La música como semilla que se lleva dentro, entrevista a Diego Mendiboure

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Diego Mendiboure es un músico de reconocida trayectoria que tiene un interesante proyecto personal y ha trabajado con otros grandes músicos: Antonio Carmona, Pedro Ojesto (Flamenco Jazz Company), Sandra Mihanovich, Marisela Verena, Oscar Gómez (productor de Celia Cruz y Joan Manuel Serrat). Pero además es un compositor con un costado introspectivo, reflexivo, y uno de esos hombres que siempre opta por el camino del corazón.

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Se presentó recientemente en Borges 1975 a sala llena y supo envolver a la audiencia con su candor. En sus planes más próximos tiene, primero, agendado en Buenos Aires, brindar en Circe su show de flamenco jazz el viernes 25 de agosto (con Jordán Migues en percusión y artistas invitados), luego viajar a México a presentar el espectáculo Versos de Cuba, sobre el poeta José Martí, y lo que no puede faltar: grabar hacia fines de año su primer disco solista.

Diego comenta que sus letras son todas autobiográficas, no se imagina historias sino más bien relata lo vivido: “Escribo sobre mí, a veces literalmente, a veces no tanto, con metáforas, sobre emociones propias, momentos propios, que cuando canto no es que me acuerdo exactamente del momento pero sí las emociones de esos momentos me vienen al cuerpo y a la mente y eso es lo que canto”. Tengo el privilegio de que me canta muchas de sus letras mientras transcurre la entrevista (pueden leerse en bastardilla).

Su gran maestro de guitarra es David Amaya. También estudió en el conservatorio J.J. Castro el ciclo básico y luego continuó su formación en otros ámbitos, como EMPA y La colmena.  En la Universidad de Flamenco de Madrid, retomó con sus estudios no formales y también dio clases de armonía. Como instrumentista, además de la guitarra, toca el bajo, el tres cubano, la batería, el cajón, tumbadoras, bongó, piano, charango y el cuatro venezolano.

¿Cómo definirías tu música?

En mi búsqueda compositiva yo me meto mucho en los géneros para estudiarlos pero después hay una necesidad mía de desidentificarme. Lo que yo hago no es flamenco tradicional, yo trato de plasmar mi búsqueda, mi sonoridad, y mis ideas, mis letras. Podemos decir que es una música ecléctica, tiene flamenco, jazz, improvisación y ritmos latinos. Me cuesta encasillarme.

¿Tu nuevo disco es de flamenco jazz? ¿Qué tiene de jazz y qué tiene de flamenco la música que vos hacés?

Escuché a Herbie Hancock hablar del género jazz y es de las músicas que menos se identifican con algo. La chacarera, por ejemplo, es una estructura muy rígida; el jazz es una música muy libre, compositivamente fue evolucionando de una forma muy grande. Él decía que el jazz era un concepto no un genero tradicional, el jazz derivó en el free jazz y de improvisación libre.

El flamenco tiene un lenguaje muy cerrado, las bulerías, las letras tradicionales, formalmente, compositivamente hablando hay que seguir un montón de formatos. Yo eso lo sé hacer para tablao, baile y cantaores, esa faceta la disfruto porque es un lenguaje tremendo, pero a la hora de componer necesito más libertad…

¿Qué nos vamos a encontrar en tu nuevo disco?

Va a tener muchos temas con ritmo de flamenco pero mucha apertura melódica y armónica, varios formatos de canciones y algunos temas instrumentales. Todos los arreglos los hago yo. La idea es que haya también una voz femenina, incluso voy a invitar a otros cantantes, hay un par de temas que quiero que lo canten unos cantaores de allá. Que haya músicos invitados.

¿Tenés algunos referentes en la línea de flamenco jazz?

Sí, hay un referente que se llama Josemi Carmona, le mostré mi música en Madrid y le gustó mucho. Él es un gitano, hijo de Pepe Habichuela. Los guitarristas flamencos no saben ni leer ni escribir música, no saben de armonía pero se tocan la vida. Entonces hicimos un intercambio: yo le enseñaba armonía y él me mostraba algunas cosas de su música.

¿Qué particularidad tiene el trabajo con la voz en el canto flamenco con respecto a otros géneros?

Es una búsqueda muy autodidacta. Yo escuché a Estrella Morente decir que para cantar flamenco no había que estudiar canto. A mí me pasa cuando canto flamenco que no me pasa con otras músicas, es como un tubo directo a la emoción, saco unas emociones muy profundas. Pasa algo con los melismas, lo buscás el sonido muy adentro, te cerrás a buscarlo. Con otras músicas es como más para afuera, esto es muy introvertido, eso me gusta. Disfruto mucho de escuchar los cantaores flamencos, buscan cada detalle, hay que estar muy atento a los movimientos, ellos le llaman pellizcos, esa sensación cuando hay algo que te toca.

