El hombre caribú

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El pueblo Innu habita la región noreste de Quebec y parte de Labrador en Canadá. Como todo pueblo originario del continente, sus relaciones con la sociedad mayor, capitalismo y estado, son conflictivas. Claramente la causa de ese conflicto es el avance inmisericorde por sobre sus tierras, recursos y costumbres de la insaciable sociedad occidental.

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Los Innu son un pueblo cazador recolector y por lo tanto su cultura mantiene un sacro equilibrio con el medio ambiente, además de necesitar un inmenso territorio por donde deambular para obtener los recursos. Prueba de su equilibrado sistema son los miles de años de manejos de los medios de vida, sin amenazas para el medio ambiente. Otra particularidad del sistema cazador recolector es que no funciona el modo de acumulación de recursos materiales, propio del sistema industrial (y de otras clases de sistemas como algunas sociedades agrícolas), sino que hay un cierto grado de igualdad material.

El hombre caribú es una película, dirigida por Damián Castro y producida por Alexander Andrew, sobre el conflictivo vínculo entre el pueblo Innu y el gobierno canadiense. El núcleo argumental trata sobre “el hombre caribú”, el cazador Innu, que en la profundidad del bosque, se transforma en caribú, para recordarles a los humanos el respeto que tienen que tener por la fuente de su alimento. La caza del caribú, pero más generalmente el vínculo con la naturaleza, se encuentra reglado por un conjunto complejo de normas. A partir del respeto, se comprende cómo las relaciones entre los propios miembros del grupo están reguladas en forma minuciosa (quien debe recibir qué recurso), pero al mismo tiempo como deben ser las relaciones del grupo con la naturaleza.

El conflicto surge a partir de la prohibición del gobierno de cazar caribús. Prohibición que no contempla ningún atenuante y que indirectamente culpa a los Innu de la baja en la población de estos ungulados. Prohibirles a los Innu cazar caribús, es como prohibirle a los argentinos comer asado; es algo que se encuentra en la raíz de la cultura. Un aspecto que estructura tanto los aspectos materiales como simbólicos del grupo.

Pero los Innu no son un pueblo sumiso que acepta sin más las imposiciones del gobierno canadiense. No por nada siguen allí, manteniendo sus costumbres y luchando por lo que consideran justo. Y sus argumentos son contundentes. Nada dice el gobierno de las mineras que explotan su región, ni de las represas que claramente modifican y dañan el medio ambiente. No. La culpa es de los Innu y a través de ellos, de todos los pueblos que cometieron el pecado de estar en América, antes de la llegada europea.

El documental nos muestra el ritual del Mukushan, donde, luego de una caza exitosa se prepara la médula del caribú y se comparte en función del lugar que ocupa cada uno dentro de la sociedad Innu. Como se diría en antropología alimentaria, la comensalidad al palo. Y esta comensalidad no es meramente un conjunto de reglas sobre qué, cómo, cuándo, con quién y dónde comer determinada comida, sino que es una parte fundante de la estructura social. Conforma una mirada totalizadora del rol del grupo social hacia adentro y en relación con la naturaleza. Una comunión que exige el cumplimiento de estas reglas, fundamentales para sobrevivir en un entorno hostil.

La película no es meramente informativa, nos interpela también en lo emocional, al mostrar cómo se lucha, desde una posición desventajosa con un gobierno que no sólo tiene poder por sí mismo, sino también por los sectores que representa (fundamentalmente al poder económico). Al mismo tiempo nos muestra como la lucha de nuestros pueblos originarios es la misma de una punta a la otra de nuestro continente. Aquí dejamos el vínculo a la película para que la disfruten y la difundan: “El hombre caribú”