El empapelado amarillo, entrevista con Alexia Moyano

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Alexia Moyano protagonizó hasta hace muy poco El empapelado amarilloadaptación de un cuento de Charlotte Perkins Gilman (1860-1935) –prolífica autora y socióloga estadounidense dedicada a la emancipación de la mujer– que cuenta la historia de una mujer que sufre de depresión posparto y lucha contra la opresión del patriarcado.

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En entrevista con Leedor, Alexia nos habla de cómo fue la experiencia con El empapelado amarillo que se presentó con una interesante puesta multimedia de Sebastián Kalt.

¿Cómo trabajás la creación de tus personajes y, en este caso, cómo compusiste el personaje de una mujer deprimida? 

Depende del caso. Trato de entender su lógica particular y el ambiente en el que vive, su contexto. Busco en un lugar y en otro casi en simultáneo, y una búsqueda me va llevando a otra. Trato de estar abierta a todo y después ir decidiendo de acuerdo al texto y a lo que convenga. Particularmente en este caso, el punto de partida no fue ¨el personaje deprimido¨ (en el cuento original no tiene nombre, pero como es en parte autobiográfico, yo me llamaba a ¨mí misma¨ Charlotte). Sí me interioricé con la situación de postparto y de ahí seguí.

¿Qué creés que gustó más al público: el tema, la puesta de la obra…?

Creo que la obra se pudo apreciar en su conjunto porque todas las “áreas” se ensamblaban muy bien en pos de contar una historia. La puesta multimedia ayudaba a entrar en la lógica de pensamiento del personaje, en lo que pasaba por su cabeza. Los comentarios fueron diversos. Dependía de la historia e intereses del espectador. Tuve comentarios centrados en la psicosis del personaje que venían de médicos o de espectadores que vivieron una experiencia con alguien cercano. Por otro lado, en una función especial que organizamos con desarrollo social, y después hubo debate, una mujer dijo que para ella el empapelado eran las cuatro paredes de su casa. Como ves, depende del espectador.

Contanos un poco de la puesta multimedia.

Fruto de mucho trabajo en conjunto, el ensamble funcionó admirablemente. Fue concebido así desde la creación de la obra. Todas las áreas íbamos avanzando juntas. Eso implicaba probar cómo funcionaban los movimientos de la pared, con las imágenes a proyectar, y los sonidos. Prueba y error basado en el concepto que Sebastián Kalt tenía en su imaginario. Él tenía la obra como un todo y de él dependía la coherencia. Para mí fue una experiencia tan increíble como agotadora. Pero hoy en día no me imagino la obra sin ellos, me sentí muy acompañada. Llegué a las últimas funciones siendo parte de ese ensamblaje en el que todo se fusionaba.

Trabajaste en cine, en teatro y en televisión, más allá de tus preferencias, ¿qué te aporta cada uno para tu formación como actriz?

Estar en movimiento, siempre despierta, dúctil y maleable. Siempre arriesgando sin entrar en ninguna comodidad. Ahora estoy a punto de estrenar con la Buenos Aires Lírica (BAL), Sueño de una noche de verano. Es un concierto sinfónico vocal con intervención de actores, James Murray y yo. Nos dirige Alfredo Martín. Es un desafío; nosotros tenemos que amalgamarnos y a la vez crecer juntos con la propuesta musical. Nada menos que la música de Mendelssohn con la dirección orquestal de Pedro Pablo Prudencio.

¿De los tres ámbitos, cuál te parece que resulta la mejor escuela para un actor?

Creo que lo básico lo comparten. Como dije antes, salvo que te interese moverte en un solo ámbito y te perfecciones en ese, a mí me funciona el movimiento. Si hablamos de por dónde empezar, yo empecé por el teatro; pero también depende de cada uno.

Muchos actores sienten la necesidad de experimentar también como directores, ¿cómo juega esa necesidad en vos?

Por ahora no la tengo. Un amigo me quiere convencer de que lo dirija y empecé a tener algunas ideas para una miniserie web pero no sé si tomaría el lugar del director.