Agustina Muñoz nos habla de su nueva obra “Las piedras”

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El jueves 10 de agosto la directora, dramaturga y actriz Agustina Muñoz estrenó su nueva obra, Las piedras, en el Centro Cultural San Martín. Una semana antes, se estrenó, la última película de Matías Piñeiro, Hermia y Helena, que la tiene como protagonista. Filmada entre Nueva York y Buenos Aires, y estrenada en Locarno, este año fue recomendada entre sus favoritas por el New York Times y The Newyorker

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Entrevistamos a Agustina que nos habla de la obra y también de la película.

Esta obra fue estrenada en Ámsterdam, ¿qué cambios hiciste para este reestreno en Buenos Aires? 

Presentamos Las piedras hace más de un año en Ámsterdam, donde yo estaba haciendo una residencia de teatro. Usé parte de la plata de producción para que viajaran las actrices (Denise Groesman, Laura López Moyano y Barbara Hang). Era una versión más corta que la que mostramos ahora y nos fue muy bien. Estuvo bueno estrenar allá, con un público extranjero que ve siempre otras cosas que el público local de la ciudad de uno. Estuvimos un mes ensayando todos los días en la sala en la que después mostramos; fue intenso, hacía mucho frío y se hacía de noche a las cuatro de la tarde. Ensayábamos, íbamos a un bar, dormíamos y volvíamos a ensayar contra reloj y superenfocadas. Y el texto iba apareciendo durante los ensayos, la forma, todo a la vez. Cuando volvimos a Buenos Aires, pasaron algunos meses hasta que volvimos a ensayar. Fue interesante tener esas dos etapas de proceso. Mostrar allá, testearla con el público, entender mejor qué estábamos haciendo. Una vez acá, Laura tuvo que dejar la obra porque empezó a ensayar el nuevo proyecto de Mariano Pensotti que la tiene de gira por todo el mundo. Entonces la remplazamos por dos hombres, Rafael Federman y Vladimir Durán. Y ahí la obra dio un giro grande, se expandió, incorporó nuevas escenas y nuevos sentidos; está más madura ahora, y se toma también otras libertades. Con Matías Sendón, el escenógrafo y el iluminador, recreamos la sala en donde presentamos en Ámsterdam, así que tiene algo fantasmal, como un doble de lo que fue. Y a la vez muy distinta. Es una obra creada en dos ciudades, en dos momentos distintos y eso, creo, le da una hondura distinta, como si hubiera incorporado esos kilómetros y esas distancias.

Ya que hablamos de esa ciudad, contanos un poco de la beca que obtuviste.

Estuve dos años en Das Arts, que ahora se llama solamente Das. Es una residencia de teatro de dos años que fue pensada para que artistas con cierto recorrido y trayectoria pudieran tomarse dos años para repensar su trabajo, para ponerlo de alguna manera en crisis. Es un lujo de invitación, porque te permite realmente investigar el material de tu obra, repensarla, descubrir nuevos aspectos. Eligen a ocho personas de distintas partes del mundo por año, la selección es muy exigente y arman un grupo de artistas que ellos consideran puedan estimularse e inspirarse y también problematizar los materiales. Es un lugar que te lleva también a un límite. En un momento estábamos todos hartos: es que se habla mucho, se analiza, se dan mil vueltas a cada trabajo en sus distintas instancias de presentación, se está todo el tiempo bajo el ojo de tutores y artistas invitados que analizan lo que vas a presentando, que te hacen preguntas y te piden que vayas siempre un poco más hondo. Te llevan a un punto en el que ya no entendés qué estás haciendo. Lo bueno es que después algo se aclara, pasás a entender tu obra desde otro lugar, aparecen aspectos antes impensados, afinidades desconocidas. Yo entré con artistas de Irán, Israel, Gran Bretaña, Sudáfrica, Bulgaria, Serbia, y Holanda, y fue duro pero maravilloso. Las piedras es el resultado de esos dos años, y es de verdad una obra que marca un punto de inflexión en mi carrera, que recoge los temas que siempre me interesaron, pero los trabaja de otra forma.

