David Viñas y el Urutaú

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Son raras a veces las cosas. Me preguntaba cuando pensaba en este encuentro qué sentido tenía venir a charlar sobre un libraco de más de 500 páginas que habla de Laferrere, Florencio Sánchez o Gerchunoff, que encuentra contemporáneos a Eduardo Mallea o Beatriz Guido y que dedica algunas de sus mejores páginas a una novela como Amalia -que hoy es casi ilegible (Al menos no parece excesivamente demandada: en mercado libre, por ejemplo, se consigue a $20 el primer tomo y a $25 el segundo de la edición de capítulo; y una edición de Sopena se consigue en un tomo por $9). ¿Qué sentido tiene presentar hoy Literatura argentina y política, de David Viñas? [1] Cómo presentar un libro que posiblemente todos los que estamos hoy acá ya leímos, que ya todos tenemos, que incluso lo tenemos varias veces repetido, corregido y desgranado en distintas ediciones.

Son raras las cosas a veces y sin embargo acá estamos, con la idea casi contraria, la de la obviedad: sobran los motivos -como se dice- para querer estar acá, para editar de nuevo este libro, incluso para que releerlo sea de nuevo una experiencia intensa. Pero algo raro hay, ¿no? Revisaba las invitaciones que circularon. En todos lados se hablaba de “la presentación del libro”: en la agenda de la librería amiga que nos alberga, en el evento de Facebook, en el flyer de difusión. En todos lados se hablaba de “presentación”. Y es raro: a uno le pueden presentar lo que no conoce, pero presentar lo que de un modo u otro todos conocemos, otra vez, tiene algo de raro. Y de nuevo: “de raro bien”, agregaría.

En algún lado del prólogo de esta nueva edición, se esboza la curiosidad por cómo los millennials recibirán este libro. La pregunta podría expandirse a algo así como “cómo leerán este libro los que no lo leyeron todavía”. Este libro que es monumental, por un lado, que no falta quienes lo tildemos de “clásico”, este libro que cumplió medio siglo hace un par de años aunque la efemérides no haya despertado demasiados homenajes y señalamientos. Hacer una reedición, “presentarlo”, de algún modo son todos gestos, voluntades que aunamos como forma de esa pregunta: ¿se puede leer este libro por primera vez ahora? ¿qué será lo que se va a leer ahí?

A mediados del 2013 me pidieron una nota para la revista Ñ sobre la obra de Viñas, como cobertura de la aparición de la “biblioteca Viñas” que Santiago Arcos estaba lanzando con el proyecto de edición de seis libros de Viñas. Todos los libros que proponía esa colección eran libros “presentables”, ya sea porque eran rarezas inconseguibles, ya porque eran libros que todavía nunca se habían editado en tanto tales. Algunos justificaban su edición porque eran “rescates”, decía, como el nunca publicado en Argentina México y Cortés, con prólogo del crítico Maximiliano Crespi, que se presentó también acá en Caburé el año pasado; o la reedición con un prólogo del historiador Javier Trímboli del libro De los montoneros a los anarquistas, un trabajo de historia bastante notable que el propio Viñas entendía como una tarea paralela y en contrapunto con De Sarmiento a Cortázar y que se había perdido de las librerías luego del secuestro y desaparición de su editor. En esa misma línea estaba el ya editado Indios, ejércitos y fronteras, que llevaba prólogo de Horacio González. Otros dos tomos prometidos por la colección eran libros todavía nunca publicados, productos de la reunión de artículos dispersos y de las notas que había dejado Viñas en los cuatro metros de cajas que constituían su archivo sobre Mansilla. Todos libros de autoevidente justificación. El último de esa serie que la “Biblioteca David Viñas” proponía publicar era una edición de Literatura argentina y (realidad) política encargada a un especialista en el área de la crítica-genética, Juan Pablo Canala.  Así, con su propuesta de reponer el sistema de variantes y constantes -verificable ya incluso en los cambios del título-, volvía evidente su pertinencia y renovaba el grupo de lectores imaginables: convocando así a quienes ya habíamos leído las dispersas ediciones del libro y nos interesa pensar y detenernos en cómo cada reedición establece un sistema de cambios, que no son otra cosa que modos de la intervención en cada presente editorial.

