Los condenados. Pasolini en América Latina

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“Es imposible decir que clase de grito es el mío: aunque sin duda es terrible -a tal
 punto que me desfigura los rasgos volviéndolos parecidos a las fauces de una
 fiera-, también es, en cierto modo, alegre, y me convierte casi en un niño (…)”
(Pier Paolo Pasolini).
 Los condenados. Pasolini en América Latina
(Hector Kohen y Sebastián Russo, compiladores)
Colección Umbracle/Artes escénicas
Serie Tierra en trance/Cine latinoamericano
Nelú Bonsai Editora, 2017
¿Tercer mundo y Pasolini?
¿América Latina y Pasolini?
“(…) el Tercer mundo, esa zona (…) que encuentra Pasolini al interior de la Italia
del milagro (capitalista) y el genocidio cultural, (…)”
Este es el punto de partida, de mirada, desde donde “configura el fundamento de
su concepción y proposición política y estética: la cuestión del Otro”.
Desde aquí volvemos, una y otra vez, a (re)visar las propuestas de este poeta, cineasta, dramaturgo, actor, artista plástico, periodista y activista social que se llamó y se llama Pier Paolo Pasolini.
Un intelectual, un pensador-agitador crítico que a casi medio siglo de su brutal asesinato sigue siendo molesto, incómodo, inclasificable y provocador.
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Hector Kohen y Sebastián Russo nos proponen (desde el prólogo) indagar en estas resonancias latinoamericanas, contemporáneas, recorrer con los autores una cartografía peligrosa (aún más que nunca).
Pasolini un compañero, un “amigo estrecho”, nuestro hermano, polémico reivindicador de lo que nombró “barbarie” (como inscribe Eduardo Grüner en su Pasolini, o el “Otro” indirecto libre), (…) su riguroso y rabioso argumento central es que el denominado “milagro económico” italiano -y no solo italiano- (…) estaba cometiendo un verdadero genocidio cultural, un etnocidio que implicaba una siniestra “mutación antropológica”.
Toda expresión artística -incluyendo la poesía y el cine- solo puede operar y encontrar sentido afirmándose como “trinchera de resistencia” ante este neocapitalismo genocida, que Pasolini profetizó y que hoy nos parece invencible.
Pero no basta -nos advierte Grüner- con esgrimir la denuncia política y la oposición militante, prácticas de Pasolini. Desde la poesía, la narrativa y el cine debemos abrir espacios para que el Otro ejerza la palabra, pueda “visualizarse”, por si mismo. No se trata de darle al Otro la palabra, el guión, o la imagen, en un gesto caritativo propio de un “domador”, de un intérprete o un traductor.
Pasolini se/nos propone la práctica -“imposible”- de un “etnocentrismo (auto)crítico”, extrañas fulguraciones de una nueva lengua que nos derivan a una oralidad sepultada.
Esfuerzo desesperado, trágico, por balbucear, hablar de lo imposible. Una lengua
que se desea otra, donde lo real se escuche y se vea en los silencios.
Una propuesta iracunda, “rabbiosa”, disonante -como el sonido desgarrado, aullante, del saxo tenor de Leandro “Gato” Barbieri-.
El asalto a las murallas de lo normalizado, mediante la reivindicación de los objetos y las ruinas.
Me hago cómplice de lo expresado por Grüner “(…) para Pasolini toda la estructura neocapitalista es fascista”, se trata, insistía Pasolini, de un nuevo fascismo que consiguió lo que el fascismo histórico no pudo, instaurar su lógica de “administración total”, la completa domesticación de lo real.
El fascismo es -hoy más que nunca- el núcleo estructural del neocapitalismo contemporáneo -acá y en la China-. Eficaz en cuanto logró coronarse, ocultarse, tras la máscara mutante de la democracia de masas.
La obra de Pasolini es una aventura nunca terminada, potente, abierta. Conciente de la extrema dificultad de representar, exponer, al Tercer Mundo, a los Otros.
Las formas de la “exposición”, de ésto se trata…
Pasolini cambia de dirección, produce un dislocamiento de la representación del Otro, altera el sistema de jerarquías visuales que constituyen al Otro como anónimos figurantes, reemplazables entre sí. Hace que lo figurantes “comparezcan” por sí mismos como figurables.
