Feud o el nacimiento del horror menopáusico

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No es fácil meterse en una cápsula del tiempo que nos lleve hacia 1962 y al cine que por entonces se proyectaba en aquellas pantallas. El estreno de WHAT EVER HAPPENED TO BABY JANE supuso un acontecimiento espectacular, al menos para el público. Los críticos la masacraron y Estados Unidos obtuvo una vergüenza considerable en aquellos festivales donde la envió. La Academia le concedió un pálido Oscar al vestuario en blanco y negro Sin embargo, la película se mostró renuente a bajar de cartel durante casi un año y, lo que es más, el personaje de Baby Jane entró a formar parte del folklore norteamericano.

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Hubo alrededor del film una mística que empujó a los productores a llamar a las viejas estrellas –Miss Bankhead incluida y ausente del cine durante mucho tiempo- a sortear vallas demenciales con el objeto de aumentar la alicaída llegada de dólares desde el exterior. Y con la excepción de Katharine Hepburn, las luminarias mayores se vieron envueltas en estas aventuras. El director Robert Aldrich (1918-1983) estaba acostumbrado a los enfrentamientos entre los actores masculinos en sus películas anteriores. Y conseguiría un éxito mayúsculo en 1967 con DOCE EN EL PATÍBULO. Si entre esos doce hubo fricciones, se mantuvieron en segundo plano.

Que es casualmente lo que no ocurrió en QUÉ PASÓ CON BABY JANE? Porque, al parecer, lo que menos importaba era la película. Lo que produciría millones de dólares era el enfrentamiento (FEUD) entre dos añejas glorias como Joan Crawford (1906-1977) y Bette Davis (1908-1983). Este duelo es el eje central de FEUD, cuya traducción podría ser litigio, entre varias. Hay aquí dos competentes actrices como Jessica Lange y Susan Sarandon encarnando a quienes habían deleitado a varias generaciones. Crawford había llegado a Hollywood con el fin del silentey trabajó como extra en varias películas mientras que Davis arribó ya con el sonoro instalado. Los orígenes de ambas eran bien distintos aunque FEUD se preocupa únicamente de cierta película pornográfica en la que Crawford intervino antes de su llegada a Hollywood, Asimismo, se recurrió a Alfred Molina para el rol de Aldrich y a diversos intérpretes de cierto calibre. A todo esto, Lange y Sarandon figuran como productoras El espectador de esta larga miniserie se ha mostrado sediento, curioso, ávido de chismes de segundo orden.

I`VE WRITTEN A LETTER TO DADDY

La profusa literatura –para llamarla de alguna manera- sobre estas dos es demasiado extensa y de ninguna manera ha concluido. Continúan produciendo dinero y más dinero. Si se tiene paciencia y se marca www.bettedavis.com vamos a tener noticias al respecto

No obstante, en su apresuramiento por fabricar el producto, quienes lo guionaron no tuvieron en cuenta que Crawford era todavía luchadora de la Pepsi y que Davis ya nada tenía que ver con Gary Merrill. Este apellido no aparece porque Michael Merrill, el hijo abogado y primer admirador de Davis, prohibió cualquier acercamiento a los Merrill. La relación que ambas tenían con sus hijos, por otra parte, poco tiene que ver con el objetivo de la miniserie mostrar la rivalidad entre las dos vestales.

Si la idea de Crawford de rodar con Bette Davis prosperó, a Jack Warner le pareció una locura porque nadie iba a ir al cine a ver dos putas viejas. Miss Davis aprovechó el epíteto y lo repitió en cuanto reportaje se le hizo para horror de Miss Crawford que le envió un cable de protesta. Esta primera parte de la manufactura se defiende bastante bien, aún con las inexactitudes correspondientes. En 2008, cuando se celebraron los cien años del nacimiento de Davis, su hijo organizó una reunión en la que estuvieron presentes Gena Rowlands y, entre muchos, Olivia de Havilland. En la misma reconoció que lo que más le importaba a la madre era una carrera y que no estaba dispuesta a ceder terreno.

Por consiguiente, cuando con el título original de WHAT EVER HAPPENED TO COUSIN CHARLOTTE comenzó la segunda reunión de estas damas, se aguardaba una nueva tormenta. Davis, ahora convertida en productora, propuso varios títulos y alguien sugirió HUSH, HUSH SWEET CHARLOTTE. En la miniserie no se dice que la cantidad de vodka ingerida por Crawford y los doce grados del plató exigidos por ella para rodar en interiores, más el calor de Baton Rouge, todo esto sin contar las burlas de Davis, acabaron por enfermarla. A partir de aquí, lo escasamente edificado se desmorona y el resto es un largo bostezo.

Es sencillo: no se menciona la agonía de Crawford encerrada en su piso de Manhattan, sus frecuentes caídas debido a las melopeas y su encierro definitivo luego de TROG, rodada en 1970 y una última intervención televisiva. No querían que la vieran convertida en un guiñapo. Davis consiguió seguir adelante a pesar de una serie de enfermedades nada leves y de un libro que su hija Barbara Merrill escribió contra ella. Pero tuvo la suerte de roda un telefilm con Gena Rowlands titulado STRANGERS y de ganar un premio por él. Su carrera concluye con LAS BALLENAS DE AGOSTO junto a Lillian Gish y dirigidas por Lindsay Anderson. Miss Gish no tuvo sino compasión por aquella mujer ya muy enferma que abandonaría un bodrio en el que se metió por dinero, WICKED STEPMOTHER. Se fue sin aviso previo.

Cuando llegó la invitación al festival de San Sebastián los médicos le dijeron que se moría. Fue de todos modos y murió en el American Hospital de París. Ni Crawford la había perdonado nunca ni Davis se molestó en hablarle siquiera una vez. De adonde el meloso final de FEUD resulta no sólo impostado sino una gran mentira que al público, es evidente, le gusta creer. En el negocio del espectáculo es muy escaso el afecto. De todos modos y cuando rodaba LA DESAPARICIÓN DE AIMÉE en 1978, admitió que Crawford, comparada con Faye Dunaway era una “tierna avecilla del monte”. Según el viejo dicho es fácil resucitar a un monstruo. Lo difícil es que asuste. Este producto tiene tres creativos pero no hay dirección alguna. Para evitar conflictos, Lange y Sarandon fueron rotando en la secuencia cero, señal de que el asunto del cartel es interminable.

Si Crawford se había hecho a si misma volviéndose loca en el centro del sueño americano, dio a pesar de todo muestras de talento, en especial al comienzo de su carrera y antes de convertirse en una excéntrica. Por su parte, Davis, con tendencia a la sobreactuación, ha necesitado siempre de directores de fuerte personalidad para dominarla. Si bien FEUD es un producto para TV, Hollywood sigue haciendo trampas con tal de poder decir: “El único cine en el que el público está interesado es el nuestro”.