A veces parece un canto improvisado pero no es tan improvisado, ¿o sí?

Sí, muchos son improvisados. En el flamenco tradicional se manejan estructuras tradicionales pero cuando las reproducís tiene mucho que ver con la energía del momento.

“Mi camino es encontrar la verdad que llevo dentro”, dice Diego citando el nombre de una de sus canciones y yo le pregunto si esa verdad tiene que ver con la música.

Va más allá, es un estado interior de estar presente y vivir las cosas ni tan buenas ni tan malas. La música es mi práctica espiritual porque a la hora de tocar hay que estar emocionalmente ni muy bueno ni muy malo. Si estás muy bueno te vas a equivocar, vas a sobreexpresar las cosas, vas a entorpecer; si estás muy malo, no tenés fuerzas para tocar, no podes cantar…estar en ese “estoy pero no estoy” es importante para mantener el equilibrio. De esto habla la filosofía oriental, el zen habla mucho del tiro del arco y flecha: para darle al centro hay que estar en un estado interior de equilibrio, de control de la fuerza

La música no es algo rígido, en una misma canción podes estar en estados diferentes, cada show es algo único, pero uno puede buscar interiormente ponerse en un mismo lugar y ahí uno sale perdiendo. Te perdés la experiencia, estás actuando, no estás escuchando lo que te pasa, estás forzando, estás queriendo reproducir.

¿Te acercaste a las filosofías orientales?

He practicado meditación y yoga pero no me quedo en un solo camino.  Mis letras se vinculan con eso. Mi tema  “Serás la puerta” habla de una sensación mía pero también del hombre . El hambre lo cegaba y a gatas caminaba, las aves carroñeras ya volaban tras su sombra, el hombre perdido en la sociedad de consumo, no sabe ni quién es. Duraban muchos años las lágrimas oscuras y el hombre por el hombre aferradito se moría.  Deja ya las lágrimas y el hambre y escucha la voz que se hará conciencia y crecerán tus alas y así volando serás la puerta y del desierto crecerá la hierba. Esa sensación de poder soltar.

Era una noche larga la luna ya no estaba y desde su interior cantaba a gritos la locura, sentía mucha pena de perderse en la arena pero su alma sabía que era el miedo el que dolía…. Esa sensación de que duelen cosas, es más el miedo que otra cosa, porque estamos aferrados…

Y lo que vos decís de la filosofía oriental habla mucho del desidentificarse de estos personajes y tiene que ver también con mi música, uno se identifica y puede creerse que uno es eso, quedar preso de eso…decir “yo toco flamenco, soy flamenquero” o lo que sea… hay un punto en que es peligroso para uno mismo, para no quedarse encerrado y vivir más libremente.

¿Cómo fueron esos años que viviste en Capilla del Monte?¿ A qué te dedicaste allí?

Fundé allá una escuela de música. La enseñanza es otro pilar fundamental de mi vida. Tengo un libro que todavía no edité para la enseñanza a través de mandalas, figuras geométricas, matemática y geometría. Trabajo mucho con niños, he grabado un disco todo con niños alumnos míos. En Capilla del Monte esa era mi actividad principal, y la composición, que era más introvertida. Siempre me mantuve en mi máximo nivel musical, pero desde que salí de la capilla lo estoy compartiendo…

¿Cómo se te ocurrió abrir una escuela de música en Capilla del monte?

Se dio justo que había otros profes, nos agrupamos, con un gran amigo mío que se llama Fabián Murúa, flautista porteño que se fue a la sierra y con una cantante, Sabrina Banfi,  nos juntamos los tres y fundamos la escuela y fue un éxito tremendo. Hoy sigue. A Partir del 2006/7 tenía 200 alumnos, venía gente de otros pueblos. Teníamos niños y adultos, adolescentes.

¿Cómo llegaste a desarrollar tu método Mandala para acercarse a la música?

En el año 2003, nace mi hijo Mateo, yo siempre le quise dar una vuelta de tuerca a la enseñanza, a mí me gusta transmitir cómo yo aprendo, yo tengo una forma de observar y de aprender la música que no me la enseñaron, la tuve que aprender solo porque en el conservatorio lo que enseñaron fue muy estructurado. Yo me siento como un niño que pregunta por qué, por qué, por qué, ¿qué es el pulso?, me empecé a preguntar.

¿Y qué te respondiste?

