Vuelo Nocturno

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La historia de Las Princesitas Argentinas

Suzanne y Edda Fuchs, – dos adolescentes de 10 y 15 años – pasean por el bosque que rodea a su casa, el Castillo de San Carlos en Concordia, Entre Ríos. De pronto descubren un avión y a su piloto, quien se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia, en la frontera entre Argentina y Paraguay. Se lo ve discutiendo con su mecánico. Ese hombre es Antoine de Saint- Exupery, director en ese momento de Posta Argentina en Buenos Aires -el antecedente de Aerolíneas Argentinas -. Para sorpresa de los tres pueden comunicarse en su lengua. Avisan inmediatamente a sus padres, y este personaje especial pasa a ser su huésped. Este suceso es también una historia de amores imposibles, que va a marcar para siempre a sus protagonistas.

En Concordia, Entre Ríos, la historia del palacio San Carlos tiene ribetes fantasmagóricos. Nunca se supo demasiado sobre el paradero de su primer dueño -el francés Edouard Demachy, quién construyó el castillo en 1888 y luego desapareció dejando la casa intacta-, ni tampoco sobre los pormenores de la accidentada visita de Saint-Exupéry a mediados de 1930. Esto es lo que se propone hacer Nicolás Herzog con Vuelo Nocturno, un documento poético, que se mueve en esa delgada línea roja que separa el documental de la ficción, y entre lo verdadero y lo falso. Y que tiene varias aristas posibles de abordaje. Por una parte esta la historia personal de su director, ya que Concordia es la ciudad donde vivió desde niño, y que fue escenario de su ópera prima Orquesta Roja (Argentina, 2009). Donde indaga sobre un falso grupo de guerrilleros en la crisis del gobierno menemista (2000), parodia construida para y por los medios, que él reconstruye, para poder descubrir esa otra mirada que subyace entre líneas.

En esta ocasión retorna a su deseo de dar a conocer el relato que dio lugar a que se pudiese idear El Principito, un libro que ha dejado huellas en la vida de miles de lectores de todas las edades.

El punto de partida que elige Nicolás Herzog (tremendo apellido para la historia del cine) es una serie de grabaciones que le enviase Saint- Exupery a su amigo Jean Renoir, material con el cual se pensó hacer un film, que luego no pudo llevarse a cabo.

Las “princesitas argentinas” Edda y Suzzane Fuchs, serán a posteriori, las protagonistas del capítulo “Oasis” de su libro Tierra de Hombres e inspiradoras luego de su obra cumbre, El Principito.

Saint -Exupery escribe con la nostalgia de una infancia feliz y perdida, desde la perspectiva de quien se encuentra contemplando el mundo desde la  soledad de una cabina. Aunque también hay un homenaje al oficio de aviador, quien sabemos tiene la posibilidad de ver la tierra como un pájaro, en este caso con la intención de revelar los secretos que esconden esas tierras. «Tierra de hombres» se publicó en febrero de 1939 y en otoño de ese mismo año fue galardonado con el Gran Premio de la Academia Francesa y con el National Book Award en Estados Unidos.

La hipótesis que sostiene Herzog en este documental ficcionado, es que la premisa inicial, es decir la serie de audios que Antoine de Saint-Exupèry le enviase al cineasta Jean Renoir durante 1941, constituyen el punto de partida para reconstruir la relación amorosa que estableció el escritor y aviador francés con Edda y Suzzane Fuchs. Que utiliza como excusa, para deambular en la trama. Una historia que se sostiene cómo pretexto para abordar las formas que adquiere la ficción y el cruce de ésta con la experiencia sublimada.

Pero, lo que posiblemente quiere decirnos al homenajear a la ciudad en que creció con el relato de este mito fantástico…es que vivir casi siempre es aventurarse a buscar el misterio escondido tras la superficie de las cosas, lo que nos da la posibilidad de encontrar la verdad dentro de uno mismo.

El material de archivo sumado a los testimonios de sus protagonistas y pobladores son las otras voces que contribuyen a reflexionar sobre esa realidad, que luego de tantos años, tiene visos de leyenda. Con una prolijidad técnica impecable y con un cuidado montaje, Vuelo Nocturno es otra propuesta estética, -absolutamente recomendable-, que Nicolás Herzog le hace al espectador.