Roger Moore: Un héroe de acción con una sonrisa

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Roger Moore, fue de esos actores pertenecientes a la mitología televisiva de los  60s y 70s. Epoca en que las series inglesas luchaban mercados con las norteamericanas, con su propio estilo.

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Del Ivanhoe que encarnó de muy joven, pasó al que sería su máximo hit, El Santo, aquel personaje de novelitas  de Leslie Charteris, que en seriales de cine había interpretado George Sanders. Tan inolvidable como la presentación en la que alguien lo reconocía y una aureola animada se dibujaba sobre su cabeza, fue la simpatía e ironía que desde su juventud, significó toda una marca de fábrica.

Siete años duró la serie de éxito mundial, paseando el personaje por distintos lugares del mundo, que incluyeron una Buenos Aires filmada en Londres, y el paso del blanco y negro al color. Sus intentos con el cine, bigote incluido, incluyeron El enigma del hombre que vivió dos vidas ó Tinieblas (The man who haunted yourself, Basil Dearden, 1970), una historia inquietante de doble, que sería atractivo revisar.

Otra serie, de breve duración pero gran popularidad fue ThPersuaders, conocida aquí como Dos tipos audaces, junto a Tony Curtis, y filmada en escenarios europeos. Su Lord Brett Sinclair aportó a ese dúo un toque mayor de sofisticación. Y no sorprendió que ante el retiro bondiano de Sean Connery, fuera convocado para encarnar a 007. Vivir y dejar morir (1973, Guy Hamilton ) fue la tan esperada primera aventura, con tema de Paul McCartney que trascendió los años y hasta adaptación local a comic en El Tony  (o era Intervalo o Fantasia?).

Envejeció al personaje con lo que tuvo que acudir a dobles y especialistas de riesgo cada vez más frecuentemente. Pero le dio su toque de humor propio, saliendo del frío acero de Connery. También visitó la Argentina, concretamente las Cataratas del Iguazú donde se fotografió con Salvador Sammaritano. Retirado y dedicado a la obras benéficas, envejeció plácidamente con título de Sir incluido.

Las redes sociales, termómetro actual de estas cosas, se poblaron de recuerdos y emoticones con caritas lacrimosas. La mayoría de aquellos que lo tuvieron a su lado durante años, sea en la televisión con sus constantes repeticiones hoy desaparecidas, sea en las matinés de James Bond, recuerdan una vez más el fenómeno de aquellos que desde una pantalla, forman parte de las vidas de las personas, en una relación asimétrica, pero sin dudas, llena de afecto y vivencias.