Me respondí que está todo conectado, el universo está todo conectado, la música es un espejo del universo, un espejo del hombre. Nosotros somos ritmo, tenemos  dos brazos dos piernas, respiramos cíclicamente, el tiempo es cíclico no es lineal, no es que empieza acá y vamos derecho hacia la muerte, sino que hacemos círculos y giramos. Morimos y renacemos en ciclos, como los Mayas en México, la cosmovisión, los ciclos de la luna. Mi ritmo habla de eso. Entonces es un libro para escribir la música en círculos. Yo en ese momento vivía en una casa compartida con la mamá de mis hijos y otros amigos y me acuerdo que me cargaban, me decían oso, yo me encerraba en mi cuarto con mis papeles y me empezó a bajar esa idea, estaba como un niño descubriendo algo

¿Lo empezaste a compartir con los chicos que estudiaban con vos?

Sí, ese libro está totalmente vivo, aunque no esté editado. Más que actividades te explico una forma en que se puede escribir y leer la música. Vos lo leés y lo entendés pero no son actividades. Es teórico, faltaría hacerle un anexo con ejercicios.

¿La música para vos es un acercamiento a algo espiritual también?

Totalmente, la música yo la hago para mí primero (creo que primero y último), ahora estoy en este camino de compartirla, me metí en Capilla y era una cosa que no me interesaba tocar en un escenario, pero ahora estoy optando por eso, quiero integrar todo: si uno puede hacer las cosas pero manteniendo un centro eso te enriquece, ya si uno se pierde en eso, no te enriquece más, por más bueno que sea lo que sea. Perderse es creérsela, que te salvás porque tocaste en Madrid o que sos un capo. La gente cuando empieza a conseguir cosas empieza a desvalorizar  otras cosas y a tener prejuicios. Creo que todos somos valiosos.

¿El título del nuevo disco todavía no lo sabés?

Estoy entre “Semilla” y “La verdad que llevo dentro” (son dos de las canciones). A la gente le gusta mucho “La verdad…”, como si fuera un hit, pero para mí “Semilla” es un tema muy especial porque quise hacer un álbum de fotos personales y hay un montón de momentos que son mágicos. Yo me dejé tener experiencias que para la sociedad no son normales (la palabra normal es peligrosa) y el estribillo dice “y nadie lo puede creer y nadie lo puede entender, si no estás loco”.

¿Algún ejemplo?

El nacimiento de mis hijos… Los recibí yo en el parto porque tuvimos parto natural en casa, esas experiencias para mí son anormales. Sentir muchas veces en estados de meditación que la vida te está hablando o las señales, yo me guío por las señales del universo. Me he quedado horas abrazado a un árbol y haber sentido la energía de un árbol… “Semilla” habla de esas cosas especiales. Yo con la música me transporto y una vez cantando cerré los ojos y sentí que volaba muy lejos: como dibujar el aire con mi canto y volar fugaz al horizonte, decir con una mirada lo que no se puede decir con palabras, esas cosas son muy íntimas. Antes de ser árbol fui semilla, tierra y agua y tal vez una esperanza, y el camino fue mostrando que la realidad que creo le da fuerza a mi alma. El trabajo interior, sentir que  nuestra alma viene viajando. Son cosas que las vivencié, no las leí en un libro, de verdad las vivencié con estados de conciencia y con escuchar el interior, estar en esa sintonía .Y esas son las cosas que digo que nadie las puede creer si no estás loco, que cuando te cruzás con un loco como yo, se entiende pero si no, no.

Los momentos mágicos los describe Diego como esas semillas que la vida te va poniendo dentro del corazón y que te mantienen con un jardín adentro, con esa esperanza de que la vida es hermosa, si no de verdad “esto es un caos muy oscuro;  esas semillas son las que viven adentro de mí y que me mantienen alegre y con sentido en la vida, eso es lo que entendí y por eso el nombre de la canción”, reflexiona.

Si bien dice que la música no le viene por influencia familiar, su abuela materna Lupe Jara cantaba zarzuelas. Se llegó a presentar en el Teatro Avenida y salía a escena como una vedette, con plumas. Ella vino en un barco con la madre de Diego en brazos pero al encontrar en Buenos Aires su pareja, ese hombre le prohibió en un punto volver a los escenarios.  El músico tomó en su momento el apellido Jara en honor a su abuela y dice: “hay algo con la voz en mi familia que está como bloqueado, porque de ahí mi mamá y mis tías no cantan”.  Y en su hogar de niño casi no se escuchaba música ¿Será que la semilla de la música habrá quedado latente para manifestarse en una siguiente generación? Hoy las melodías de este joven talento parecen mostrar que nada de esa sustancia se ha perdido, solo se ha transformado. “Lo mío fue todo a fuerza de pulmón, deseo y deseo”, expresa.