Orione: entrevista con Toia Bonino

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Ganadora del premio a la mejor directora en la competencia argentina del reciente BAFICI, charlamos con Toia Bonino directora de esta verdadera experiencia del documental de creación llamada Orione

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Alejandra Portela: Bueno Toia, nosotros conocemos tu obra como videoartista, y hay muchas cosas que aparecen en tus cortos que vuelven a hacerse presentes en este primer largometraje tuyo que es realmente notable. La primera pregunta que quiero hacerte es cómo se dio esta necesidad en vos de pasar al largometraje?. En relación a tu experiencia, no como cortometrajista, sino como videoartista. Además, entrando por el documental. Y además, sabiendo que los desafíos de producción son completamente distintos.

Toia Bonino: Uy, no sé si se trató de una necesidad. Tengo que remontarme en el tiempo para responder a esta pregunta. Mi último trabajo tiene mucho que ver con el primero. En “Orione” hay algo de “Manteles”, un video que realicé allá por 2007, en el mismo barrio en el que transcurre la película. Diría entonces que mi interés por el género documental está en el inicio mismo de mi trabajo audiovisual, y que lo que representa una novedad, en todo caso, es la duración de mi último trabajo. Pero debo decir también que este pasaje al largometraje resultó más casual que otra cosa. Hace mucho, luego de ver “Manteles”, una productora de cine me sugirió hacer un largo al respecto. Y yo, sin preocuparme por la duración, empecé a filmar. En ese plan, grabé a Ana, la mamá de Ale y Leo, deshuesando un pollo. Buscaba contar a través de esa imagen, doméstica y a la vez un poco truculenta, la historia violenta de su familia. Pero como no me terminaba de convencer la escena con el pollo muerto, me fui a una granja a grabar pollos y gallinas todavía vivas. Ese periplo terminó en “Jauría”, un video que traduce al mundo de los animales de corral la violencia que humana. A este corto siguieron otros, grabados en una granja que se llama Don Mario. Por unos cuantos años, mi cámara se mudó de Don Orione a Don Mario. Recién al cabo de un largo tiempo, volví a trabajar en el barrio. El camino a “Orione” estuvo lleno de desvíos que parecen haberme conducido lenta pero inexorablemente a concretar esta película.

Debo confesar que encarar un largometraje me asustaba un poco. No tanto por las complicaciones que una producción de “largo aliento” suele conllevar, sino por la incertidumbre que me generaba no terminar de saber si necesitaba más de una hora para contar esta historia o si iba a ser capaz mantener la atención del espectador a lo largo de tantos minutos. Pero al parecer resultó. Pude contar y, quiero creer, nadie se durmió en la platea. A pesar de mi temor inicial, un largometraje no era demasiado tiempo para esta historia sino sólo un comienzo. Por eso ahora estoy entusiasmada con contar cómo sigue. Por el momento, esa continuación se llama: “La sangre en el ojo”.
AP: ¿Cuando y por qué se te ocurrió contar esta historia de Ale, de esta madre y esta familia y este hecho?

TB: Como te decía, se me ocurrió hace mucho, cuando en 2007 la conocí a Ana, interesada por los manteles de su casa. Llegué para preguntarle por sus manteles, pero ella me respondió contándome sobre las servilletas que usó su hijo, la noche antes de que lo mataran. Ana aún conserva las servilletas de aquella última cena. A partir de ese momento, entablamos una relación muy particular. Creo que es esa relación la que permite que la película muestre aspectos tan íntimos y cotidianos de su familia, sin ofrecer una lectura simple o tranquilizadora de una situación tan compleja. Me interesó la historia, pero también el modo que tenía Ana de narrarla. Supongo que, a un nivel más íntimo o personal, también influyó en mi interés el hecho de que, para esa época hubiera muerto mi hermano, si bien en una situación muy diversa, el relato de Ana, es el de  una madre que sufre por el destino de su hijo, había algo en eso, que me inquietaba a mí también.

AP: Ya habías trabajado con Don Orione en tu proyecto “Relatos de Palier”. ¿Cómo llegás a Don Orione en esa obra y por qué en todo caso volver unos años después? creo que 10 años no?

TB: “Relatos de Palier” no es un video sino un libro editado en 2005. Resultó del trabajo en conjunto con una  asociación de mujeres llamada “Creando Juntas”, integrada por mujeres que, en su mayoría, vivían en el barrio Don Orione. Por aquel entonces, las cuestiones de género tenían menos difusión que hoy. Sumarme a este grupo de mujeres para trabajar en torno a estas problemáticas fue para mí una experiencia de enorme aprendizaje. También una suerte de llave para ingresar en el universo cotidiano de las familias del lugar. Comencé entrevistando a algunas mujeres de la Asociación y luego esas mismas mujeres fueron mis guías. A través de ellas pude conocer la vida de otras personas. Así llegó “Manteles” y ya no me fui de Don Orione. Mi trabajo audiovisual se ausentó por un tiempo, pero me doy cuenta que, en todos estos años, nunca dejé de dar vueltas por el barrio.

