Un proyecto en el que las postales cuentan historias

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El picapedrero es la primera obra de un proyecto titulado Proyecto Tarjeta Postal: una serie de monólogos que parten de las postales como disparadores de historias.

Valeria Medina, autora y directora, nos habla de este original proyecto en el que lo histórico y lo social se entrecruzan en cada nueva entrega.

Contanos cómo intervienen las postales en esta obra. ¿Son diferentes en cada función?

En general colecciono por placer tarjetas postales que elijo según el impacto que cada una me produce, ya sea visual o por el texto escrito. Proyecto Tarjeta Postal es un proyecto que tendrá de siete a nueve postales al menos, en general de época. Cada una de las postales funciona como disparador de cada uno de los monólogos. Estos monólogos a su vez son intervenidos por música en vivo.

¿Cuál fue el origen de este proyecto? ¿Fueron las postales las que te dispararon la dramaturgia o fue la historia la que te llevó a las postales?

En cada postal hay algún que otro dato que sirve de referencia para la creación ficcional, como es la fecha que nos cuenta de una época, nos da referentes históricos y políticos. Las postales nos dan alguna información: el sello con fecha, un destinatario con nombre, quizás algún dato sobre la actividad de los personajes que escriben esa postal, e incluso algunos detalles que, si bien aparentan ser secretos de familia, al ser enviados mediante ese sistema también eran leídos por otras personas como un cartero o un oficial de correos, o un vecino curioso, por lo cual deja de ser invisible o secreto.

¿En qué momento apareció la idea de incorporar la música?

La idea de intervenirlos con música surge desde el inicio del proyecto, ya que trabajo con postales circuladas (es decir, “intervenidas”), así que la primera idea fue de trabajar con monólogos intervenidos, ya sea por música, por otros actores, etcétera

¿Por qué pensaste la obra como un monólogo? ¿Qué posibilidades te da como dramaturga?

Cada obra se presenta como un monólogo, más que nada porque de alguna forma uno lo ve así; es una postal  donde una persona habla sola. Puede decir cualquier cosa que algunos otros también leerán, hasta el portero de la casa propia, claro, pero es alguien que habla solo. En la dramaturgia sabemos que un monólogo siempre es un diálogo. Siempre es con el otro.

¿Cómo aparece lo social: como metáfora por develar en el espectador o como referencia directa dentro de la obra?

Lo social surge un poco de la época de la que trata cada postal, un poco de mi necesidad siempre como dramaturga de poder compartir dolores que son constantes cuando uno ve la realidad social día a día; en este caso en particular, una persona que se queda sin trabajo. En general, trabajo con personajes marginales, porque son los que a mí me afectan. ¿Pero a quién no le afecta una persona que se quedó sin trabajo? Es el caso de nuestro personaje, por ejemplo: una persona que se quedó sin trabajo, que tiene que mendigar, humillarse, suplicar cuando ya las posibilidades laborales desaparecieron en su entorno, porque estamos hablando, en este caso, de una de las tantas canteras de nuestro país que quedaron abandonadas hace varios años ya.

Funciones: domingos 20.30; TEATRO EL POPULAR : Chile 2080  – CABA