¿Qué pasa en el Pabellón de Alemania en la 57Biennale?

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(exclusivo desde Venecia para leedor)

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Faust es la propuesta que Alemania presenta en esta edición 57 de la Biennale, que sigue siendo la más glamorosa del mundo, a pesar de los pesares. Este Pabellón se ha llevado este años el León de Oro al mejor proyecto, de la mano de la artista Anne Imhof (Giessen, Alemania 1978) y la curadora Susanne Pfeffer. Es un punto obligado en los Giardini, y, a su vez, una suerte de postpabellón: expone una performance de 5 horas de duración, que se realiza una vez por semana.

Durante el resto de los días, el Pabellón ofrece un aspecto de escenografía expectante, en todo su estilo neoclásico, pero con algo tenso en cada rincón de su vacío. Así puede verse:

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Lo cierto es que sin el texto curatorial, que tradujimos en exclusiva al español y puede leerse aquí, y sobre todo, sin estar presente durante lo que dura la experiencia, en el momento justo y en lugar indicado, se hace muy difícil poder apreciar de qué se trata la propuesta.

Algunas voces ya se han alzado para expresar su opinión y la polémica está instalada. Si es una bienal que premia lo espectacular, (y por eso ha dejado otros proyectos sin premiar que merecían destacarse, como el del contundente Pabellón de Rusia); que si es la muerte de la curaduría; que si es la complacencia autorreferencial de uno de los países que lidera la cuestionada Unión Europea; que si es una Biennale colonial, blanca, andrógina y elitista. Esto último particularmente produce cuando menos extrañeza, como si alguna Biennale a lo largo de su historia no lo fuera -en la totalidad de los calificativos o en parte.

Lo cierto es que muchos hablan sin haberla visto, se habla sin saber, y apasionadamente, patología que atraviesa a buena parte de la práctica artística y teórica del mercado del arte. Y lo no menos cierto, es que en realidad es muy poco el porcentaje de gente que la vió, con lo cual la polémica se cierra sobre sí misma, casi.

Anne Imhof es performer, o mejor, directora y curadora de performers. Lejos de pensar la muerte de la curaduría, esta Biennale la actualiza e institucionaliza definitivamente. Alguien me comentó que en una maestría de Comunicación, se ven modelos de curaduría. Parafraseando al General Perón: hay artistas, hay teóricos, hay galeristas, hay montajistas, hay públicos. Y curadores, curadores somos todxs.

Lo que Faust (y ni más ni menos, ¡con ese nombre!), ofrece, es una experiencia profundamente no espectacular, justamente, para muy pocos, donde la principal cuestión es poder verla, acceder a ella. Quizás sea todo lo contrario del ensayo general para la farsa actual teatro antidisturbio, como diría el himno ricotero.

Sí, soy de esas a la que la propuesta de Alemania le parece de lo más sólido visto en I Giardini. Tiene algo de Heiner Müller, de Guy Debord, de mundo líquido con su aturdimiento de mensajes infinitos que jamás leeremos de los grupos de wasap como estructura de la obra y a su vez de obra de arte total, de apocalipsis, de angustia europea por hablar de la angustia europea. Poca veces el arte hegemonico fue tan sincero consigo mismo y con todxs nosotrxs. Y los debates, las indignaciones, los fanatismos, son parte de todo lo que aún le seguimos pidiendo a esta adoradísima Biennale donde todos morimos por ver y estar.

Enterate de toda la 57Biennale y la movida de la ciudad en este especial 2017, aquí.