Dos obras de Stanislaw I. Witkiewicz

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Entre 1918 y 1934, Stanislaw I. Witkiewicz –conocido también como Witkacy–, escribió alrededor de treinta obras de teatro, dos extensas novelas, y cientos de artículos y ensayos sobre arte, filosofía, literatura y drogas, además de pintar miles de retratos y paisajes. Reseñar alguna de sus obras implica, primero, sumergirse en la biografía de un autor no tan conocido entre nosotros.

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Creador de una estética teatral y artística propia, la Forma Pura, este escritor polaco propone eliminar la mímesis y la profundidad psicológica de los personajes como una manera de evidenciar de manera más directa la situación del hombre en el mundo. Lejos de la concepción del teatro como catarsis, Witkiewicz se acerca a su contemporáneo Bertolt Brecht, quien con su teatro épico obligaba al espectador a sacar sus propias conclusiones; el dramaturgo alemán en todo momento buscaba recordarle al espectador que estaba asistiendo a una obra teatral para evitar que se identificara con lo que estaba viendo en escena.

A pesar de su originalidad y de su prolífica producción, Witkacy nunca fue respetado como dramaturgo. Sus obras eran calificadas de ridículas, incoherentes e incomprensibles para el público en general. Recién en la década del 50, con el surgimiento del teatro del absurdo y las puestas en escena de Tadeusz Kantor, fueron valoradas finalmente por la crítica.

Resulta tan apasionante leer acerca de la biografía de este escritor como ingresar en su teatro que, desde el comienzo, nos resulta extraño si lo comparamos con otro más clásico. Los diálogos extensos con abundantes reflexiones, los personajes exagerados, imposibles de encasillar en estereotipos, y el uso particular del lenguaje provocan un extrañamiento del lector, algo similar a la ostranénie que proponían los formalistas rusos: en palabras de Víktor Shklovski, “El propósito del arte es el de impartir la sensación de las cosas como son percibidas y no como son sabidas (o concebidas). La técnica del arte de ‘extrañar’ a los objetos, (…) encuentra su razón en que el proceso de percepción no es estético como un fin en sí mismo y debe ser prolongado. El arte es una manera de experimentar la cualidad o esencia artística de un objeto; el objeto no es lo importante.” Desautomatizar la percepción, entonces, conduce al espectador a sentir de modo más evidente la alienación en la que todos estamos inmersos.

Un párrafo aparte merece la edición de Dobra Robota Editora, con un estudio previo completo y muy esclarecedor, y con un prólogo impecable de Mónica Berman. La traducción, además, adapta el original polaco al español del Río de la Plata, fundamental en este caso porque como dice en el citado prólogo: “La lengua es un lugar para habitar en Witkiewicz, y es necesario entrar y sentirse a gusto allí”.

Queda hecha la invitación a abordar estas dos obras: Ellos y Obra sin nombre que requieren una lectura sin prejuicios y un dejarse llevar por un autor cuya importancia va creciendo a medida que crecen sus lectores.

Ficha técnica

Stanislaw I. Witkiewicz,  Ellos y Obra sin nombre, Dobra Robota Editora, 2016, 212 págs.