitivas, ambiguas, imposibles…

- Publicidad -

Así cuentan Juan Onofri y Amparo González el surgimiento el título de la obra que finalmente se estrena en el CC San Martín de la Ciudad de Buenos Aires luego de haber pasado por Holanda y por La Plata, en una coproducción con el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata (TACEC ) y del SPRING Performing Arts Festival de Utrecht, Holanda.

Desde la gestación de Duramadre y el grupo KM29 hasta aquí, Amparo y Juan han trabajado juntxs mucho y dedicadamente. Este código común  se evidencia y se disfruta entre otras cosas porque Caravana es una obra de relaciones. Los personajes son más de dos e incluyen los dispositivos lumínicos y su manipulación, el sonido, el suelo  o la permanente conciencia-desafío de la gravedad, el espacio y el tiempo como duración.  Los artefactos, los elementos todos, el vestuario en calidad de cosas, la música incluso son manipulados, tocados literalmente, ubicados, desacomodados, movidos con la misma pericia con que ambxs mueven sus cuerpos.

Me detengo en la palabra pericia. Caravana es una obra de trabajo. Desde la obviedad. Evidencia horas, muchas horas de ensayos. Y desde las vísceras: los cuerpos están expuestos a la tarea de bailar, al oficio de la danza. Pero eluden además la forma simple, el paso resuelto. Cada pequeña secuencia de movimientos está trabajada al detalle y suma además tiempo. Tiempo de ensayos, tiempo de permanencia, tiempo de prueba. Tiempo hasta que se concluye para pasar a otra cosa-imagen. Los cuerpos sudados manipulan luces, amplificadores, equilibrios, papeles, alfombras, ritmos. No se escatima ni recursos ni energía. Y todo junto irá a parar a un gran potlatch final.  Una gran desmesura. La danza como trabajo y el trabajo de danzar.

El plano sonoro,  a cargo de Ismael Pinkler construye imágenes  junto con los cuerpos. Se acoplan, se intuyen, se alejan, a veces se saturan. Los vínculos entre todos estos actorxs son físicos, tangibles y si unx se atreviera a extender la mano lxs tocaría fácilmente porque además están muy cerca. Como los tubos de luz que mueven y combinan hasta generarnos más que inquietud, incluso temor. Porque Caravana también es una obra de sensaciones. Estamos cerca de la luz “peligrosa” y del sudor de los cuerpos que no para de caer. Al lado de los amplificadores, alrededor del recorrido, en medio de estos vínculos de mutua escucha y espacialidad.

Si no estuviéramos tan adaptadxs a las convenciones creo que varixs nos hubiéramos dado el gusto de romper completamente la barrera de espectadorxs-performers,  de ingresar  al espacio  escénico y sostener  temerosamente un tubo, de intervenir alguna de esas formas móviles, de bajar el sonido cuando saturaban los graves o de pasarles una toalla por la frente. Intensidad y contagio del deseo de bailar. En tiempos de espanto y engaño comunicacional vaya si se agradece.

Mirá el trailer de la obra: 

Jueves y viernes 21 hs de agosto y septiembre CC San Martin, Sarmiento 1551, CABA.
Entradas: 130 pesos

foto:  Sebastian Arpesella