Polémica donación de la Fundación Cisneros de 119 obras de arte colonial

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La Fundación Cisneros anunció que ha donado 119 obras de arte colonial, pertenecientes a su colección, a cinco importantes museos, cuatro de ellos de Estados Unidos, y uno sólo en Hispanoamérica.

Los museos elegidos son: Blanton Museum of Art, Austin; Denver Art Museum, Colorado; Hispanic Society Museum & Library, New York; Museum of Fine Arts Boston, Massachusetts; Museo de Arte de Lima (MALI), Perú.

La cuestión que se debate es lo desbalanceado de la donación, que provoca que una importante cantidad de piezas relativas al barroco hispanoamericano (especialmente de Venezuela, Caribe y Perú), a sus historias y a su potencialidad historiográfica y crítica salga del ámbito posible de los museos propios para engrosar coleccionismos que disponen de recursos para comprar y acopiar obras.

Se deja claro que la calidad de los museos norteamericanos en cuestión está fuera de debate; así mismo está fuera de debate lo novedoso de buena parte de lo que estos centros proponen o lo que -sin ninguna duda- valoran en altísima calidad lo que están recibiendo.

Lo que sería imprescindible reflexionar es el rol de un coleccionismo que favorezca el estudio, la museografía y las curadurías locales, fortaleciendo y ampliando sus reservas y sus departamentos de investigación.

Sería muy interesante que el Grupo Cisneros repartiera el acervo de su colección de arte contemporáneo, por ejemplo, entre las principales plazas del mundo, lo que provocaría un mayor conocimiento y fortalecimiento del campo activo y vivo de artistas que producen en Latinoamérica.

Sería de importancia capital producir desde aquí nuestras propias lecturas, que luego puedan ser adquiridas por estos importantes centros y por centros europeos, así como promover intercambios y trabajos en común, con los correspondientes aportes económicos que contribuyan a equilibrar un esquema histórico, por el cual nuestros espacios privados compran exposciones “llave en mano” y producen esporádicas relecturas o debates curatoriales desde la propia experiencia cultural y artística.

Un tema pendiente que atraviesa la realidad nuestros grandes museos, en su mayoría creados o refundados en los últimos 15 o 20 años, en un momento tan particular que atraviesa el continente, con un paradigma mixto de trabajo y en el cual el sector privado juega un papel fundamental.

Nuestro barroco, tan particular, es un momento clave para comprender los procesos de conformación de subjetividades geopolíticas que hoy nos atraviesan, sin dudas, en un proceso de focalización sobre nuestros modos de representarnos históricamente y nos interpela, que debemos desmarcar y deconstruir profundamente.

Ilustra la nota: detalle de Retrato de don Juan Francisco de Izcué y Sáez Texada’, de Gil de Castro y Morales.