Cien años de la Revolución Rusa en la 57Bienal de Venecia

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La actualización de OCTUBRE enraizado en todo su caudal socio-político. Una relectura del poder y de su constitución.

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El proyecto del Pabellón Ruso lleva el nombre de Theatrum Orbis el que se traduce como “teatro del mundo”; el título fue extraído del primer atlas geográfico de tipo moderno que data del año 1570. El nombre parlante, nos brinda un primer indicio de lo que sucede allí dentro.

La obra se presenta como una síntesis superadora, objetiva y eficaz del contexto global. Abstrae los fenómenos típicos de nuestra era: lo des-situado de las “células terroristas”, la presencia de masas en movimiento sin una clara conducción política, el contundente escenario migratorio y la difuminación de los límites que éste conlleva.

Al ingresar al espacio, nos encontramos con “Scene Change” de Grisha Bruskin quien representa con una estética minimal a cientos de activistas de movimientos sociales “sin geografía”. No se encuentra presente referencia alguna que permita al espectador vincular a los mismos con determinada cultura, religión o territorio. Todas las esculturas están unificadas bajo un tamaño similar y un mismo color (blanco). Se observan doscientas esculturas de yeso y papel maché sin distinción. Hablamos de un artista ruso pudiendo prescindir de los liderazgos a cien años de una Revolución eterna. Tiempo atrás, era inconcebible que el poder no tuviera nombre (de líder o de adversario). En la masa presente de Brusnik no hay dirigencia y la misma no representa luchando contra un poder “situado”. Lo que sin dudas se evoca en la obra es la masa, en movimiento y unificada, sin más. Los activistas se dirigen hacia un lugar que nunca nos es revelado, sólo sabemos que el foco está puesto en ellos: la luz dirigida los ilumina constantemente mientras que el espectador permanece en total oscuridad. Todos juntos, funcionan como una gran instalación y las proyecciones sobre los paredes los reflejan en constante movimiento. El trabajo del sonido en la sala es impecable, la tensión del público se mantiene latente.

En la misma línea, se encuentra la video-performance de Sasha Pirogova “El Jardín”. La artista retoma la relación dialéctica luminosidad-oscuridad y éste recurso lo aplica como marco en su obra. El hombre nuevamente es concebido como “sujeto actuante”, volvemos a transitar (en otro formato) el constante movimiento de los individuos.

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La conclusión del proyecto ruso se descubre al descender una escalera. En “la cripta” Recycle Group (Andrey Blokhin & Georgy Kuztensov) con “Blocked Content” ironizan sobre la supuesta tercera dimensión que nos ofrece la tecnología en la era post-digital. Se presentan figuras de plástico que se encuentran “incompletas” y sólo pueden visualizarse de un modo íntegro al descargar una app utilizando un lenguaje masivo geolocalizado (¿similar al del Pokemon Go?). Nos encontramos frente a dos artistas que se ríen del supuesto mundo “transparente” que creemos habitar a través de la mediatización, en pleno auge del drone y del control satelital. En su búsqueda crítica, evocan una mirada virtual e irreal del mundo, una mirada en la cual se refleja todo espectador contemporáneo. Luego de transitar la mutación en la construcción colectiva del poder en las esculuras de Brusnik, el reflejo del espectador en “Blocked Content” nos deja sin aliento.

Pabellón de Rusia en la 57Biennale: 3 estéticas, 3 generaciones y 100 años de la Revolución.

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