Lovechip, la otra vuelta de tuerca de la dupla Balcarce-Donés

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La publicación de Funeral en 2011 significó la reaparición del guionista Emilio Balcarce tras veinte años de ausencia. En 2015, la reedición de su exitosa trilogía Crónicas del tiempo medio confirmó que la historieta no lo abandonaría otra vez. Desde entonces, el lector argentino viene disfrutando del “nuevo toque Balcarce” en Tudo bem, Valkiria, Fey, Knightmare y, ahora, Lovechip. Lo nuevo de ese toque reside en suministrar dosis de humor más concentradas que en su etapa de la revista Skorpio.

Balcarce nunca cae en la trampa de arrancar la carcajada del lector. Por el contrario, genera —como denomina la editora Laura Ponce— una “risa entre dientes”. Este humor emerge de la acción envuelta en el sarcasmo, la paradoja, la analogía y, sobre todo, de la intertextualidad cinematográfica. Con esos recursos calibra el ritmo del relato, ritmo que se desentiende de los diálogos de relleno y del exhibicionismo escritural.

Quienes buceen en la obra de Balcarce hallarán el germen de Lovechip en “Amante de acero”, una unitaria publicada en el número 193 de Skorpio. Esas catorce páginas —también dibujadas por Guillermo Donés— exponen la primera vuelta de tuerca de la relación entre el humano y el robot. Una piloto espacial queda varada en un planeta desértico. Cubiertas sus necesidades de agua y comida, reprograma el robot antropomórfico O.T. Lo 7 y lo convierte en su amante de acero. Con ese fauno mecanizado, ella obtiene todos los orgasmos que desea, pero se lamenta por la falta de calor humano. En Lovechip, Balcarce le da otra vuelta de tuerca a ese tópico de la ciencia ficción con la contracara de O.T. Lo 7: Shake. Este robot de aspecto humano se desempeña como copiloto de la mercenaria intergaláctica Jaden Vark. Ella considera a ese Shakespeare 800 su compañero ideal: es un romeo en el amor, un semental inagotable en la cama y un guerrero eficiente en el campo de batalla. En la secuencia de apertura, ambos destruyen un gigantesco tanque del ejército nozi, una raza rectiloide que ha invadido el planeta de los shaudi. Un imprevisto en la siguiente misión coloca a Jaden frente a lo impensable: la destrucción de Shake.

Salva el chip de memoria y se enfrenta al próximo obstáculo: han quedado pocos robots del viejo modelo Shakespeare 800. Por lo tanto, debe viajar a través de la galaxia en busca de una de esas unidades. Se propone implantarle el chip, donde se almacenan los recuerdos de Shake, y conseguir el milagro: resucitar a su amado copiloto. Apenas iniciada su travesía, un misil nozi alcanza su nave, y Jaden queda a la deriva. La rescata un camionero espacial japonés, Yoga Suteki, que recorre los sistemas solares acompañado por Sakura, una geisha robótica. Jaden y Yoga comparten —o padecen— la roboadicción. Los puntos de giro de la aventura obligarán a este dúo a encarar el desafío planteado por el destino: convivir con la complejidad del ser humano.

La línea clara de Donés sintoniza con maestría el ritmo narrativo de Balcarce. De este modo, el guion y el dibujo plasman en cada página una de las claves del género, difundida por el filósofo Pablo Capanna: la ciencia ficción trata del futuro temido o deseado desde el presente. En este sentido, las incursiones de los protagonistas en los planetas del universo de Lovechip despiertan la reflexión sobre las costumbres humanas y sobre las relaciones entre opresores y oprimidos. El “nuevo toque Balcarce” ilumina desde el centro de la historieta argentina el camino de los narradores ocupados en construir relatos que sumerjan al lector en otros mundos. Desde ese centro Balcarce seguirá girando, con su escritura, las tuercas de la ciencia ficción.

Género: historieta de ciencia ficción; Autores: Emilio Balcarce y Guillermo Donés; Título: Lovechip; Editorial: D+i ediciones; Cantidad de páginas: 98 (blanco y negro)