La narrativa de Tomás Downey en escena, entrevista a Macarena Trigo

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A partir del libro de Tomás Downey, Acá el tiempo es otra cosa, Macarena Trigo realiza una adaptación y dirige la puesta de tres de los cuentos que giran en torno al tema del recuerdo.

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Charlamos con Macarena que nos cuenta acerca del proceso que fue desde la lectura del libro de Downey a la puesta en escena de sus relatos.

Tomás Downey es guionista, ¿se traduce esto en la escritura de sus cuentos, en especial pensando en la adaptación que vos hacés para teatro?

Cualquier escritor que tiene la fortuna de desarrollarse en diversos géneros y formatos ve favorecida su escritura por ello. Tras haber leído sus dos libros de relatos –Acá el tiempo es otra cosa (Interzona, 2015) y El lugar donde mueren los pájaros (Fiordo, 2017)– puedo afirmar que la poética de su imaginario es profundamente sensorial y el tratamiento que hace de las imágenes resulta muy atractivo, en ocasiones, por esa minuciosidad que sí, en efecto, relacionamos con el lenguaje audiovisual. Pero quizá, donde más se aproximen sus relatos a lo cinematográfico, sea en el manejo de los tiempos. El tiempo se detiene, rebobina, adelanta o se convierte en algo paralelo muy a menudo. La narrativa audiovisual nos educa en esos saltos, pero lograrlo de un modo efectivo y poético dentro de un relato es un gran desafío que Tomás enfrenta con soltura.

¿En lo personal, cómo trabajaste el pasaje de un género a otro?

El deseo de trabajar con su libro lo tuve apenas lo cerré tras la primera lectura. La elección de los relatos y qué tipo de adaptación encarar me llevó casi un año. Tenía claro que evitaría convertirlos en monólogos. Deseaba algo más, algo que mantuviera la intensidad poética de sus historias sobre el escenario, así que trabajé hasta encontrar una textura común que los reuniera sin unificarlos. Cada relato debía mantener su impronta y convivir con los otros. Modifiqué el texto suavizando el carácter literario para que los actores pudieran abordarlo con organicidad y trabajamos juntos en la creación de una partitura de acciones para generar el ritmo interno. En los ensayos entendí que el propio título del libro y de la obra, Acá el tiempo es otra cosa, me señalaba cómo afianzar mis intuiciones sobre el manejo de los tiempos. Lo que tejimos es lo que venimos llamando un “zapping escénico” donde lo visual y lo sonoro son muy importantes. La música de Nicolás Blum resultó fundamental para concretar determinadas emociones que palpitan como subtexto en el montaje.

¿Qué acercamiento tuviste con Tomás?

Escribí una nota comentando su libro al poco tiempo de su edición y poco después le escribí para preguntarle qué le parecería la idea de llevar algunos de los relatos a escena. Quería estar segura de que no habría inconvenientes porque intuía que sería un proceso creativo largo. Conté con su apoyo desde el primer momento y me dio absoluta libertad para trabajar sobre el texto. Leyó mi adaptación antes de que convocara a los actores y seguimos en contacto.

¿Por qué elegiste los cuentos “La nube”, “Cavayo”, “Mamá” y “Ver a un niño”?

“Cavayo” fue el disparador de mi deseo. En ese relato aparece un caballo de forma maravillosa e insólita en la vida del personaje, y yo quise, casi diría que necesité, ver ese prodigio en escena, traducirlo. Los cuatro relatos manejan una primera persona rotunda y transforman la realidad de un modo sutil y efectivo que genera una profunda inquietud. Me interesaba mucho profundizar en una sensorialidad que compartían y que, desde la puesta, acentuamos.

Contame del estreno y de los comentarios de Tomás al ver sus cuentos en escena.

Tomás no había visto ningún ensayo, así que no sé quién estaba más nervioso en el estreno, si él o nosotros. Por suerte, el resultado le gustó mucho y después pudimos hablar del trabajo con los actores y la estética. Creo que lo que más le sorprendió fueron las interrelaciones generadas entre los cuentos, detalles de los que él mismo no se había percatado. Es la primera vez que dirijo una obra con texto ajeno y disfruté muchísimo la adaptación. Era muy importante para mí que a él le interesara la obra, así que como grupo estamos más que felices.

Todos los sábados a las 21 en Espacio 33; 33 orientales 1119, CABA

Foto: Andrea Meikop