Museología: es más fácil enfermar una exposición que curarla

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Decimos hasta el hartazgo que la museología ayuda a hablar a los objetos y, yo diría, a las personas y a las instituciones a través de los objetos. Según el discurso en el que hagamos participar a los objetos o el contexto que le proporcionemos, dirán algo, mucho, poco o nada.

La museología puede dotarlos de voz, hasta que griten consignas actuales desde el fondo de los tiempos o enmudecerlos llevándolos al terreno simplista de verlos como  lindos, feos o raros.

Hay muchas formas de pensar la museología y de pensarnos  los trabajadores de la museología como comunicadores, como nexos entre colecciones y públicos.

Tal vez un modo de abordar esta preocupación es mediante la enumeración rápida de ideas acerca de cómo fracasar en nuestro desafío expositivo.

Detalle del libro Colección seguido de  La Avaricia de Gérard Wajcman
Detalle del libro Colección seguido de La Avaricia de Gérard Wajcman

Vamos entonces con un listado de 10 puntos que nos asegure el fracaso:

 1. Elijamos un título bien rebuscado y críptico. Título que no nos ayude a convocar público. Total, ¿quién quiere que la gente visite y llene los museos?

Si podemos sumar una gráfica complicada de tipografías y colores confusos mejor. No consultemos con diseñadores gráficos para estas tareas con la Times New Roman y la Arial, sumado a que el negro pesa igual que el rojo, alcanza. Ya estamos en condiciones de hacerlo solos.

 2. Es bueno incluir en la sala textos largos, de redacción complicada y con muchas palabras difíciles. Si mechamos con algo en inglés o en francés mejor.  

Asegurémonos que el texto tenga letra bien chica, así molestamos desde al colocador de vinilos de corte hasta al visitante.  Si la lectura es difícil, nos ayudará a que el visitante tarde mucho en leer y así interrumpa el fluir de las circulaciones. Es bueno si no entiende, sintiéndose un poquito excluido y cansado desde el inicio del recorrido. Parado un largo rato leyendo más de 500 palabras sin respiro, sin comas ni puntos ayuda al tedio. Mucho leer y poco mirar es una buena formula para el fracaso museológico, tanto como mucho mirar y nada para leer.

3. Acompañar los objetos y  las obras de arte con nomencladores o -como los suelen llamar- cartelitos con textos, que sea redundantes, largos y bien técnicos, con datos por demás que aportan poco al visitante y mucho al trabajador del museo. Si podemos, directamente, copiemos el legajo del objeto.

Si se trata de incluir el nombre de un artista pongámoslo siempre al revés  de cómo se nombra en el texto de sala o en el folleto de mano.  Coloquemos siempre primero el apellido en la nomencladora y por nombre y apellido en los textos e incluso en el título.

¡Y a no olvidar! Siempre Autor: técnica: año: porque el público puede pensar que el autor es el Señor Óleo de apellido sobre tela, o que la técnica es mil nueve sesenta y ocho.

No olvidemos poner el logo del museo en cada nomencladora por que el público puede no saber a qué lugar entró o en cuál museo se encuentra.  Agreguemos siempre las medidas de la obra  porque el visitante que lee el nomenclador no está viendo la obra en directo  e incluyamos el número de inventario: saberlo le cambiará la vida al público.   Si hacemos una exposición de un solo autor repitan el nombre en cada nomencladora entre el título y la técnica, no aburre ni redunda.

Ubiquen siempre las nomencladoras en distintos lugares, una vez a la derecha otra a la izquierda, más arriba, más abajo, que el ojo las busque, así se entretiene. Si se trata de esculturas coloquémoslas en el piso o mejor en una pared a unos cuantos metros de la obra.

