Nuestras recomendaciones para el FIDBA

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Viene creciendo fuerte este Festival Internacional de Documentales de Buenos Aires, bien diferenciado del otro evento importante de documentales que tiene nuestra ciudad que es el DocBuenosAires. Basicamente con que el FIDBA es competitivo.

Este miércoles 26 con la proyección de la película póstuma de Abbas Kiarostami: 24 frames arrancan las exhibiciones en varias salas de la ciudad.

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La Competencia Internacional tiene algunas perlas que el espectador encontrará realmente admirables, o que en todo caso lo introducirán en esas grandes preguntas sobre el documental contemporáneo que es ¿qué separa la ficción de la realidad? ¿En qué consiste verdaderamente la mirada sobre lo real?

El FIDBA, que es además un campus pedagógico con seminarios, funciones especiales, pitchings y encuentros más informales, propone para su competencia central un grupo de documentales esenciales para entender por dónde pasa hoy el Documental.

 

De las dos películas argentinas que compiten: Actriz, de Fabián Fattore, El Futuro perfecto, de Nele Wohlatz la primera lo hace en calidad de estreno total. Analia Couceyro, es una actriz actuando su vida para un documental ficcional: ensayos, estudio, situaciones con sus hijos. Todo en blanco y negro. Está realmente bien. El futuro perfecto se sigue con interés: una joven china llega a Buenos Aires y tiene que aprender el español y encontrar trabajo.

Donkeyote, de Chico Pereira es un documental sobre un anciano que se empecina en caminar junto con su burro el recorrido que hicieron los indios norteamericanos durante la colonización de los EEUU. Algo así como una roadmovie en la que su protagonista se ve acosado por la preocupación de sus hijas y por la falta de dinero para llevar adelante su empresa. Es fresca y divertida.


El color del camaleón
, de Andrés Lübbert, es una coproducción entre Chile y Bélgica que por lo menos resulta algo inquietante ideológicamente: un hijo (belga) filma la historia del exilio de su padre (chileno), una historia que se presenta como un misterio hasta que un viaje a Chile los reúne con el pasado y la historia de aquellos que eran obligados a colaborar con la Dictadura. La mirada no demasiado cuestionadora del hijo sobre su padre transmite una ternura peligrosa sobre estos personajes que a los 20 años eran amenazados si no servían a los torturadores.

Vangelo, de Pippo Delbono es un documental del exceso: algo así como un Evangelio según San Mateo de Pasolini, pero devaluado. Por el mandato de su madre, un director de teatro filma el Evangelio tomando como protagonistas a los refugiados, africanos, sirios, arabes que llegan a Italia y que viven una vida de penurias. Tiene algunos buenos momentos pero en general el documental peca de una egolatría realmente perturbadora.

Los niños de la señorita Kiet, de Petra Lataster-Czisch y Peter Lataster es un documental holandés que, como la anterior, toma la temática de los refugiados y migrantes pero desde el lugar de los pequeños alumnos en una escuela de Holanda. Pura observación de los distintos momentos a largo del día en el aula con esta maestra que les enseña el holandés además de adaptación a la vida de esa Europa rica.

Calabria, de Pierre-François Sauter es coproducción entre Suiza e Italia y resulta un documental fascinante: dos empleados de una funeraria deben trasladar en auto un ataud desde Suiza al sur de Italia. Uno es portugués, el otro serbio, el muerto que trasladan un italiano migrante en Suiza. Sobre estos intercambios culturales, de lengua, canciones, formas de relacionarse, paisajes y muertos, trata este documental, verdadero hallazgo del FIDBA.

Por primera vez a nivel mundial se va a exhibir la película libanesa Paraíso perdido, de Reine Mitri que en un plano más experimental exhibe los cambios de la ciudad de Beirut junto con la historia familiar y personal de la directora.


La alemana 66 Kinos, de Philipp Hartmann y la suiza My life as a film – How my father tried to capture happiness, de Eva Vitija son dos documentales que hablan del cine. El primero registra el recorrido que hace un director llevando su película a 66 espacios para exhibir su película, con esa excusa hace un relevamiento del estado de situación de las salas, algunas multicines, otras de centros culturales, otras de cineclubes, bibliotecas o viejos monasterios. Las tácticas de supervivencia, los soportes que exhiben, las comodidades, algunas curiosidades, opiniones sobre el futuro del cine y la gestión independiente, etc. Para eso utiliza testimonios a cámara con entrevista y agrupamiento de situaciones similares pero en lugares distintos: las escaleras, los foyers, los bares, las butacas. A los cinéfilos es una película que los va a encantar, y todos vamos a conocer una realidad que parecería ser muy distinta a la de nuestros países pero resulta ser bastante similar.

My life as a film – How my father tried to capture happiness o cómo hacer una pelicula con el registro fotográfico y audiovisual de una vida. Una joven indaga en el archivo de su padre, actor y director de TV, con una vida entera fotografiada y filmada. Con ese material Eva se mete en la historia de una familia que es la suya, y de una segunda familia que también resulta ser la suya. 

Y por último Ama-San, de la portuguesa Claudia Varejão. Un documental exquisito que recupera con sus silencios marinos y sus prácticas cotidianas una tradición ancestral en Japón sobre la extracción de perlas. Las mujeres son las que hacen ese trabajo y se las llama Mujeres del mar (Ama-San) y son observadas aqui en sus quehaceres de la casa, la cocina, el divertimento; con sus hijos, nietos y su trabajo en la pesca submarina.

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