La edición que por ahora se presenta -a la espera de la edición crítica- reúne los dos tomos de Literatura argentina y política que ya Santiago Arcos había publicado y le incorpora como apéndice el “Itinerario del escritor argentino”, que no se reeditaba desde De Sarmiento a Cortázar. No vamos a machacar demasiado hoy acá sobre las cosas ya sabidas por cualquier lector de Viñas: publicado originalmente en 1964, el libro fue cambiando en sus distintas ediciones: eliminó en los noventa la “realidad” de su título, agregó los fundamentales y tangenciales “lechos, meandros y afluentes”, sumó algunos capítulos que salieron también en libros separados o se desgranó en parcelas segmentadas (pienso en algunos casos notorios como el tremendo libro sobre grotesco o los tomos Apogeo de la oligarquía o La crisis de la ciudad liberal que bajo el paraguas general de “Literatura argentina y realidad política” se yuxtapusieron a De Sarmiento a Cortázar en la editorial Siglo Veinte en los setenta).

Como para Sarmiento, como Borges y como Walsh, la reedición con variaciones de este libro fue siempre para Viñas un modo de intervenir en las coyunturas del presente político y literario. Bien clara dejaba su vocación de intervención en el prólogo que abre De Sarmiento a Cortázar: “El sistema burgués se viene abajo. No se necesita tener un oído muy alerta para advertir ese estrépito (…) Este libro parte de ese hecho. Y las razones son varias: la primera, para subrayar ese fenómeno con objetividad y, si cabe, contribuir con sus textos a acelerarlo”. Dos optimismos incumplidos, claro. ¿Pero qué importa? Optimismo en los textos, optimismo en las urgencias de la historia.

Creo que a lxs lectorxs de Viñas no nos molesta que se equivoque en sus diagnósticos ni nos aleja de sus libros disentir con sus hipótesis. En Viñas importó siempre el ademán, donde un estilo de escritura se contorsiona con intervenciones públicas y tomas de posición.

Además del título, uno de los cambios fáciles de notar que hay desde la primera edición de Literatura argentina y realidad política es el epígrafe que lo abre. Un antes y un después. Antes: el casi mandato de Robert Escarpit que pregonaba “hay que quitar a la literatura su aire sacramental y liberarla de los tabúes sociales aclarando el secreto de su poder” (CEAL, 1983). Y después, en las ediciones de los años 90, un postulado metodológico de Terry Eagleton: “Una lectura política empieza por leer el interior de los textos. Es un momento que se va inscribiendo, a su vez, en la dramática de la ciudad donde intenta globalizar una mayor densidad posible y hasta el vértigo de sus conflictos. Sin olvidar que siendo una alternativa no impone sino que solicita otras perspectivas para cuestionar y cuestionarse”.

Tal vez entre los dos epígrafes lo que ante todo se verifica –“se verifica”, decimos, contagiados de modismos de Viñas- es un cambio en la percepción del lugar social tanto de la literatura como de los estudios literarios. De la batalla desacralizadora a un método de lectura política: no es el mismo el lugar de la literatura en los sesenta que en los noventa o que hoy.

Los epígrafes hablan mucho de Viñas. Ante todo dicen una obviedad que no habría que dejar de lado: Viñas era insistente en su uso. Muy insistente. Casi no hay texto crítico de Viñas que no empiece con un epígrafe. O con dos. O tres. O más: si avanzamos en esta última edición, por ejemplo, después del epígrafe de Eagleton que abre el libro, lo sigue uno de Sarmiento, que inaugura lo que antes era el primer tomo, y lo siguen inmediatamente cinco epígrafes más (de Belgrano, Alberdi, Cambaceres, Mallea y Rozitchner) que abren el primer capítulo. Significan muchas cosas en Viñas los epígrafes: a veces son banderas que el autor despliega, a veces son la exposición una declaración en forma de denuncia bajo la lógica de “a confesión de partes, relevo de pruebas”, a veces son rescates impensados, a veces son el material sobre el que se va a trabajar, a veces son modos de la simpatía y a veces todo lo contrario. Pero en cualquier caso, los epígrafes vuelven los textos un coro de voces cruzadas que arman el escenario preferido por la entonación de Viñas: el escenario de la discusión y la polémica.