¿Cómo se da lo performático en Las piedras?

Las piedras trabaja con el espectador como lector, por momentos como un espectador cinematográfico. Me interesaba tratar en teatro recursos que le pertenecen a otras artes, recursos que generan intimidad, que generan imágenes más allá de lo que uno está viendo en escena. En un momento de escritura de la obra leía Leñador, de Mike Wilson, y después Estanque, de Claire Louise Bennet, libros en primera persona que son una deriva alrededor de ciertos estados del alma. Leñador es sobre un hombre que se va a vivir con un grupo de leñadores a Alaska, y Estanque es la deriva mental de una chica que vive sola, que describe con meticulosidad lo que la rodea, y los pensamientos que le aparecen en su vida cotidiana, extrañados, pasados por su mente. Las piedras tiene ese recorrido, podríamos decir el fluir de la conciencia que va uniendo textos, experiencias e imágenes para pensar su existencia. Pensar esto performáticamente me interesa mucho.

Además, de la comunicación, ¿qué otros temas aborda la obra?

Las piedras habla de la permanencia y la impermanencia de las cosas, y nuestra relación con eso. Con esa finitud y a la vez esa inmensidad que es la vida de cada uno, las vidas posibles, la vida pasada compuesta de accidentes, amores, familia, pérdidas, encuentros: todo eso que vivimos, está en nuestros cuerpos; uno conoce a alguien y sabe que a esa persona le pasaron cosas, cosas que tuvo que atravesar, algo que todos sabemos, que nos vuelve fuertes, o al menos experimentados en el vivir. Y sabemos que nos van a pasar cosas que ahora ni podemos entrever. Mientras tanto, vivimos, tomamos decisiones, nos enamoramos, cambiamos de trabajo, tenemos hijos, nietos, la vida nos va moldeando. Fuerte y frágiles a la vez.

¿Cómo fue el estreno de Hermia y Helena que te tiene como protagonista?

Hace exactamente un año presentamos la película en Locarno, después por varios festivales, con público extranjero, y después del festival de Mar del Plata, era la primera vez que la veía público argentino, local, que es más amistoso y también más crítico, creo yo. Es una película hermosa, que queremos mucho y que es parte de un recorrido que venimos haciendo con Matías Piñeiro con María Villar, con Fernando Lockett, con todo el equipo que película tras película probamos nuevos elementos, nuevas formas de seguir filmando. Es una suerte trabajar con Matías y tener este grupo de trabajo donde cada dos o tres años, nos juntamos a hacer una película. Nuestra investigación, nuestros crecimientos, se van viendo en las películas, nuestras pruebas, son películas, Crecemos mientras filmamos.

Sos directora, dramaturga y actriz, ¿de qué modo eso potencia o enriquece tus trabajos?

Directora y actriz creo que se alimentan muchísimo; es espectacular para mí dirigir teniendo registro muy certero de lo que es estar del otro lado. Me ayuda a entender lo que es actuar, lo que es estar ahí en escena moviendo unos hilos internos para que la escena suceda, me ayuda a dar aire cuando algo no sale fácil y pensar formas para que suceda. Y como actriz me encanta que me dirijan, y creo que ser directora me ayuda a ver el todo, a entender que hay algo que el director sabe o intuye que es poderoso y que hay que acompañar, pero también participar activamente de la creación. El director tiene un mundo propio al que uno entra y participa y lo cogenera, y es algo maravilloso. Hacer que eso exista. Trabajamos con Lionel Braverman que es asistente y fue una parte fundamental del proceso de pensamiento, de mirar juntos. Lo mismo con Denise, Barbara, Rafael y Vladimir y antes con Laura: somos un grupo, y más allá de qué traiga el texto, es una creación colectiva donde ellos han traído elementos e ideas claves que dieron sentido a la obra que presentamos ahora. Es lo opuesto a un trabajo solitario.

Las Piedras.Foto Gisela Filc

Fotos: Thomas Lenden y Gisela Filc