Mi amigo Renato

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La primera vez que escuché hablar de “ejes cartesianos”, debe haber sido en el secundario. Nunca imaginé que hablaban de una persona, seguramente en su momento debo haber pensado en algún oscuro concepto matemático. Por esa época resonó también el “producto cartesiano” y si bien no entendí de qué hablaban, era raro que se repitiera el nombre, pero bueno, seguro que se trataba de algún conjuro del críptico mundo de los números.

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En quinto año del secundario, en la materia física, me topé otra vez con ese nombre, pero esta vez no en su forma de adjetivo, sino de nombre propio. En la unidad de la materia que trataba sobre óptica, el profesor se encargó de mencionarnos que íbamos a estudiar los trabajos de Renato Descartes, donde analizaba como en un espejo se ve reflejada la imagen. Los dibujos siempre implicaban velas y a mi eso me fascinaba. Me imaginaba al filósofo en la oscuridad de su cuarto, analizando los ángulos en los cuales se generaba el reflejo. El profesor tuvo el buen tino de informarnos que tanto los ejes cartesianos como los productos cartesianos, referían a este mismo buen señor.

Ya en la universidad me enteré que en la historia del pensamiento occidental había dos corrientes muy importantes que se denominaban “racionalismo” y “empirismo”. Y aquí otra vez aparecía la figura de Renatus Cartesius (claro con su nombre latinizado, muy en boga en su época) como uno de los padres de la primera corriente mencionada. Algo me unía con ese muchacho y así fue como di a parar con la lectura del “Discurso del método”. El libro es maravilloso, se plantea la duda como factor esencial del conocimiento. Se construye a partir de las preguntas, de no dar nada por sentado. Únicamente hay que quedarse con una mínima certeza, aquella que permite dudar, es decir no hay que dudar acerca de que es necesario dudar.

También en la Universidad y cursando Análisis Matemático, el profesor Eduardo Glavich, que además de matemático es filósofo (¿o es al revés?), nos comentaba al hablar de funciones, del impresionante logro de Descartes en la matemática moderna. Renato logró uno de esos hechos trascendentales, que en algún sentido cambian la historia de una disciplina. Me estoy refiriendo a la denominada geometría analítica. Descartes unificó a la geometría con el análisis matemático y el álgebra (aritmética). Al parecer y mientras, como buen filósofo, reflexionaba sobre la vida, sentado frente al fuego en un frío invierno, vio una mosca que merodeaba. Y se le ocurrió que si dividía el espacio en dos ejes (cartesianos), teniendo el valor del eje de las X y el valor del eje de las Y, podía atrapar a la mosca cuando quisiera. Y podría, de paso, representar numéricamente cualquier figura geométrica. Y podría, de paso, cambiar para siempre la historia de las matemáticas.

Esta síntesis fue determinante para el desarrollo de las ciencias formales en la modernidad. No por nada Isaac Newton, cuando hablaba de los gigantes sobre los que estaba subido (y que le permitieron ver más allá, según sus propias palabras), parece que se estaba refiriendo a Renato Descartes. Y es que la geometría analítica unificó dos tradiciones que habían estado separadas por más de 2000 años.

Sus reflexiones y hallazgos marcaron también la trayectoria de la filosofía moderna. La perspectiva del sujeto ocupa un lugar central y claramente cambia el paradigma de lo que los filósofos medievalistas planteaban. La percepción del ser humano pasa a ser el centro de las reflexiones y es desde allí desde donde se intenta comprender al mundo. Como podrá verse, Descartes es el padre de todas las corrientes filosóficas actuales.

En mi caso particular soy cartesiano hasta la médula. De tanto leerlo ya me siento como un amigo al que puedo consultar, justamente en caso de duda.