Los invertidos, José González Castillo

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Lo invertido, lo pervertido, lo morboso, lo enfermo o lo monstruoso son los adjetivos utilizados para referir a la homosexualidad en la obra desde una visión burguesa de principios de siglo veinte.

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Los invertidos es un texto de José González Castillo, de 1914, cuando los derechos de igualdad no habían sido conquistados aún. El ser diferente en una sociedad castradora donde todos debían encajar en un molde, el de la familia tipo, y este no se podía romper, traía aparejada mucha infelicidad y marginación. El  marginado era empujado al suicidio. Claramente la obra no es homofóbica sino todo lo contrario: muestra circunstancias que seguramente no se alejaban de  las de una sociedad cerrada y llena de prejuicios y lo hace con un ojo crítico.

El rol de Clara es el de una mujer que sufre, lo hace por la indiferencia de su marido Flórez, que tiene otras preferencias sexuales. Pérez, compañero de juventud de Flórez, quiere conquistar a Clara, pero sabemos que es también amante de Flórez. Por eso la pieza trata muy bien el tema de la ambigüedad, aquello que no se define con límites bien marcados;  trabaja con esa ambivalencia que encontramos en el terreno de los sentimientos, de las identidades. La dicotomía enfermo y sano es abordada ampliamente en el guión donde la homosexualidad aparece desde el primer momento ligada a un acto criminal en el cual el hermafrodita o “mariquita” es el responsable.

La casa de Pérez es un mundo aparte, un espacio secreto donde las verdaderas sexualidades se manifiestan. La pintura elegida para decorar la pared, Dante y Virgilio (1850) de William Bouguereau (1825-1905),  muestra a ambos poetas presenciando una escena de los falsificadores del Infierno de Dante. Son dos almas condenadas: Capocchio, hereje y alquimista, es mordido en el cuello por Gianni Schicchi, quien había usurpado la identidad de un hombre ya fallecido, con el fin de desviar su herencia. Esto representa una lucha, un combate, pero también puede leerse cierto erotismo en la imagen, en la posición de los dos cuerpos masculinos que a simple vista parecen ligados por un acto erótico (nuevamente hay ambivalencia). La musculatura marcada exalta su masculinidad. Pero la masculinidad que presenta Los invertidos es aquella que puede mostrar varias caras: el hombre hétero, el padre de familia, el hombre homosexual y el  que se viste de mujer.  Una  masculinidad que juega con los bordes de toda definición.

Como si hubiera anverso y reverso en las vidas de estos personajes, el escritorio de la familia acomodada sería el anverso, donde  se realizan actividades formales, se cumplen las obligaciones y se hace lo que se debe hacer. La casa de Pérez sería donde justamente se da lugar al reverso, a aquellos valores que se invierten. Estos dos espacios diferenciados llegan momentos en que invaden el uno al otro: el mundo de lo familiar y el mundo secreto de una sexualidad oculta se empiezan a confundir y es  allí donde se desarrolla la tragedia. La obra siembra indicios desde el comienzo de que algo va a estallar y uno está toda la función esperando el estallido. La noticia del “hermafrodita asesino” ya introduce el elemento de crimen pasional en escena. La figura de Clara es clave en ese darse cuenta de la realidad, y muestra a la perfección la doble moral de una época. Ella es la catalizadora en muchos aspectos, de este drama.  Y se aferra a la sanidad y la pureza de su hijo que no está contaminado con una sexualidad vista como enferma. Se aferra con todas sus fuerzas cuando toda su vida se desmorona.

“Lo que me impulsó a poner en escena nuevamente esta pieza, además de su estructura perfecta, ibseniana; es su desgraciada actualidad. Aun con los años, las conquistas y los avances obtenidos, continúan los discursos coercitivos, los prejuicios, la hipocresía y la doble moral; temáticas que Castillo supo tallar con excelencia”, confiesa Mariano Dossena. En una reciente entrevista para Página/12, el director dijo que le gusta mucho más la ficción que la vida real.  En este punto cabe rescatar una cita de Oscar Wilde: “Quizá la vida, de verdad sea un caos, como dices; sus martirios mediocres y sus heroísmos viles, y la función de la literatura sea crear, con la materia prima de la existencia real, un mundo nuevo más prodigioso, duradero y veraz que ese mundo visto por ojos comunes”. El mundo que crea Castillo no brinda sosiego, aunque sí se puede decir que logra dar vida a una obra realmente prodigiosa donde podemos tomar distancia de una realidad desgarradora y adentrarnos en el mundo del arte, que en este caso nos muestra su mirada crítica.

“Quizá llegue una época en la que alcancemos un punto de desarrollo, en que seamos ya tan ilustrados, que podamos contemplar con indiferencia el brutal, cínico y despiadado espectáculo que nos ofrece la vida”,  ha escrito el dramaturgo August Strindberg, justamente un autor trabajado por Dossena.  La presente pieza pondrá a prueba al espectador para ver hasta qué punto puede permanecer indiferente. Con actuaciones que son todas excelentes, una dirección impecable, y escenas de una fuerza rotunda, el espectador podrá apreciar la dimensión trágica que tiene Los invertidos y ver una puesta donde las emociones arden.

De José González Castillo // Interpretada por: Fernando Sayago, Florencia Naftulewicz, Hernan Muñoa, Ulises Pafundi, Livia Fernan, Daniel Toppino, Osky Ramaglia, Alejandro Falchini, Gabriel Serenelli y Mora Monteleone // Dirección: Mariano Dossena // Funciones: Sábados, 23 h // En El Galpón de Guevara, Guevara 326 // Entrada $250.- // Facebook – https://www.facebook.com/losinvertidosteatro/

Ficha Técnica: Escenografía y Vestuario: Nicolas Nanni, Realización de Vestuario: Claudia Olivera y Belen Ficarra; Realización de Escenografía: ON Realizaciones Escenográficas; Música Original: Diego Lozano; Diseño de Luces: Claudio Del Bianco; Asistencia de Iluminación: Martin Fernandez Paponi; Fotografía: Fuentes & Fernández, Diseño Gráfico Emilia Nudelman; Redes: Belu Maffei y Sofi Spagnoletti para Alki Studio, Asistencia de Producción: Esmeralda Giménez; Asistencia de Dirección: Gonzalo Quintana; Producción Artística: Pablo Silva

Prensa: Silvina Pizarro