“Esto es el cine de poesía: el poner en cuestión, y no meramente representar, el lugar del Otro como Otro, empezando por la propia realidad, lo que se ha llamado
la “mímesis maldita”.
El cine-poesía que se (nos) hace por momentos “insoportable” -como en Saló, su último film-. Se trata del ejercicio de la poesía por otros medios y no de una sentimental “estetización de la política”.
Poesía, narrativa, dramaturgia, ensayo, cine, “el deseo siempre es el mismo: el hacer de lo real un ecuménico plano subjetivo indirecto”, donde la voz/palabra y la imagen del Otro no sean una disciplinada respuesta a su pregunta, sino la pregunta misma.
El capítulo de Natalia Torrado propone, desde un análisis semiótico y un encuadre conceptual psicoanalítico, problematizar la relación con el prójimo tal como se articula ética, estética y políticamente en la obra “Apuntes para un film sobre la India”, 1968, de Pier Paolo Pasolini.
Justifica la elección del film en la particularidad del modo de enunciación que propone el “apunte”, por su carácter fragmentario, provisorio y abierto.
El interés de la propuesta se fundamenta en vincular la obra de Pasolini con una
estética paradigmática, como la de la obra del dramaturgo argentino Pompeyo Audivert. Ambos comparten un deseo: el de cambiar el mundo.
Neorrealismo, maravilloso y neobarroco a la italiana, desde este texto Galo Alfredo Torres, nos incita, a partir de otro escrito por Pasolini un 22 de julio de 1973 en la revista Tiempo donde comenta “rabiosamente descalificador” la célebre novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.
“(…) derroche de tradicional manierismo barroco latinoamericano, casi para el uso de una gran empresa cinematográfica norteamericana”.
Las palabras y la carne. Pasolini el problema político del lenguaje, capítulo a cargo de Diego Bentivegna.
Libro “póstumo” La Divina Mímesis”, comenzado en los años sesenta y publicado en 1975, días después del asesinato de Pasolini en las playas de Ostia.
Una obra impura que permanece suspendida, un proyecto truncado por la muerte. Cuerpo de sus reflexiones sobre política y literatura, nunca espacios separados.
Pasolini, Fogwill, Perrone: hay huellas en la lengua, de Hernán Sassi.
Herejes, incómodos, antidogmáticos, inasimilables.
Pasolini el apóstata -de la fe y la iglesia cristiana y de la fe e iglesia marxista, de los mitos sesentistas-, a la vez anómalo defensor de las idiologías y vientos de la época.
Aguafiestas como todos los -verdaderos- poetas, que se rebelan contra la trama de las palabras que “modelan” una época. Tiempo que estaba ejecutando un genocidio cultural.
Cuerpos indóciles…
El fin de la sombra. Saló entre Faena y Habeas Corpus, por Sebastián Russo.
Una abjuración (que no arrepentimiento) da a luz una obra radicalmente provocadora y al filo de lo soportable (aún hoy): Saló o los 120 días de Sodoma, 1975.
Expresión -potente- de impotencia, de derrota ante la lógica fascista de la industrialización cultural.
Interpretar una obra en el marco de una (re)visión de distintos momentos del vínculo “ver-poder” de la historia argentina reciente, expresada en dos filmes: Faena de Humberto Ríos, 1960, y Habeas Corpus de Jorge Acha, 1987.
La impronta de Pasolini en el cine bruto de José Celestino Campusano, texto de Alejandra Ruiz.
“Hay un cine que incomoda, que rehuye a la norma, que se construye en los bordes de lo decible e indecible”, que nos exaspera, desconcierta, a nosotros espectadores, nos coloca en un territorio desconocido, de arenas movedizas.
¿Qué (nos) provoca el desconcierto?
Expresión de lo real que “deja hablar a lo sepultado” (lo vencido).
El cine de Campusano se propone descoyuntar los códigos sobre los que se asienta el cine tradicional, los cánones de belleza, violencia e interpretación -lo auténtico y lo artificial-.
