Ezequiel Barakat: La fuerza emotiva y estética de las más simples estructuras básicas.

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En el Centro Cultural Borges -Inaugura 15 de Junio a las 19 horas Cierre 9 de Julio-

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“?Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invisibles. Italo Calvino. (Presentación a Las ciudades invisibles 2da Edición Minotauro).

En momentos en que la crisis de la creatividad se refleja hasta en sus instituciones, y como es de esperarse los rituales mecanismos de defensa se desatan, aunque girando en falso. El gran ausente de esta escena es el arte que se elabora y se expresa por otras vías, que no son la aproximación y la duda, y que de hecho son más secretas: ese es el arte que se elabora y se busca lejos de las ferias, de los congresos y de ciertas manifestaciones internacionales, lejos del ruido y del resplandor de los ritos institucionales. El mundo del arte contemporáneo es en gran medida una ilusión, producto de la complicidad mundial de la cultura y del mercado. Por esto es, que cuando una se encuentra frente a una obra que es producto del trabajo, y de la sensibilidad. Y que además logra emocionarnos, estamos frente a un encuentro que deberíamos celebrar.

Formas codificadas, trayectos cifrados, coexistencia de la técnica y de la poesía. Eso es sólo una parte de lo que encontramos en la obra de Ezequiel Barakat: un artista que nos propone un proyecto que nos concierne a todos, en tanto su búsqueda lleva implícita la consecuencia, de ser una síntesis del devenir de su propia cultura.

Las ciudades son fruto de un urbanismo y de una arquitectura, pero también de una improvisación. El paisaje urbano cambia (irremediablemente) junto a su percepción como paisaje estético, a la vez que se convierte en documento social. La preocupación por las imágenes de ciudades de Latinoamérica, como Buenos Aires, Caracas, o México DF, y de algunas ciudades de Europa, como Estambul entre otras, son los espacios donde Barakat, como sujeto social se ha desempeñado como diplomático. Lo que ha contribuido en gran medida a la creación de su obra. Como sujeto textual, es claro que su percepción del paisaje urbano tiene que ver directamente con su experiencia vital. Y en este sentido su trabajo apunta a la idea de intervenir ese complejo tejido simbólico, superponiendo capas de pintura y en muchas ocasiones rasgando la tela, como quien quiere capturar, la imagen de la imagen que yace detrás. También el collage le ofrece un campo para experimentar con el color, ya que no sólo determina la forma, sino que crea una ilusión de movimiento. Abordando la obra desde el plano de los ojos y de la calle, con líneas geométricas definidas por las diferentes zonas de color, donde la ciudad es la obra, y la obra es la ciudad. Se trata de un paisaje multicolor y cercano contaminado – seguramente – por el placer de caminar. Donde un paseante en apariencia ocioso, y como materialización de la libertad, callejea por la ciudad, observa, y luego escribe. Y en este caso pinta, porque el que habla es un pintor, que no casualmente ama la literatura, y que nos traduce en su trabajo su particular modo de ver, percibir, y entender el mundo. Que rescata una poética del fragmento y la repetición como documento, pero con otra perspectiva conceptual, al modo de un proceso de afirmación en referencia a su contenido estético.

La industria cultural deviene en muchas ocasiones en una gran utopía, que viene demostrando su incapacidad de incorporar los esquemas comerciales a los valores culturales. Lo cual genera que la meta sea un valor de venta, no una referencia espiritual, que debería ser siempre el eje del arte en sus diversas representaciones.

La imagen de la ciudad latinoamericana, que es la más cercana al espectador, nos narra una historia, que sin duda nos pesa mucho en el subconsciente, aunque la ciudad este desnuda, completamente desnuda. Una narración que se alimenta de aquello que nuestra experiencia espiritual como en espejo nos devuelve, por medio de la cual por una parte se encadenan todos los fragmentos, y por otra se ordena esa inmensa acumulación de detalles, de matices, de contrastes sutiles, y de huellas de distintos pasados. Todo aquello que no llama la atención a primera vista, particularidades aparentemente insignificantes, todo aquello… que la sensibilidad de su autor logra captar y transmitir con su mirada.