En una entrevista de la revista Faro en el 2007, Viñas describía con saña el edificio del Centro Cultural de la Cooperación para terminar reflexionando sobre su modo de intervenir: “Incluso para verificar también los huecos posibles de todo esto que estamos planteando, a lo que estamos aludiendo, como provocación para una superación posible“. En la misma entrevista, poco después, para hablar de modelos de cooptación intelectual, aclara: “voy a ensañarme para que se entienda de qué estamos hablando”. La polémica y la exasperación como métodos de intervención y de pensamiento. El claro-oscuro como una didáctica. Son  prácticas que lo desacomodan de las formas de nuestro presente y que debemos recordar.

Para esta presentación me puse a revisar los materiales que tengo de Viñas. En los primeros años dosmil me fui haciendo de bastante material –eran los últimos tiempos en que todavía se buscaban las cosas recorriendo librerías de viejo y no navegando páginas de mercadolibre. Creo que tengo casi todos sus libros. Claro, no los leí todos: “confieso”. No siempre hay tiempo. Pero ahí están. Uno que no leí: la compilación que publican en el 2007 con García Cedro sobre Bolívar. Lo agarro ahora y lo reviso en diagonal. Entre sus páginas, encuentro que guardé dos cosas: una nota de Viñas sobre Rafael Barret y una postal que me mandó desde Berlín una amiga y colega, excelente docente y crítica literaria. Soy sensiblero. Guardo las cosas dándoles sentido. No es lo mismo adentro de qué libro se guarda una postal.

La postal me la mandó mi amiga y es la foto de un soldado escapando. Mi amiga le da una interpretación en el texto que me escribe atrás: “soldado que huye”. Creo que también se lo podría pensar en la tradición ácrata que a Viñas le gustaba: soldado que deserta. Como sea: la guardé entre las páginas de un libro de Viñas.

Creo que no es casual: ya dije que soy sensiblero y esas cosas las guardo ordenándome sentidos. Una compañera de la facultad, luego compañera docente, en el medio compañera de muchas charlas y noches y discusiones literarias e incluso de algunas faenas editoriales, ya que compartimos una revista hace muchos años, una compañera me manda una postal y la guardo dentro del libro de Viñas. La olvido y leyendo para hoy la encuentro. Me hace pensar que no tengo que olvidarme de decir que con muchxs colegas no fuimos amigxs de Viñas. Muchxs apenas cruzamos con él dos palabras alguna vez, pero muchxs nos conocimos a principios de los años dos mil alrededor de la simpatía por Viñas: Viñas también fue una bandera para inventarnos formas de ser una generación.

La nota sobre Rafael Barret la publicó Viñas en la revista Ñ en el 2007. Contra todos los hábitos del género periodístico, Viñas inicia su texto con un epígrafe de cuatro versos de Carlos Guido Spano que dicen “Llora, llora, urutaú /en las ramas del yatay/ ya no existe el Paraguay /donde nací como tú”. El recorrido que Viñas hace en la nota, sin embargo, no tiene  mayor relación con el poema. Salvo por la referencia al Paraguay y la genealogía que pisa el barro de la guerra de la Triple Alianza y la pregunta por el lugar del poeta en ese barro, el texto parece más concentrado en las tensiones verificables entre periodismo y literatura en la obra de Barret y algunos aledaños.

Vuelvo a leer el recorte y me pregunto si el epígrafe no habla, sobre todo, del propio Viñas: “Llora, llora, urutaú /en las ramas del yatay/ ya no existe el Paraguay /donde nací como tú”. Tal vez Viñas sabía que ya no existían ni el país donde nació ni el país donde publicó en 1964 Literatura argentina y realidad política. El primer capítulo del libro lleva el notable título de “Constantes con variaciones”. Viñas siempre estaba atento a eso: buscar las constantes y las variaciones. Ese país ya no existe, pero hay constantes que se mantienen. Supongo que en la paradoja de la idea misma que implica las “constantes con variaciones” se puede justificar la rareza de estar presentando un libro que no requiere presentaciones.

David Viñas, Literatura argentina y política, Santiago Arcos Editor, 2017

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[1] Texto leído en la mesa de presentación de Literatura argentina y política, en la librería Caburé Libros el 08/07/2017. Participaban de la mesa Martín Rodríguez, Florencia Minici y Sebastián Hernaiz