Meditaciones de una visitante V: el MACSUR también existe

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Es innegable. Para quienes vivimos en algunos barrios de la enorme ciudad de Buenos Aires el  recorrido hasta Lanús resulta esforzado. Pero llegar al Centro Cultural Leonardo Favio donde se encuentra el MACSUR (Museode Arte Contemporáneo del Sur) es muy placentero. En la pequeña plaza anexa juegan chicxs; en la pista de skate ruedan adolescentes; dentro del museo conviven generaciones y épocas.

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Olga Correa, curadora de la muestra Ficción barroca, logra que dialoguen bellísimas obras del siglo XVIII, prestadas por el Museo Fernández Blanco, con las de artistas contemporánexs. ¿Muestra de diferentes procesos de antropofagia cultural? ¿ Aquella que realizaron esas prodigiosas manos americanas tallando madera, pintando o haciendo collages con telas e hilos de plata? ¿o la que realizan artistas actuales con diferentes miradas hacia/desde la cultura de base europea? La muestra construye una ficción que juega con el tiempo diluyendo la distancia que separa las obras antiguas de las contemporáneas; las realizadas en épocas de conquista mantienen su frescura y conviven perfectamente con el presente. La diversidad se despliega muy armónicamente en los luminosos salones.

El Museo ofrece un espacio privilegiado (1), amplio, que se integra muy bien con el afuera. En él se potencia el emocionante Tai Tacha o Señor de los Temblores (2) con el impactante Corazón Vigilado de Dora Isdatne (3). Un ángel tamborillero festeja y otro arcabucero custodia a Nicola Narcisa evocando a Caravaggio, obra de Nicola Constantino (4) al mismo tiempo que ambos dialogan con Los viajes del Niño Santo (5) de Teresa Durmüller quien lo transporta de Praga a su paisaje chaqueño del mismo modo que americaniza princesas bactrianas (6).

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Dora Isdatne
Dora Isdatne
Nicola Costantino
Nicola Costantino

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Una sólida Columna Salomónica tallada en el Paraguay (7) convive amablemente con la  instalación de cintas de Juan Miceli (8) y un calmo San Francisco de Asís  (9) observa con interés a Adam und Eva (10), barbudxs ambxs, con cuerpos tapizados de vello, de Max Gómez Canle.

 

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unnamed hay más, mucho más. La sala 4 de Juan Andrés Videla, las obras de Sandro Pujía, Hernán Cagliano, Roberto Cortés, Marcelo Gurruchaga y Marian Landín completan esta llamativa ficción barroca que juega con materiales, épocas y miradas diversas.

Vale la pena viajar al Sur. Siempre vale la pena.

Agradezco a Andrea Fernández sus fotografías.