“Los técnicos audiovisuales desde ahora en adelante son parte importante de nuestro mundo, es decir: del mundo del neocapitalismo técnico que avanza, y cuya tendencia es desidiologizar sus técnicas y, al mismo tiempo, ontologizarlas.
Las hace dóciles, habituales; las vuelve forma religiosa. Nosotros, que somos
humanistas laicos o, por lo menos, platónicos no misólogos, debemos batirnos, por consiguiente, para desmitificar la “inocencia de la técnica”, hasta la última gota de sangre”.
(Pier Paolo Pasolini, La lengua escrita de la realidad).
Pasolini y Campusano, críticos de la mirada “educada” por Hollywood.
Una desbordante constelación de cuerpos: Calderón de Pasolini por el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. Betinna Girotti.
“A Pasolini le gustaba decir que su teatro había nacido de una enfermedad” (Prólogo de la edición castellana de Calderón).
A 35 años del asesinato de Pasolini, en 2011, el Grupo de Titiriteros del Complejo Teatral San Martín, dirigido por Adelaida Mangani, pone en escena Calderón.
Reflexiones sobre el cuerpo, ser y poseer un cuerpo, habitarlo.
La propuesta del grupo de titiriteros aporta, introduce un nuevo elemento (cuerpo), un objeto o cosa en función dramática: el títere.
La convivencia, en el espacio-tiempo escénico, de títeres y actores.
Cuerpos y objetos, orgánicos e inorgánicos.
Cuerpos y palabras. Lucha y desborde.
Pasolini y el mito, su (re)visión.
Territorios en trance…
El Cristo tercermundista de Glauber Rocha.
La crítica de  Pasolini como dispositivo -indirecto y libre- de reflexión autocrítica.
(Nicolás Fernández Muriano).
Identidades tribales, bárbaras.
Pasolini y su singular experiencia del Cinema Novo.
El estilo como moral.
Cine y progreso.
Amor y violencia, amor de acción y transformación. Destrucción y creación.
¿El Tercer Cine?
La condición y condena del autor.
Razón y misticismo.
¿Civilización y barbarie?
Neo-sadismo y fascismo.
Perversión y subversión.
Diálogo de muertos.
La tierra vista desde la tierra: notas sobre La rabbia, por Fernando Svetko.
“(…) los que permanecen/mirando la televisión/
 (…) han olvidado cómo mirar”.
(Jean-Luc Godard, Histoire(s) du cinèma)
La apuesta de leer la historia “a contrapelo”, Walter Benjamin.
Volver a montar/editar la historia del siglo XX en clave de “noticias”.
Pasolini lo hizo…
en La Rabbia, 1963, poema-ensayo-descalabro, imposibilidad de realizar una historia lineal de las imágenes.
Actualidades.
Dos décadas más tarde: Histoire(s) du cinèma” (Jean-Luc Godard).
¿Por qué nuestra vida es dominada por el desconcierto, la angustia, por el temor de la guerra?
La Guerra Fría y el mundo atómico, la Revolución Cubana, la Húngara, la competencia espacial soviética, la liberación del Congo Belga, Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles.
Más de 90 mil metros de cinta de archivos de los últimos años (re)visados y (des)armados por Pasolini.
Voces, prosa y poesía.
“Elegía fúnebre”
Las culpas de Stalin…nuestras culpas.
La reacción en cadena de Cristos.
Una Cristo-Marilyn, sacrificada en la piedra de la sociedad del espectáculo.
“El nuevo fascismo (…) no es retórico, es americanamente pragmático. Su fin es la reorganización y la homologación brutalmente totalitaria del mundo”.
“No hay solo que comprometerse en el escribir/sino en el vivir/hay que resistir en el escándalo/y la rabia (…) /ingenuos como animales en el matadero/turbados como víctimas”.
Pier Paolo Pasolini
Epílogo
Pasolini “Un héroe de nuestro tiempo”
(Luis Gusmán)
Pasolini sigue siendo un héroe (aún, sobre todo, en nuestro tiempo).
“(…) Pasolini no murió poéticamente sino de una manera mísera”.
Como suele suceder con muchos…héroes.