AP: Hay un personaje en tu documental al que le dedicas unos buenos minutos en primerísimo primer plano que es un mecánico sin dientes que es realmente un hallazgo. ¿Qué función cumple dentro del relato ese momento en tu película?

TB: La presencia del “Polaco” o el “Mugriento” -así le dicen a este mecánico-, así como la de sus compañeros de taller, da cuenta, creo yo, de la dimensión cotidiana que en el barrio adquieren ciertas situaciones de “clandestinidad” con las que Ale estaba en permanente contacto. Algunos de los trabajos que el “Polaco” y sus socios realizan son claramente ilegales, pero conviven con muchos comunes y corrientes. El Polaco mira a cámara y nos cuenta, justamente, sobre la dificultad de distinguir entre unos y otros, entre la ley  y el delito, entre los policías y los ladrones. “Las apariencias engañan”, me dice El Polaco, por si no la cacé.

AP: También es muy interesante el interrogatorio al nene al que le llevaron al padre.

TB: El testimonio de ese nene está ahí para complejizar el panorama. Me interesaba no perder de vista que la peripecia trágica de jóvenes como Ale, además de dejar deudos, deja víctimas a su paso, personas que sufrieron a consecuencia de sus actos.

AP: Es muy pregnante la preparación de la torta que la madre de Ale a haciendo a a lo largo de la película. ¿Es homenaje a lo “Sublime banal” de Graciela Taquini?

TB: No, la verdad que no. Mi primer vídeo se lo mostré a  Graciela cuando aún no la conocía y fue emocionante compartir con ella la última proyección de Orione en el BAFICI, con 10 años de amistad de por medio. Sin embargo, no siento que nuestra producción artística se vincule, a pesar de nuestra amistad.

AP: Trabajas mucho por contraste en la asociación de las imágenes y los momentos como cuando pasamos de la calesita a la morgue.. Y la película nunca pierde su rumbo. Sos consciente de eso? Estas conforme con el resultado?

TB: Bueno, gracias por la apreciación. La verdad es que, luego de mucha incertidumbre, estoy razonablemente conforme con el resultado y, sobre todo, muy contenta de haber podido terminar un proceso que insumió tanto tiempo de trabajo. El momento de la película que señalan me parece un hallazgo de la edición. Editar es una manera de pensar a través de las imágenes. Una actividad que algo debe tener que ver con la toma de conciencia. Me gustaría, en la próxima peli, encontrar otros momentos como este.

AP: Hablemos del énfasis que tu película pone en la elección consciente que hace Ale de robar porque le gusta, y que repite a su madre en la carta que mostrás,y que su madre repite también en la entrevista.. Los videos familiares, en la fiesta, en las vacaciones hablan de una familia normal, como cualquiera. ¿Cómo ves eso? ¿Como trabajaste eso?

TB: Sobre los delincuentes y sus familias solemos proyectar estereotipos, juicios de valor que me parece importante repensar. Si los Robles parecen una familia normal es porque lo son. Tan normal o anormal como la de cualquiera de nosotros. Dicho esto, a mí me parece que la afirmación de Ale que mencionás supone también una simplificación. Transgredir la ley, poniendo en riesgo la vida de los demás pero también la propia, no creo que sea algo que se decida por simple “gusto”.

AP: Es muy interesante el momento en uno de los videos familiares que Ale parece discutir con la madre. Como encontraste eso?

TB: Todos los vídeos familiares me los dio Ana. Entre ellos, encontré la filmación de un cumpleaños de Ale y, a partir de ese material, realicé la edición que se ve en la película. Me pareció muy interesante cómo, a través de esa discusión grabada al pasar, la alegría de la fiesta revelaba su reverso, el drama.

AP: El final es muy bello, y muy potente desde el punto de vista del significado. Todo vuelve a empezar? Se esconde en alguna de esas ventanas otro o muchos Ale en potencia?

TB: Bueno, ¡Estoy sorprendida! Confirmo que sos espectadora muy atenta. Hacés tres   señalamientos muy precisos, en los que coincidimos absolutamente.  Un final posible para la película era la secuencia del entierro con la que culmina el capítulo 6. La imagen del molinete girando en el cementerio me parecía potente para terminar, pero el giro era demasiado sutil a la hora de señalar la idea de continuidad o recomienzo que ustedes apuntan. Por otra  parte, ese es un momento muy emotivo de la película, y me pareció que toda esa emoción podía adquirir otra perspectiva si era posible, en el final, mirar esta historia familiar con cierta distancia, apreciarla en el contexto de todo lo que continúa pasando a su alrededor. De una tragedia que no rompe el orden cotidiano de las cosas sino que sucede en mitad de él.