“El teatro moviliza lo individual en un acontecimiento colectivo”, Ignacio Apolo

0
0

La alegría, con dramaturgia y dirección de Ignacio Apolo, es una ácida reflexión sobre uno de los eslóganes principales del neoliberalismo nacional, una filosa crítica a la falsa alegría que se nos impone globalmente como condición y producto del capitalismo y de la sociedad de consumo.

- Publicidad -

Ignacio Apolo es dramaturgo, escritor y docente de dramaturgia (EMAD), tuvo la oportunidad de viajar al exterior y perfeccionarse, y recibió varios premios. Conversamos con él acerca de su obra.

¿Cuál es la relación entre el teatro y la dimensión política del hombre, hablando en general?

Básicamente, el teatro es “asamblea”, reunión de cuerpos. Y esa reunión (público y actores) ante una idea estética ya implica una dimensión política, una resistencia a la sustracción del cuerpo público por parte del mundo virtual en general. Pero además, el teatro es reflexión, en dos sentidos de la palabra: propone, permite, promete, una reflexión sobre el mundo, el ser humano y sus instituciones, pero también es una “reflexión”, un reflejo interesado, aquel “espejo sobre el hombre y su época” del que hablaba Hamlet.

¿Qué lugar ocupa lo político dentro de tu propia producción?

Un gran lugar. En mi narrativa, mi primera novela, Memoria Falsa, en plenos años 90, trabaja el tema de la memoria histórica y las nuevas generaciones. Mi última novela, La Apropiación (Interzona), trabaja el pasado reciente y la política desde el lenguaje y sus prohibiciones. En teatro, por supuesto, uno no esperaría ver en una obra mía la representación directa de contenidos políticos (en el sentido “partidario”, digamos), y no obstante tanto en La alegría como en obras anteriores (El mal recibido) esto aparece.

 ¿Qué ventajas tiene el teatro cuando se trata de abordar la realidad?

En la realidad vivimos. El gran problema es cómo la vivenciamos, la asimilamos, tanto emocionalmente como racionalmente, para operar sobre ella. En este sentido, el teatro tiene dos grandes potencias: tiene una elaboración meditada de la realidad -una obra de teatro es el resultado de un prolongado trabajo sobre procedimientos y sentido, que impide la inmediatez y por lo tanto exige distancia y reflexión-, y en segundo lugar, tiene este imponente poder empático: la presencia en vivo de los actores y el público, una presencia real capaz de movilizar lo individual en un acontecimiento colectivo.

 ¿Cómo surge la idea de La alegría?

La estrambótica cruza de la palabra “revolución” (de enorme sentido libertario, de lucha, de contradicciones y cambios violentos) con la palabra “alegría” (que connotaba, en el contexto en el que se formuló, una balbuceante frivolidad de globos de colores) me impulsó a indagar, como indagamos los dramaturgos, que es a través de imágenes y procedimientos teatrales, sobre las connotaciones de la alegría en sí misma. Primero, en función de la alegría “forzada”, de aquella alegría que está diseñada para vender, o para rellenar, o para tapar, o para negar. Luego, el mismo procedimiento me llevó a zonas que trascienden la política, conteniéndola, y llegan a la relación entre la alegría y el dolor, la alegría y la enfermedad, la alegría y la muerte. ¿Qué función cumple la alegría ante esas certezas? ¿Qué hacemos con eso? ¿Hay una alegría falsa, distractiva, y otra alegría celebratoria y trascendente? De eso se termina tratando, y creo que sigue siendo político el tratamiento, desde otro ángulo.

La crítica habla de la dificultad de encasillar esta obra, ¿cómo la definís vos mismo?

No es tan difícil. La alegría es una comedia dramática con elementos musicales. Necesariamente, para indagar teatralmente la alegría, hay que pasar por el cuerpo en estado de alegría, que es un cuerpo que ríe y es un cuerpo que baila. Por eso, además de un ritmo alocado, hecho de velocidades, superposiciones y cambios disparatados de clima, de un uso ecléctico del espacio (y de los electrodomésticos), La alegría es una dramaturgia política y festiva, ácida y musical.

 Contanos un poco de tus experiencias en el exterior.

Las principales experiencias en el exterior fueron una residencia para dramaturgos latinoamericanos en Madrid ?que me puso en contacto con extraordinarios dramaturgos de allá y, por sobre todas las cosas, me permitió tomar clases y entrar en contacto con el pensamiento creativo de José Sanchís Sinisterra, gran influencia para mí en mi propio modo de enseñar dramaturgia?. Tuve también el honor y la alegría de participar de la Residencia internacional de dramaturgos del Royal Court Theatre de Londres, que complementó una mirada sobre el teatro que es muy difícil de tener, que es la mirada más global, puesto que el teatro es un arte local, “vecinal”, diría yo, porque se hace por gente de carne y hueso, en vivo, para que vengan a vernos gente que, por supuesto, puede venir y comentar y hacer crecer. Entonces, leer y compartir teatro con dramaturgos de Irán o de Nigeria fue extraordinario, además del contacto cotidiano con el teatro que efectivamente se hace en Londres. Luego tuve la oportunidad de que estrenen una obra mía allá, La pecera, un hermoso acontecimiento. Y también, de ser convocado a escribir por encargo teatro para niños en Suecia, toda una experiencia que no cabría en estas breves reflexiones: el lugar que le dan al teatro, a la literatura destinada a los niños, a la experiencia multicultural, etc. etc. Muy impresionante.

Funciones: jueves a las 21 hs Teatro: El EXtranjero
Dirección: Valentín Gómez 3378
Informes: 4862-7400
Mail: elextranjero@elextranjeroteatro.com