Eduardo Stupia en el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén

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El Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén, invita a la inauguración de la muestra “Fósiles, sedimentos, paisajes nocturnos” del artista plástico Eduardo Stupía, el viernes 14 de julio, a las 20, en el MNBA Neuquén, Mitre y Santa Cruz, Parque Central de la ciudad de Neuquén. Durante la presentación la prensa y el público podrán dialogar con el artista.

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Ivana Quiroga, directora del Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén, expresó sobre ésta serie de obras de Stupía: “entre manchas y líneas cobra vida en sus producciones un lenguaje universal; pues personifica esa primigenia herida que representa un compromiso vital con el arte y al mismo tiempo reconcilia con identidad propia un delicado y ancestral universo de incertidumbres. Su virtud, a no dudarlo, es poder visualizar el escenario de un mundo complejo que ha logrado captar de forma brillante para compartirlo con todos nosotros”

El poeta y crítico literario Guillermo Saavedra nos dice sobre la misma:

EL CARBÓN ES EL FÓSIL DE LA NOCHE

Acaso el fósil sea el pentimento de la naturaleza, el recuerdo pudoroso que ésta nos entrega de la acción del tiempo en un punto dado.

Tal vez el nocturno cifre el gesto romántico de una intimidad cavilosa y, también, la invitación a contemplarlo en ese instante en que el día se desgaja despacio del hueso del tiempo.

Quizá el carbón, en su negrura ancestral, pedregosa y al mismo tiempo deleznable, constituya una síntesis o un puente tendido entre ambas realidades: él mismo es un fósil que espera agazapado en la noche de la tierra su encuentro con la pala del minero; y, una vez activo, es la herramienta misma capaz de apenumbrar la insoportable luminosidad de la página.

Estas intuiciones, acaso peregrinas y por lo tanto errantes, surgen de la contemplación de estos nuevos trabajos de Eduardo Stupía.

Por una parte, fósiles contemporáneos que hacen del pliegue del papel embebido en acrílico un remedo inspirado y espectral del trabajo de la naturaleza sobre sí misma; por la otra, paisajes donde una o varias noches activan la siempre extraña paradoja de la repetición –que nunca repite exactamente igual aquello que reitera– de instantes o puntos en los que el artista supo ofrendar su serenata.

Unos son el producto del efecto carbónico de la monocopia, el resultado de la superposición de planos creados por sucesivos repliegues; los otros, de una estratificación desplegada –en un mismo plano– de momentos cristalizados, islotes de representación derivados de diversos usos del grafito, el lápiz, la carbonilla, el pastel tiza.

En ambos, la anfibia realidad del universo de este enorme artista vuelve a poner en acto la progresión de ida y vuelta desde lo espectral a lo calcáreo, desde lo pétreo a lo humoso.

Y ese vacilar nos somete a una forma delicada y  terrible de la incertidumbre: no saber a ciencia cierta si lo que estamos contemplando es la materia del sueño del artista, o la materia soñando por sí misma.

Viernes 14 de julio, 20 hs.
MNBA Neuquén, Mitre y Santa Cruz, Parque Central.

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