Bill Viola: ahora en el Guggenheim de Bilbao

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Entrando en el último mes de la increible propuesta de Bill Viola (Nueva York, EEUU, 1951) donde recrea el Renacimiento, en el no menos increible Palazzo Strozzi de Florencia, que recorrió y reseñó Alejandra Portela en esta nota, acaba de inaugurar el 30 de junio una retrospectiva contundente por lo comprensiva de toda su labor en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Bill Viola es un gran conocido en Argentina, a partir de su propuesta específica para el Parque de la Memoria de la ciudad de Buenos Aires, Punto de Partida – Point of Departure que hace ya cuatro años, en el invierno de 2013, supo alcanzar al gran público y cuya difusión en nuestro portal fue seguida por miles de lectores atentxs.

Ahora, en el gran centro de arte contemporáneo de Bilbao, uno de los más importantes de Europa, continúa afirmando su aptitud museal, sensorial y multimedia, con una propuesta que recorre

Reproducimos aquí la propia información del Guggenheim, porque su valor educativo es inigualable y nos permite tener en una lectura una visión de lo que busca con esta nueva instancia:

Bill Viola: retrospectiva constituye un recorrido temático y cronológico por la trayectoria del artista, comenzando con sus tempranas cintas monocanal, entre las que se incluyen obras tan representativas como El estanque reflejante (1977–79) y Cuatro canciones (1976), un álbum en el que recopiló varias piezas. Estas creaciones tienen un contenido sumamente poético y ya abordan aspectos tan importantes en la producción de Viola como la noción del tiempo y su deconstrucción, la indagación acerca de la existencia, la experimentación con la grabación y manipulación de sonidos procedentes del medioambiente y de la naturaleza.

La década de 1980 se inicia con obras como Chott el-Djerid (Un retrato de luz y calor)(1979), donde la cámara captura el deslumbrante paisaje del desierto mediante teleobjetivos que permiten grabar espejismos y revelar así imágenes que normalmente escapan a nuestra percepción. Esta etapa, en la que Kira Perov (su esposa y colaboradora durante largo tiempo) comienza a colaborar con Viola, está marcada por proyectos destinados a ser emitidos por televisión, pero también sirve como periodo de transición entre su producción temprana y las instalaciones que se desplegarán en salas enteras, envolviendo al observador en imágenes y sonido. El artista empieza a incorporar en su trabajo elementos físicos (algo que estará presente durante los años noventa); sus estudios sobre la percepción y temas espirituales se plasman en objetos escultóricos, como se aprecia en los despojados monitores de Cielo y Tierra (1992) y en obras de grandes dimensiones, como Una historia que gira lentamente (1992), con su colosal pantalla giratoria.

Con la llegada del nuevo milenio y la aparición de la pantalla plana de alta definición, Viola comienza a realizar piezas de pequeño y mediano formato, que se integrarán en la serie Pasiones; entre ellas, un estudio a cámara lenta de las emociones, Rendición, y trabajos que reflejan el paso del tiempo y la sucesión de las generaciones, como La habitación de Catalina y Cuatro manos, todas de 2001A estas creaciones íntimas siguió la instalación monumental Avanzando cada día (2002), en la que cinco grandes proyecciones murales que comparten un espacio común invitan al espectador a adentrarse literalmente en la luz y reflexionar acerca de sus vidas y la existencia humana. La cuestión de la trascendencia también se halla presente en su trabajo para la ópera wagneriana Tristán e Isolda (2004–05), una obra mayor de la que se derivan dos instalaciones, La ascensión de Tristán (el sonido de una montaña bajo una cascada) y Mujer fuego, ambas de 2005.

La habitación de Catalina (Catherine’s Room), 2001. Políptico de vídeo en color en cinco pantallas planas de cristal líquido montadas sobre la pared. 38 x 246 x 5,7 cm. 18 min., 39 s. Intérprete: Weba Garretson
La habitación de Catalina (Catherine’s Room), 2001. Políptico de vídeo en color en cinco pantallas planas de cristal líquido montadas sobre la pared. 38 x 246 x 5,7 cm. 18 min., 39 s. Intérprete: Weba Garretson

Durante la última década, Viola ha continuado representando la experiencia fundamental de la vida a través de los medios y soportes más diversos. Buen ejemplo de ello es su empleo del agua en obras como Los inocentes (2007), Tres mujeres (2008) y Los soñadores (2013)—, y su recorrido por el ciclo de la vida, que se inicia en esta exposición con Cielo y Tierra (1992) y se “rebobina” literalmente en la pieza final, Nacimiento invertido (2014)”.

three-womenTres Mujeres (Three women) 2008.

Cada obra enumerada es comentada por el propio Bill Viola, a manera de memoria conceptual, y esto puede leerse en este link.

Ilustra la nota: Avanzando cada día (Going Forth By Day), 2002. Instalación de video y sonido. Ciclo de imágenes proyectadas en cinco partes. Cinco canales de vídeo de alta definición en color proyectados sobre las paredes de una sala oscura; dos canales de sonido estéreo para cuatro paneles; un panel con cuatro canales de sonido espacial cuadrafónico. Dimensiones de la sala: 5,2 x 9,15 x 19,5 m. 34 min., 30 s.