Las criadas, Jean Genet

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Jean Genet escribió esta obra en la cárcel en 1947 para ser representada por sus compañeros hombres, aunque sus personajes sean mujeres.

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Yo voy al teatro para verme en escena tal y como yo no sabría verme y sin embargo, tal y como se que soy.

Jean Genet

Jean Jenet escribió esta obra en la cárcel en 1947 para ser representada por sus compañeros hombres, aunque sus personajes sean mujeres.

La obra comienza con las dos criadas, Clara y Solange (Darío Serrante y Juan Rutkus). Se confunden entre ellas jugando a ser la dueña de la casa. Ya mandaron, mediante unas cartas engañosas, al Señor a la cárcel, ahora planean matar a su ama. Imitar a la señora es más que un pasatiempo, es devenir otra. Devenir señora es un rol que puede interesarnos (o no) a las identidades socialmente constituidas como hombres y mujeres indistintamente.

Friedrich Nietzsche, el filósofo Alemán, en La genealogía de la moral dice que “Mientras que toda moral noble brota de un triunfante decir SÍ a uno mismo, la moral de esclavos dice de antemano NO y este NO es su acto creador. Esta inversión de la mirada que instaura valores, esta necesaria dirección hacia fuera en lugar de hacia atrás, hacia sí mismo, pertenece precisamente al resentimiento: la moral de esclavos necesita siempre, para surgir, primero un mundo opuesto y exterior; necesita, por decirlo en lenguaje fisiológico, estímulos externos para actuar; su acción es radicalmente reacción”. Clara y Solange parecieran negarse a sí mismas ya que envenenar a la Señora es un símbolo de un buscado empoderamiento de clase surgido del resentimiento Nietscheano, que permite, al menos en el plano de las ideas, la movilidad social.

La señora (Miguel Zandonadi) llega en esa atmósfera oscura y onírica tejida por las criadas, desciende con paso firme y decidido. Situación que es destacada en la puesta por la iluminación, a cargo de Diego Lopez, y la selección musical de Darío Serrantes.

La performance de la performance que encarnan dentro de la representación Clara y Solange, jugar a ser otras con el artificio de la actuación y ser personajes intercambiables, es una interesante metáfora para leer las estructuras de dominación que garantizan el estatus inamovible independientemente de que los opresores puedan ser amables con sus criados.

Hay una violencia subyacente que crece, va tomando de a poco la realidad escénica y la relación incestuosa se manifiesta sutíl pero contundente oculta en el estillo de actuación.

Darío Serrantes ya no se encarga de hacer incapié en aclarar que la división binaria de los sexos no son la biología de los cuerpos, si no la lectura que la sociedad hace de esos cuerpos, sino que pone a jugar a mujeres trans (el grupo más vulnerado dentro de la sociedad y dentro del colectivo LGBTQ) para desarmar otras cuestiones como las relaciones de poder. Pone de manifiesto una cuestión que tan bien dice el escritor, rapero y activista brasilero, Ferrez (y que gracias a la periodista Ivana Romero puedo citar) “El odio es un sentimiento legítimo. Los ricos quieren que los pobres seamos sumisos. Pues bien, los pobres odiamos.”

Ficha Técnica

Actores:

Juan Rutkus es Solange

Darío Serantes es Clara

Miguel Zandonadi es La Señora

Diseño de iluminación: Diego López

Selección musical: Darío Serantes

Diseño y realización de vestuario: Miguel Zandonadi

Maquillaje: Juan Rutkus

Fotografía: Anita Villar

Diseño gráfico: 3boxes

Prensa: Analía Cobas y Cecilia Dellatorre

Director asistente: Fabián Pedroza

Dirección general: Darío Serantes

DELBORDE ESPACIO TEATRAL
Chile 630
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Reservas: 1143006201
Web: https://www.facebook.com/teatrodelborde
Entrada: $ 180,00 / $ 140,00 – Sábado – 22:00 h – Hasta el 27/05/2017