La luz es un pozo, Laura Paredes y Paula Acuña

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Laura Paredes y Paula Acuña son las autoras y directoras de La luz es un pozo, que actualiza el grotesco criollo.

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La obra habla de los conflictos entre trabajadores y patrones, pero también aborda temas como el desamor o la falta de dinero. Laura y Paula son, además, actrices y docentes, con una larga trayectoria a pesar de su juventud. En Leedor conversamos con ambas que nos cuentan un poco más acerca de la obra.

¿Qué elementos del grotesco criollo toman en La luz es un pozo?

Laura Paredes: Los personajes trabajan día y noche en un sótano, y todo sucede ahí. El encierro es algo bastante típico del grotesco así como también el humor que se desprende de situaciones aparentemente trágicas, como pueden ser los mecanismos de explotación que es uno de los temas que atraviesa la obra. También el tono de actuación un poco corrido del realismo y cierta evocación al universo de Discépolo con sus personajes al límite, siempre en el borde, de un patetismo entrañable.

¿En qué sentido hablan de “comedia oscura” y cómo se combina esta clasificación con lo humorístico?

Paula Acuña: Creemos que la obra trabaja el humor, no la parodia, y que es un tipo de humor que sucede cuando uno sufre aquello que le pasa a los personajes. La obra trabaja ese filo. Las situaciones de encierro y de desesperación se vuelven desopilantes, y uno por lo general se ríe de aquello que le resulta incómodo, inquietante.

A partir del título, ¿qué papel ocupa la metáfora o el símbolo en esta obra?

Laura: La verdad es que no es una obra que se apoye en lo simbólico para nada. Las metáforas posibles las encontrará cada espectador; preferimos la posibilidad de abrir sentidos y no de cerrar en un solo discurso. La obra no dice una sola cosa, despliega un universo en el que cada espectador hará sus propias asociaciones.

Las dos tienen una larga trayectoria, ¿qué constante reconocen en cuanto a temas a lo largo de sus diferentes trabajos?

Paula: Es la segunda obra que dirigimos juntas, aunque hace años que damos clases en dupla y trabajamos juntas muchas veces como actrices. Quizás una constante sea el humor, nos reímos mucho ensayando; hay cierta libertad que encontramos en los procesos de ensayos que suele ser muy festivo y la posibilidad de complementarnos a partir de las diferencias, lo cual es enriquecedor siempre.

¿Cuáles son las mayores dificultades que se le presentan al teatro independiente hoy?

Laura: Las dificultades son las de siempre: la poca guita con la que contamos para hacer obras a las que les dedicamos años enteros de investigación, los problemas que afrontan las salas independientes para poder subsistir, la precariedad con la que trabajamos en general. Son dificultades con las que por suerte sabemos lidiar y que nunca traen consecuencias en el resultado final, porque si hay algo que sabemos en el teatro independiente es trabajar y hacer magia con muy poco dinero. Es nuestra desgracia y, paradójicamente, nuestra fortaleza. Yo creo que muchas veces los responsables de gestionar políticas culturales perversamente se aprovechan de ese entusiasmo desmedido y de esa vitalidad de los artistas. Saben que lo vamos a hacer igual aunque no exista apoyo económico. Ensayamos las obras en un living con tal de hacerlas, de que existan.

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La luz es un pozo

Todos los sábados a las 23 en el Abasto Social Club, Yatay 666.