4. No hace falta que las cosas se vean bien, dotemos de poca luz a los espacios y nada a las circulaciones, o mejor pongamos mucha luz que haga brillar mucho todo, que acentúe los defectos de las paredes y que rebote contra todos los materiales posibles. Ya que estamos, también se puede optar por incluir muchas fuentes de luces para que los objetos tengan muchas, pero muchas sombras.  Las vitrinas  iluminadas cenitalmente le ayudaran a obtener  reflejos y rebotes además de sombras duras en el interior.  No se prive de usar luces cálidas y frías mezcladas y sin criterio.

5. Para que nos aseguremos el fracaso no pensemos en el público a la hora de diseñar las vitrinas, tratemos que sean bien bajas, si la exposición es para adultos, que se agachen en cada una y si su público son niños dote el espacio de exhibidores bien altos que superen ampliamente el metro de altura para que se trepen,  cuelguen o pidan ayuda  a sus padres durante todo el recorrido.  No incluyamos como parte del equipamiento mobiliario para el descanso del público en sala, hagamos que se vayan cansados, todos los visitantes son jóvenes y tienen mucha autonomía en los desplazamientos, y sino pongamos sillas y bancos  que desentonen con las vitrinas y todo el montaje, recordemos no poner ni una silla cómoda pare el guardia de sala.

6. Incluyamos muchas flechas para indicar el recorrido, total no llenan el espacio visual, podemos acompañarlas con muchos cartelitos de prohibiciones, que ayudan a sentir incómodo al visitante. Evitemos indicar dónde quedan los baños y las salidas.

En lo posible peguemos con cinta en las paredes, ventanas y puertas papales para anunciar cursos y áreas restringidas. Evitemos por cualquier medio unificar la gráfica y los materiales cuando desarrollemos la señalética.

7. Cuando incluyamos tecnologías que sean bien llamativas y que, en lo posible, en lugar de resaltar, opaquen a los objetos y obras exhibidas. Asegurémonos que se superpongan los audios y que las pantallas de videos aporten luz, color y movimiento a la sala y si es posible que reflejen en las obras enmarcadas con vidrios.

Tratemos que los videos duren mucho y que no haya donde sentarse. Si podemos dejemos alguno apagado que dan una agradable sensación de abandono y descuido.

8. Evitemos poner rampas y ascensores, si es posible desarrolle exposiciones lejos de las entradas de la calle y al final de un tortuoso y confuso recorridos.

Incluyamos temperaturas extremas en la salas, pasemos del frío al calor, pasteuricemos al público en el recorrido y vera como este recorre tranquilo la exposición percibiendo cada vez mejor el mensaje de nuestro guión museológico.

No ayudemos a la accesibilidad intelectual, acompañemos las exposiciones con pantallas con traducciones en lenguajes de señas y subtitulemos esos mismos videos, los sordos no leen ni escriben. Coloquemos muchos textos en Braille porque lo sistemas auditivos y audio guías son muy raros y difíciles en estos días.

9. Aseguremos que las vitrinas estén construidas con materiales frágiles y poco resistentes, que se muevan y que no cierren bien.

Si puede sumar desprolijidad en el pegado de vidrios, chorreaduras en la pintura, manchas y remiendos ayudara a la distracción del público es bueno que no solo miren los objetos. Tratemos que los nomencladores pegados a la vitrina, estén despegados en las puntas y si también están en Braille ,  que estén bien manoseados y superpuestos a textos para videntes. Después de todo a quien le importa ver bien, claro y destacado un objeto dentro de una vitrina.

10. Recordemos que las personas pasean solas y no en grupos y menos pensemos en los contingentes de escolares, así que dejemos poco espacio entre un panel y otro o entre las vitrinas y dejemos bien a mano, todo, para que -de pasada- lo puedan tocar.

El cálculo de un metro cuadrado por persona es un mito a ser desbancado,  todos sabemos que cualquiera pasa por  40 o 60 cm y más un colegio de 30 adolescentes que se mueven tranquilos y formados en fila.

Sin duda cada uno podrá hacer crecer esta lista acerca de cómo asegurarse que una exposición fracase.

Es más fácil enfermar que curar una exposición.

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